Alba Guijarro, psicóloga «Estas cinco señales se una relación tóxica tienen evidencia científica»

Las relaciones de pareja no siempre son fáciles. Los desacuerdos, los momentos de distancia o las discusiones forman parte de cualquier vínculo. De hecho, una misma relación puede pasar por diferentes fases en un tiempo determinado y eso no siempre es malo, simplemente son formas de conocerse y adaptarse. Sin embargo, cuando ciertos patrones se repiten y generan malestar constante, ya no se trata de una etapa puntual, sino de algo más profundo.

La psicóloga Alba Guijarro lo resume de forma clara: «No es mi opinión, te lo digo con evidencia». A través de sus redes sociales, la experta ha compartido cinco señales que pueden ayudar a identificar si una relación está cruzando la línea hacia lo tóxico, un término cada vez más presente pero no siempre bien entendido.

Lejos de los estereotipos o de las etiquetas simplistas, estas señales apuntan a dinámicas sostenidas en el tiempo que afectan directamente a la autoestima, la estabilidad emocional y la salud mental.

Cinco señales de que estás en una relación tóxica

Una de las primeras señales es la forma en la que se comunica la pareja. «Las críticas son la forma de comunicación habitual en la relación. Esto no es una discusión puntual. Es el comentario constante sobre cómo haces las cosas, cómo reaccionas y cómo eres», explica Guijarro. Este tipo de críticas, cuando se convierten en la norma, erosionan la confianza personal y generan una sensación de no ser suficiente. En lugar de construir, la comunicación se convierte en una fuente de tensión y malestar.

Otra señal clave es la sensación de que el afecto no es estable. La relación pasa de momentos de cercanía a etapas de distancia o silencio sin una razón clara. «Un día está todo bien, al otro día sientes distancia y al otro hay silencio sin saber por qué», describe la psicóloga. Este patrón responde a lo que en psicología se conoce como refuerzo intermitente: una dinámica que alterna recompensa y ausencia, generando un fuerte enganche emocional. La persona queda atrapada en la necesidad de recuperar esa conexión, lo que puede aumentar la ansiedad y la dependencia.

En una relación sana, el cuidado emocional es compartido. Sin embargo, cuando una sola persona asume ese rol de forma constante, el equilibrio se rompe. Y aquí llega la señal número tres: «Acabas gestionando las emociones de los dos. Contienes, acabas cediendo y siempre tienes que buscar el momento idóneo para hablar las cosas», dice la experta. «Esto, amigas, es trabajo emocional y cuando siempre lo hace una misma persona, la relación deja de ser un lugar seguro y de descanso y sostenido en el tiempo tiene un coste real sobre la salud menta».

Existe la creencia de que las parejas que no discuten son más estables. Sin embargo, la realidad es otra. «Las parejas sanas no son las que no discuten, sino las que reparan», afirma la psicóloga.

Cuando los conflictos se esquivan sistemáticamente, los problemas no desaparecen, sino que se acumulan. La falta de resolución impide avanzar y genera una distancia emocional progresiva. Hablar, confrontar y reparar son elementos fundamentales para que una relación funcione a largo plazo.

Por último, la señal más reveladora, según Guijarro, es el impacto que la relación tiene en la propia identidad. «Tu seguridad, tus ganas y tu forma de verte han cambiado», explica. «Que sepas amiga, que las relaciones sanas aumentan la autoestima con el tiempo, mientras que las tóxicas la desgastan. Despacio, pero la erosionan».

Más allá de una mala racha

Identificar estas señales no implica necesariamente tomar una decisión inmediata, pero sí invita a la reflexión. No todas las relaciones difíciles son tóxicas, pero sí es importante diferenciar entre los conflictos normales y los patrones dañinos que se mantienen en el tiempo.

 La psicóloga comparte cinco señales de las relaciones tóxicas (y no es solo una mala racha).  

Las relaciones de pareja no siempre son fáciles. Los desacuerdos, los momentos de distancia o las discusiones forman parte de cualquier vínculo. De hecho, una misma relación puede pasar por diferentes fases en un tiempo determinado y eso no siempre es malo, simplemente son formas de conocerse y adaptarse. Sin embargo, cuando ciertos patrones se repiten y generan malestar constante, ya no se trata de una etapa puntual, sino de algo más profundo.

La psicóloga Alba Guijarro lo resume de forma clara: «No es mi opinión, te lo digo con evidencia». A través de sus redes sociales, la experta ha compartido cinco señales que pueden ayudar a identificar si una relación está cruzando la línea hacia lo tóxico, un término cada vez más presente pero no siempre bien entendido.

Lejos de los estereotipos o de las etiquetas simplistas, estas señales apuntan a dinámicas sostenidas en el tiempo que afectan directamente a la autoestima, la estabilidad emocional y la salud mental.

Cinco señales de que estás en una relación tóxica

Una de las primeras señales es la forma en la que se comunica la pareja. «Las críticas son la forma de comunicación habitual en la relación. Esto no es una discusión puntual. Es el comentario constante sobre cómo haces las cosas, cómo reaccionas y cómo eres», explica Guijarro. Este tipo de críticas, cuando se convierten en la norma, erosionan la confianza personal y generan una sensación de no ser suficiente. En lugar de construir, la comunicación se convierte en una fuente de tensión y malestar.

Otra señal clave es la sensación de que el afecto no es estable. La relación pasa de momentos de cercanía a etapas de distancia o silencio sin una razón clara. «Un día está todo bien, al otro día sientes distancia y al otro hay silencio sin saber por qué», describe la psicóloga. Este patrón responde a lo que en psicología se conoce como refuerzo intermitente: una dinámica que alterna recompensa y ausencia, generando un fuerte enganche emocional. La persona queda atrapada en la necesidad de recuperar esa conexión, lo que puede aumentar la ansiedad y la dependencia.

En una relación sana, el cuidado emocional es compartido. Sin embargo, cuando una sola persona asume ese rol de forma constante, el equilibrio se rompe. Y aquí llega la señal número tres: «Acabas gestionando las emociones de los dos. Contienes, acabas cediendo y siempre tienes que buscar el momento idóneo para hablar las cosas», dice la experta. «Esto, amigas, es trabajo emocional y cuando siempre lo hace una misma persona, la relación deja de ser un lugar seguro y de descanso y sostenido en el tiempo tiene un coste real sobre la salud menta».

Existe la creencia de que las parejas que no discuten son más estables. Sin embargo, la realidad es otra. «Las parejas sanas no son las que no discuten, sino las que reparan», afirma la psicóloga.

Cuando los conflictos se esquivan sistemáticamente, los problemas no desaparecen, sino que se acumulan. La falta de resolución impide avanzar y genera una distancia emocional progresiva. Hablar, confrontar y reparar son elementos fundamentales para que una relación funcione a largo plazo.

Por último, la señal más reveladora, según Guijarro, es el impacto que la relación tiene en la propia identidad. «Tu seguridad, tus ganas y tu forma de verte han cambiado», explica. «Que sepas amiga, que las relaciones sanas aumentan la autoestima con el tiempo, mientras que las tóxicas la desgastan. Despacio, pero la erosionan».

Más allá de una mala racha

Identificar estas señales no implica necesariamente tomar una decisión inmediata, pero sí invita a la reflexión. No todas las relaciones difíciles son tóxicas, pero sí es importante diferenciar entre los conflictos normales y los patrones dañinos que se mantienen en el tiempo.

 20MINUTOS.ES – Salud 

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