Cómo se organiza un vivero: un recorrido entre flores, árboles y plantas de interior

Cualquiera que haya ido unas cuantas veces a un supermercado sabe cómo está organizado, un orden que facilita la compra diaria o semanal que suele hacerse en estas superficies. Es algo que se enseña en las escuelas a los niños, edades en las que todo llama la atención: desde los colores y formas de los alimentos hasta los envases de aquellos otros que se venden de esa manera. Pocas personas, sin embargo, se paran a pensar en la distribución que tiene el súper del barrio, aunque se da por sentado que los yogures estarán cerca de los flanes y las almendras, en la zona de las patatas fritas. Pero ¿y en un vivero? ¿Cómo se organizan los productos que allí se encuentran? Eso sí, a muchos de ellos cuesta llamarles productos, porque se trata de plantas vivas, unos seres complejos y sofisticados cuya mera presencia basta para hacer felices a quienes los cultivan.

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 Cada especie ocupa un lugar pensado para facilitar su cultivo, su mantenimiento y también la experiencia de quien busca el ejemplar adecuado para cada espacio  

Cualquiera que haya ido unas cuantas veces a un supermercado sabe cómo está organizado, un orden que facilita la compra diaria o semanal que suele hacerse en estas superficies. Es algo que se enseña en las escuelas a los niños, edades en las que todo llama la atención: desde los colores y formas de los alimentos hasta los envases de aquellos otros que se venden de esa manera. Pocas personas, sin embargo, se paran a pensar en la distribución que tiene el súper del barrio, aunque se da por sentado que los yogures estarán cerca de los flanes y las almendras, en la zona de las patatas fritas. Pero ¿y en un vivero? ¿Cómo se organizan los productos que allí se encuentran? Eso sí, a muchos de ellos cuesta llamarles productos, porque se trata de plantas vivas, unos seres complejos y sofisticados cuya mera presencia basta para hacer felices a quienes los cultivan.

Cada viverista agrupará las plantas que comercializa a su antojo, y cada vivero es un mundo, pero suelen darse unos patrones que se repiten habitualmente. En estas líneas se trazarán unas generalidades para comprender un poco mejor estos lugares.

En ellos, una zona se reserva para las llamadas plantas o flores de temporada, generalmente producidas en macetas de 10,5 centímetros o similares. Esa es la medida que expresa el diámetro del tiesto que las alberga, fabricado con materiales plásticos como el polipropileno, de buena elasticidad y reutilizable durante muchos años. También existen otros tamaños, sobre todo si la planta es más vigorosa o se quiere comprar un ejemplar voluminoso, como las macetas de 13 centímetros.

Las plantas de temporada vivirán unos cuantos meses con sus cuidadores, aportando color al jardín, para después dejar paso a otras. Por ello, es habitual encontrarse en el vivero con unas flores de temporada para los meses de primavera, verano y otoño, que serán sustituidas por otras que crecerán durante el otoño, el invierno y el inicio de la primavera.

Tienden a ser especies que no resisten los extremos de temperatura, ya sea el frío o el calor, y ligadas, en muchas ocasiones, a un ciclo de cultivo anual, ya que, después de producir frutos y semillas, mueren irremisiblemente; otras, en cambio, pueden vivir más tiempo, al tratarse de herbáceas perennes, como las caléndulas (Calendula officinalis).

Sea como fueren sus peculiaridades vitales y sus ciclos más o menos largos de crecimiento, se disponen en mesas de inundación del vivero, estructuras elevadas hasta casi un metro de altura que permiten regar todas las plantas a la vez por inundación, como su nombre indica. Al ser estancas, las mesas se rellenan con agua y las plantas, en sus respectivas macetas, se hidratan por capilaridad, absorbiendo el líquido a través de los agujeros de sus tiestecillos. Algunas plantas de temporada son las petunias (Petunia × hybrida), las margaritas (Mauranthemum paludosum subsp. paludosum), las verbenas rastreras (Glandularia cv.) y los pensamientos (Viola × wittrockiana).

Muy cerca de estas plantas de temporada se pueden encontrar otras herbáceas de vida más larga, especies y cultivares que vivirán varios años en el jardín. Unas podrían ser los agapantos (Agapanthus cv.), que están en plena efervescencia floral veraniega, junto a gauras (Oenothera lindheimeri), claveles (Dianthus cv.) y gazanias (Gazania rigens).

