La espontaneidad de Aitana en la celebración del Mundial: la lección aprendida de OT

La influencia de la tele se demuestra en los artistas que reclamamos cuando festejamos. En la celebración del Mundial, estaba Ana Mena, Lola Índigo y Aitana. Las tres, listas para recibir a la selección. Cantantes que empezaron muy jóvenes, cuando todavía llamábamos a la tele aquello de “pequeña pantalla”. Hoy, son los móviles. Ana debutó con Juan Y Medio, Lola Índigo en Fama y OT y Aitana también en aquel Operación Triunfo que removió la televisión desde una TVE que mostraba un país a través de una juventud donde la diversidad ganaba a los prejuicios, donde la curiosidad adelantaba a los tabúes.

El show de recibimiento de la selección no está pensado para la televisión. Se realiza visualmente para que lo veamos. Pero de una forma guerrillera. La belleza de los matices se pierde por el camino. Una consecuencia de nuestro tiempo veloz, en el que se muestra todo el rato la plaza de la Cibeles sin la Cibeles y nadie cae en aportar el contexto de la desaparición de la fuente. Algunos hasta piensan que se ha tapado porque se asocia a símbolo de El Real Madrid. En realidad, solo se trata de que la Diosa está siendo rehabilitada. Como también el alrededor de la Puerta de Alcalá. Se busca que deje de ser una rotonda y se pueda volver a cruzar bajo sus arcos. Como antaño.

Los periodistas y la televisión no puede acostumbrarse a la sociedad de la imagen descontextualizada, comprimida y tambaleante. Hay que aportar un plus de conocimiento y planificación visual. Pero, esta vez, lo perdonamos porque la ilusión de la victoria de la selección es contagiosa. Su actitud de equipo sanote incluso logra silenciar a los que rebuscan cualquier gesto para cizañar y enfrentar a una población unida por una alegría compartida. Los mercaderes de la demagogia siempre intentan capitalizar hasta lo más naif. Que nadie nos robe este punto naif. Es el superpoder de Aitana, que ya demostró en su primera actuación en OT2017 y que ha sacado, de nuevo, actuando delante de los jugadores de la selección masculina esta noche: su expresividad engrandece el momento. Hasta dota de carisma al desorden visual. La cantante no sabía cuándo debía salir o por dónde moverse en el escenario. Solo tenía claro que tenía a los futbolistas cual ballet improvisado.

Sin embargo, Aitana mantiene la intuición que desarrolló con sus compañeros y profesores de OT. Allí aprendió que casi todo se puede hablar con espontaneidad. Así ella misma da el contexto cuando entra a escena. Aunque nadie se lo pida. Entonces, el espectador levanta la mirada y empieza a prestar más atención: la audiencia acoge la autenticidad. “Hola, qué tal estáis, no sabía si iban a poner la música y tenía que salir directamente”. Aitana comparte su duda a la vez que saluda a los jugadores con la mano de fan emocionada. Después, les pedirá una foto con el trofeo. También en directo. Ella, paraliza el show si hace falta. Luego sabe que será imposible conseguir tal imagen y se quedará sin el recuerdo para Instagram. Muy de su generación.

Superestrella fue el momento álgido de la celebración. Todos en modo karaoke bien entrada la noche: jugadores, técnicos, Ibai… Pero la expresividad de Aitana consigue que incluso el caos sea armónico. Porque comunica hasta cuando no canta. Su mirada, su sonrisa, su actitud de “ay, estoy aquí” recuerda su éxito desde que la conocimos: el talento que crece porque es transparente. Hasta compartir a los demás los titubeos que son el motor de la vida y que antes se escondían. Porque, decían, denotaban la flojera de la inseguridad. “No sabía si salía directamente con la canción”, pensó en voz alta Aitana. Su tono de verdad conquistó nuestra atención perdida entre tantos impactos audiovisuales. A falta de un instante legendario, como cuando en 2010 Manolo Escobar cantó Viva España y los jugadores de la selección lo lanzaron por los aires, la actuación de Aitana nos ha devuelto a la tele de OT que modernizó los protocolos de la música más de lo que la industria cree: relativizando las intensidades, entendiendo que el talento se multiplica en la capacidad de comunicar en pantalla y poniendo el arte en el centro de la espontaneidad.

