El año 2025 se despidió con unas elecciones en Extremadura… y el 2026 viene con otros tres comicios autonómicos bajo el brazo: los que servirán para renovar las cámaras legislativas de Aragón, Castilla y León y Andalucía. Todos ellos tendrán lugar en la primera mitad del nuevo año, y si en algo coinciden las encuestas es en pronosticar en las tres comunidades un mal resultado de los partidos que integran el Gobierno central. El PSOE, lastrado por los casos de corrupción que afectan a algunos de sus exdirigentes, no está logrando por ahora amenazar la hegemonía del PP en esas autonomías, ni siquiera en Andalucía, donde gobernó ininterrumpidamente entre 1982 y 2015. Y las formaciones a su izquierda, por su parte, se desangran divididas en hasta tres listas diferentes.
La primera de esas tres citas electorales, el 8 de febrero, será la aragonesa, que es también la única que responde a la decisión del presidente de esa comunidad, Jorge Azcón (PP), de dar por finalizada la legislatura antes de su conclusión ordinaria. Apenas un mes después serán llamados a las urnas los castellanos y leoneses: las autonómicas de Castilla y León se celebrarán, previsiblemente, el 15 de marzo. En Andalucía, salvo un adelanto que pocos contemplan ya, los comicios serán en junio. Y, ante la debilidad patente del Gobierno central, no puede descartarse un adelanto de las generales, si bien el presidente Pedro Sánchez lo ha descartado públicamente por activa y por pasiva.
No obstante, incluso aunque Sánchez no disuelva las Cortes, las tres elecciones autonómicas con las que echará a andar 2026 —al igual que ha ocurrido con las extremeñas del pasado 21 de diciembre— tendrán una evidente lectura a escala nacional. Buena parte de la responsabilidad la tiene el propio presidente, que ha elegido a dos pesos pesados de su Gobierno para que concurran como candidatas del PSOE a las elecciones en Aragón y Andalucía: la ya exministra de Educación y ministra portavoz, Pilar Alegría, y la aún vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, respectivamente.
A diferencia de lo ocurrido en Extremadura —donde el candidato socialista Miguel Ángel Gallardo era relativamente poco conocido y, además, estaba imputado por el supuesto enchufe al hermano de Sánchez en la Diputación de Badajoz—, Alegría y Montero son dos importantes apuestas del PSOE para intentar dar la vuelta a unas perspectivas que se presentan bastante negras para la formación. Sánchez, en particular, se juega mucho: dos nuevos fracasos como el extremeño podrían leerse como un golpe directo a su gestión, si bien tampoco sería una sorpresa: ninguna encuesta pronostica que el PP vaya a perder el gobierno ni en Aragón ni en Andalucía.
Las cosas son diferentes en Castilla y León, donde el PSOE presentará como candidato al exalcalde de Soria, Carlos Martínez, secretario general del partido a nivel autonómico desde hace menos de un año. Allí las perspectivas tampoco son especialmente buenas para los socialistas, pero lo cierto es que la comunidad es un bastión conservador donde el PSOE no ha logrado gobernar más que una legislatura desde el inicio de la democracia, y donde el PP lleva en el poder ininterrumpidamente desde el año 1987. Las encuestas también prevén una nueva victoria popular, aunque muy lejos de la mayoría absoluta.
En ese escenario cobra importancia el resultado que obtenga Vox, y una de las incógnitas principales de estos tres comicios, visto lo visto en Extremadura, es cuánto crecerá la formación ultraderechista, que en los últimos meses ha encadenado un tendencia ascendente. En Castilla y León, Vox cambiará de candidato tras la ruidosa salida de quien fuera su líder regional, Juan García-Gallardo, entre críticas a la dirección de su partido. También hará lo propio en Andalucía, tras la ruptura con quien fue una de sus principales dirigentes, Macarena Olona. En Aragón, por su parte, Vox no ha confirmado aún quién será su número uno.
