Belén Esteban y el hombre que se quedó dormido en el bus

El éxito de Belén Esteban no es el dinero que ha ganado. Tampoco la fama que ha amasado en televisión y en revistas. No. A pesar de todos los vaivenes de la exposición pública, a pesar de todos los comentarios que soltó de otros y a pesar de todos los piropos que te hacen creértelo, el éxito de Belén Esteban es que todavía mantiene su autenticidad.

Con el paso de los años, la vida, inevitablemente, nos cambia. Delante de nuestros ojos, Belén Esteban ha pasado de la timidez de cuando era la novia de Jesulín de Ubrique a sentirse la Lina Morgan del último Telecinco de Paolo Vasile. Pero, después de tanto tiempo, su colosal triunfo es que el triunfo no ha carcomido su espontaneidad de barrio.

Lo hemos vuelto a contemplar esta misma semana. Cuando en sus redes sociales ha mostrado su viaje de turismo por Gipuzkoa. Su primera vez. Y ha visitado los must de la región: San Sebastián, Hondarribia y, por supuesto, no ha podido evitar ir al restaurante de Karlos Arguiñano en Zarauz, donde ha posado con el propio Karlos y con Joseba Arguiñano. Ella sabe. Ella nos recuerda porqué conectó tanto con la gente: para muchas era fácil verse representada en su vida. Incluso en su capacidad de ser fan de todo el que sale en la tele con la misma fascinación del que jamás ha pisado un plató de tele.

Momentos que quedan inmortalizados en su Instagram. Hasta cuando se sube el bus que tomaríamos cualquiera de nosotros para ir desde el ratón de Guetaria a Zarauz. En la línea de transporte público, Belén se graba y habla a sus followers, mientras el señor del asiento de atrás duerme ajeno. Agotado de la jornada laboral, tal vez. Quién no podido evitar dejar caer la cabeza en una postura imposible en el trayecto de vuelta a casa.

Y, ahí, en ese autocar con gente que parece impasible a la popularidad de la que la prensa rosa bautizó como ‘La princesa del pueblo’ con el objetivo de romantizar un poco más su culebrón, quizá, se dibuja la alegoría de la ruta en la que Belén también está regresando: allá donde empezó todo, aunque ya no seamos los mismos. La excitación de la fama es finita, pero los barrios que fuimos y somos, por suerte, siempre están esperándonos. Sea en San Blas o en Zarauz, detrás de su paseo en el que rompen fuerte las olas.

 Belén Esteban ha compartido sus vacaciones en Guipúzcoa.  

El éxito de Belén Esteban no es el dinero que ha ganado. Tampoco la fama que ha amasado en televisión y en revistas. No. A pesar de todos los vaivenes de la exposición pública, a pesar de todos los comentarios que soltó de otros y a pesar de todos los piropos que te hacen creértelo, el éxito de Belén Esteban es que todavía mantiene su autenticidad.

Con el paso de los años, la vida, inevitablemente, nos cambia. Delante de nuestros ojos, Belén Esteban ha pasado de la timidez de cuando era la novia de Jesulín de Ubrique a sentirse la Lina Morgan del último Telecinco de Paolo Vasile. Pero, después de tanto tiempo, su colosal triunfo es que el triunfo no ha carcomido su espontaneidad de barrio.

Lo hemos vuelto a contemplar esta misma semana. Cuando en sus redes sociales ha mostrado su viaje de turismo por Gipuzkoa. Su primera vez. Y ha visitado los must de la región: San Sebastián, Hondarribia y, por supuesto, no ha podido evitar ir al restaurante de Karlos Arguiñano en Zarauz, donde ha posado con el propio Karlos y con Joseba Arguiñano. Ella sabe. Ella nos recuerda porqué conectó tanto con la gente: para muchas era fácil verse representada en su vida. Incluso en su capacidad de ser fan de todo el que sale en la tele con la misma fascinación del que jamás ha pisado un plató de tele. 

Momentos que quedan inmortalizados en su Instagram. Hasta cuando se sube el bus que tomaríamos cualquiera de nosotros para ir desde el ratón de Guetaria a Zarauz. En la línea de transporte público, Belén se graba y habla a sus followers, mientras el señor del asiento de atrás duerme ajeno. Agotado de la jornada laboral, tal vez. Quién no podido evitar dejar caer la cabeza en una postura imposible en el trayecto de vuelta a casa.

Y, ahí, en ese autocar con gente que parece impasible a la popularidad de la que la prensa rosa bautizó como ‘La princesa del pueblo’ con el objetivo de romantizar un poco más su culebrón, quizá, se dibuja la alegoría de la ruta en la que Belén también está regresando: allá donde empezó todo, aunque ya no seamos los mismos. La excitación de la fama es finita, pero los barrios que fuimos y somos, por suerte, siempre están esperándonos. Sea en San Blas o en Zarauz, detrás de su paseo en el que rompen fuerte las olas.

 20MINUTOS.ES – Televisión

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