 Su habilidad para conquistar nuestra atención.  

La influencia de la tele se demuestra en los artistas que reclamamos cuando festejamos. En la celebración del Mundial, estaba Ana Mena, Lola Índigo y Aitana. Las tres, listas para recibir a la selección. Cantantes que empezaron muy jóvenes, cuando todavía llamábamos a la tele aquello de “pequeña pantalla”. Hoy, son los móviles. Ana debutó con Juan Y Medio, Lola Índigo en Fama y OT y Aitana también en aquel Operación Triunfo que removió la televisión desde una TVE que mostraba un país a través de una juventud donde la diversidad ganaba a los prejuicios, donde la curiosidad adelantaba a los tabúes.

El show de recibimiento de la selección no está pensado para la televisión. Se realiza visualmente para que lo veamos. Pero de una forma guerrillera. La belleza de los matices se pierde por el camino. Una consecuencia de nuestro tiempo veloz, en el que se muestra todo el rato la plaza de la Cibeles sin la Cibeles y nadie cae en aportar el contexto de la desaparición de la fuente. Algunos hasta piensan que se ha tapado porque se asocia a símbolo de El Real Madrid. En realidad, solo se trata de que la Diosa está siendo rehabilitada. Como también el alrededor de la Puerta de Alcalá. Se busca que deje de ser una rotonda y se pueda volver a cruzar bajo sus arcos. Como antaño.

Los periodistas y la televisión no puede acostumbrarse a la sociedad de la imagen descontextualizada, comprimida y tambaleante. Hay que aportar un plus de conocimiento y planificación visual. Pero, esta vez, lo perdonamos porque la ilusión de la victoria de la selección es contagiosa. Su actitud de equipo sanote incluso logra silenciar a los que rebuscan cualquier gesto para cizañar y enfrentar a una población unida por una alegría compartida. Los mercaderes de la demagogia siempre intentan capitalizar hasta lo más naif. Que nadie nos robe este punto naif. Es el superpoder de Aitana, que ya demostró en su primera actuación en OT2017 y que ha sacado, de nuevo, actuando delante de los jugadores de la selección masculina esta noche: su expresividad engrandece el momento. Hasta dota de carisma al desorden visual. La cantante no sabía cuándo debía salir o por dónde moverse en el escenario. Solo tenía claro que tenía a los futbolistas cual ballet improvisado.

Sin embargo, Aitana mantiene la intuición que desarrolló con sus compañeros y profesores de OT. Allí aprendió que casi todo se puede hablar con espontaneidad. Así ella misma da el contexto cuando entra a escena. Aunque nadie se lo pida. Entonces, el espectador levanta la mirada y empieza a prestar más atención: la audiencia acoge la autenticidad. “Hola, qué tal estáis, no sabía si iban a poner la música y tenía que salir directamente”. Aitana comparte su duda a la vez que saluda a los jugadores con la mano de fan emocionada. Después, les pedirá una foto con el trofeo. También en directo. Ella, paraliza el show si hace falta. Luego sabe que será imposible conseguir tal imagen y se quedará sin el recuerdo para Instagram. Muy de su generación.

Superestrella fue el momento álgido de la celebración. Todos en modo karaoke bien entrada la noche: jugadores, técnicos, Ibai… Pero la expresividad de Aitana consigue que incluso el caos sea armónico. Porque comunica hasta cuando no canta. Su mirada, su sonrisa, su actitud de “ay, estoy aquí” recuerda su éxito desde que la conocimos: el talento que crece porque es transparente. Hasta compartir a los demás los titubeos que son el motor de la vida y que antes se escondían. Porque, decían, denotaban la flojera de la inseguridad. “No sabía si salía directamente con la canción”, pensó en voz alta Aitana. Su tono de verdad conquistó nuestra atención perdida entre tantos impactos audiovisuales. A falta de un instante legendario, como cuando en 2010 Manolo Escobar cantó Viva España y los jugadores de la selección lo lanzaron por los aires, la actuación de Aitana nos ha devuelto a la tele de OT que modernizó los protocolos de la música más de lo que la industria cree: relativizando las intensidades, entendiendo que el talento se multiplica en la capacidad de comunicar en pantalla y poniendo el arte en el centro de la espontaneidad.

 20MINUTOS.ES – Televisión

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