La izquierda, partida
Por su parte, la izquierda a la izquierda del PSOE llega a la sucesión de elecciones autonómicas completamente dividida. Tras el espejismo de Extremadura, donde Podemos e IU consiguieron un resultado histórico después de haber aparcado sus diferencias y haberse presentado en coalición —dejando de lado a Sumar—, los comicios de Aragón, Castilla y León y Andalucía serán una nueva evidencia del pésimo estado de las relaciones entre las diferentes patas del espacio. En las elecciones aragonesas y las andaluzas serán tres las listas en las que se dividirá la izquierda alternativa, mientras en las castellanoleonesas habrá dos candidaturas.
En Aragón, no obstante, hubo negociaciones para evitar llegar a ese escenario y repetir la experiencia extremeña, pero integrando además a Chunta Aragonesista. Los nacionalistas fueron los primeros que se desmarcaron, y la negociación entre Podemos e IU se rompió en el último momento por el empeño morado en ostentar el número uno de la lista de Zaragoza. Tras ese fracaso, IU ha pactado con Movimiento Sumar, a quien inicialmente no había tomado en consideración a la hora de negociar porque los de Yolanda Díaz no «existen» en Aragón ni tienen estructuras allí. Podemos, por su parte, se presentará en coalición con la también casi inexistente Alianza Verde, después de haber rechazado integrar cualquier pacto con Sumar argumentando que es una marca vacía.
De cara a las elecciones en Castilla y León y Andalucía, por el contrario, las izquierdas no han estado ni siquiera cerca de alcanzar un acuerdo unitario. En la primera comunidad, Podemos concurrirá en solitario e IU, coaligado con Movimiento Sumar. En Andalucía, por su parte, IU se presentará en coalición con dos minúsculas formaciones, la propia Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz, mientras la dirección nacional de Podemos ha decidido no unirse a esta alianza por la presencia de los de Díaz pese a que su dirección autonómica sí quería hacerlo. Además, en los comicios andaluces habrá una tercera lista a la izquierda del PSOE: la de Adelante Andalucía, el partido nacionalista fundado por la exlíder de Podemos en la comunidad, Teresa Rodríguez.
fds
El año 2025 se despidió con unas elecciones en Extremadura… y el 2026 viene con otros tres comicios autonómicos bajo el brazo: los que servirán para renovar las cámaras legislativas de Aragón, Castilla y León y Andalucía. Todos ellos tendrán lugar en la primera mitad del nuevo año, y si en algo coinciden las encuestas es en pronosticar en las tres comunidades un mal resultado de los partidos que integran el Gobierno central. El PSOE, lastrado por los casos de corrupción que afectan a algunos de sus exdirigentes, no está logrando por ahora amenazar la hegemonía del PP en esas autonomías, ni siquiera en Andalucía, donde gobernó ininterrumpidamente entre 1982 y 2015. Y las formaciones a su izquierda, por su parte, se desangran divididas en hasta tres listas diferentes.
La primera de esas tres citas electorales, el 8 de febrero, será la aragonesa, que es también la única que responde a la decisión del presidente de esa comunidad, Jorge Azcón (PP), de dar por finalizada la legislatura antes de su conclusión ordinaria. Apenas un mes después serán llamados a las urnas los castellanos y leoneses: las autonómicas de Castilla y León se celebrarán, previsiblemente, el 15 de marzo. En Andalucía, salvo un adelanto que pocos contemplan ya, los comicios serán en junio. Y, ante la debilidad patente del Gobierno central, no puede descartarse un adelanto de las generales, si bien el presidente Pedro Sánchez lo ha descartado públicamente por activa y por pasiva.
No obstante, incluso aunque Sánchez no disuelva las Cortes, las tres elecciones autonómicas con las que echará a andar 2026 —al igual que ha ocurrido con las extremeñas del pasado 21 de diciembre— tendrán una evidente lectura a escala nacional. Buena parte de la responsabilidad la tiene el propio presidente, que ha elegido a dos pesos pesados de su Gobierno para que concurran como candidatas del PSOE a las elecciones en Aragón y Andalucía: la ya exministra de Educación y ministra portavoz, Pilar Alegría, y la aún vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, respectivamente.