En otras mesas de inundación cercanas se mostrarán las plantas culinarias más herbáceas, también en maceta del 10,5, como el perejil (Petroselinum crispum), el amado/odiado cilantro (Coriandrum sativum), cebollinos (Allium schoenophrasum) y albahaca (Ocimum basilicum). No lejos andará el tomillo (Thymus vulgaris), la lavanda (Lavandula angustifolia) y el romero (Salvia rosmarinus), que se podrán encontrar en formato pequeño, mediano o grande, dependiendo del desembolso y de la finalidad que quiera el cliente.

Otra zona específica es la de las plantas de interior, con apartados específicos que agrupan aquellas que forman pequeños arbolitos dentro de la casa, otro para plantas colgantes que adornan los muros del salón y del dormitorio y otro grupito de pequeñas tapizantes. Es frecuente hallar por aquí a los cactus y otras plantas suculentas, aunque la mayoría prefieren el sol directo del balcón y no crecer al lado del ordenador de sobremesa.

Mención aparte, en este capítulo de las plantas de interior, son las orquídeas, una de las reinas en el vivero que no suele faltar, que reposarán al lado de los potos (Epipremnum aureum) y compañía. Asimismo, los helechos, queridos tanto en el interior como en el exterior, también comparten espacio con estas plantitas recién mencionadas. Alrededor de un estanquito, las plantas acuáticas aportan la excepcionalidad de formas y flores, como las de los nenúfares (Nymphaea cv.) o de la cola de caballo (Equisetum hyemale). No será raro que alguna pared lateral esté preparada para acoger sobres de semillas y bolsas de bulbosas, siempre queridas por los cultivadores.

Todas estas bellezas surgen en los espacios cubiertos y protegidos del vivero, como invernaderos y umbráculos —estructuras cubiertas por mallas de sombreo, pero sin capacidad para aislar del frío, como sí hacen los invernaderos—. Así, las plantas evitan dañarse por estar a plena intemperie, sometidas a heladas o al sol.

Si se sale a las zonas de exterior, las arbustivas acogen al visitante con las ramas abiertas. Unas habituales son aquellas apropiadas para crecer en la sombra, ligadas muchas veces a suelos ácidos: la andrómeda japonesa (Pieris japonica), las camelias (Camellia spp.), las hortensias (Hydrangea spp.)…, junto a más helechos perfectos para el exterior, como el helecho de bronce (Dryopteris erythrosora), o las archiconocidas aralias (Fatsia japonica), que con sus hojazas triunfa en los portales umbríos.

Al avanzar por alguna de las callecitas del vivero, hace acto de presencia el resto de arbustivas para exposiciones soleadas, con tantas especies como se pueda imaginar, tanto autóctonas como alóctonas. Otros arbustos muy especiales estarán al alcance de la mano, como son los trepadores, plantas que se han especializado en ascender por árboles, postes y vallas para obtener mayor cantidad de luz. Allí, las madreselvas (Lonicera spp.) rozan con las hiedras (Hedera cv.) y las glicinias (Wisteria spp.).

Antes de llegar a los bancales de los árboles, se llega a las coníferas enanas. Entre estas portadoras de piñas, una destacada y muy apreciada es Picea albertiana, conocida anteriormente como Picea glauca ‘Conica’. Los pinos de montaña, como Pinus mugo ‘Gnom’, contrastan con sus verdes oscuros, y por detrás se disfrutan por fin de los árboles cultivados en grandes contenedores: encinas (Quercus ilex), alcornoques (Quercus suber), arces de todo tipo (Acer spp.), cipreses (Cupressus sempervirens)… y, de fondo, todos los árboles frutales, para poder diseñar un buen vergel con sabores de todo tipo.

Para concluir este somero repaso, macetas y contenedores, sustratos, abonos y áridos, y cualquier otro material necesario para el buen cultivar estarán a disposición en otro punto, para que no se olvide nada. En un vivero todo tiene su orden y su lógica; nada se deja al azar. Agrupar las plantas de esta forma facilita, por un lado, el mantenimiento de las mismas por parte del viverista y, por otro, también gestionar de forma más eficiente la compra, tal y como ocurre en un supermercado.

Cada estación, cada mes, el vivero cambia en parte, con nuevas plantas que llegan para anunciar nuevas estaciones o incluso con estimulantes novedades jardineras. Hay que visitarlos para aprender en ellos y valorar el esfuerzo de tantas personas que traen la belleza a la terraza de cada cual.

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