A diferencia de lo ocurrido en Extremadura —donde el candidato socialista Miguel Ángel Gallardo era relativamente poco conocido y, además, estaba imputado por el supuesto enchufe al hermano de Sánchez en la Diputación de Badajoz—, Alegría y Montero son dos importantes apuestas del PSOE para intentar dar la vuelta a unas perspectivas que se presentan bastante negras para la formación. Sánchez, en particular, se juega mucho: dos nuevos fracasos como el extremeño podrían leerse como un golpe directo a su gestión, si bien tampoco sería una sorpresa: ninguna encuesta pronostica que el PP vaya a perder el gobierno ni en Aragón ni en Andalucía.
Las cosas son diferentes en Castilla y León, donde el PSOE presentará como candidato al exalcalde de Soria, Carlos Martínez, secretario general del partido a nivel autonómico desde hace menos de un año. Allí las perspectivas tampoco son especialmente buenas para los socialistas, pero lo cierto es que la comunidad es un bastión conservador donde el PSOE no ha logrado gobernar más que una legislatura desde el inicio de la democracia, y donde el PP lleva en el poder ininterrumpidamente desde el año 1987. Las encuestas también prevén una nueva victoria popular, aunque muy lejos de la mayoría absoluta.
En ese escenario cobra importancia el resultado que obtenga Vox, y una de las incógnitas principales de estos tres comicios, visto lo visto en Extremadura, es cuánto crecerá la formación ultraderechista, que en los últimos meses ha encadenado un tendencia ascendente. En Castilla y León, Vox cambiará de candidato tras la ruidosa salida de quien fuera su líder regional, Juan García-Gallardo, entre críticas a la dirección de su partido. También hará lo propio en Andalucía, tras la ruptura con quien fue una de sus principales dirigentes, Macarena Olona. En Aragón, por su parte, Vox no ha confirmado aún quién será su número uno.
Por su parte, la izquierda a la izquierda del PSOE llega a la sucesión de elecciones autonómicas completamente dividida. Tras el espejismo de Extremadura, donde Podemos e IU consiguieron un resultado histórico después de haber aparcado sus diferencias y haberse presentado en coalición —dejando de lado a Sumar—, los comicios de Aragón, Castilla y León y Andalucía serán una nueva evidencia del pésimo estado de las relaciones entre las diferentes patas del espacio. En las elecciones aragonesas y las andaluzas serán tres las listas en las que se dividirá la izquierda alternativa, mientras en las castellanoleonesas habrá dos candidaturas.
En Aragón, no obstante, hubo negociaciones para evitar llegar a ese escenario y repetir la experiencia extremeña, pero integrando además a Chunta Aragonesista. Los nacionalistas fueron los primeros que se desmarcaron, y la negociación entre Podemos e IU se rompió en el último momento por el empeño morado en ostentar el número uno de la lista de Zaragoza. Tras ese fracaso, IU ha pactado con Movimiento Sumar, a quien inicialmente no había tomado en consideración a la hora de negociar porque los de Yolanda Díaz no «existen» en Aragón ni tienen estructuras allí. Podemos, por su parte, se presentará en coalición con la también casi inexistente Alianza Verde, después de haber rechazado integrar cualquier pacto con Sumar argumentando que es una marca vacía.
De cara a las elecciones en Castilla y León y Andalucía, por el contrario, las izquierdas no han estado ni siquiera cerca de alcanzar un acuerdo unitario. En la primera comunidad, Podemos concurrirá en solitario e IU, coaligado con Movimiento Sumar. En Andalucía, por su parte, IU se presentará en coalición con dos minúsculas formaciones, la propia Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz, mientras la dirección nacional de Podemos ha decidido no unirse a esta alianza por la presencia de los de Díaz pese a que su dirección autonómica sí quería hacerlo. Además, en los comicios andaluces habrá una tercera lista a la izquierda del PSOE: la de Adelante Andalucía, el partido nacionalista fundado por la exlíder de Podemos en la comunidad, Teresa Rodríguez.
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