Tras el anuncio del cierre de la librería Tipos infames se ha abierto un intenso debate en redes sociales sobre la gentrificación, especialmente disparada en Malasaña, y otras cuestiones culturales, pero me gustaría hablar de mi relación con este espacio.
En los diez años que llevo viviendo en Madrid, Tipos infames ha sido una de las cuatro o cinco librerías en las que más he comprado. Es un lugar de referencia para hacerme con novedades editoriales y asistir a eventos literarios.
Estos años he comprado un buen número de libros allí, también he tomado alguna cerveza y asistido a decenas de presentaciones (algunas estupendas, pero me fui de dos antes de que terminasen). Además, vi a mi escritora española favorita, uno de los autores más importantes de Europa me firmó dos libros, hablé con literatos que encontré allí e intenté evitar a otros con los que no me apetecía coincidir. Sus activas redes sociales me ayudaron a estar al día de las novedades semanales y, en definitiva, era uno de esos sitios a los que me acercaba cuando no sabía qué hacer.
Supongo que con esta enumeración de experiencias se puede entender lo que busco en una librería y también por qué me apena su despedida. El cierre de un espacio cultural siempre provoca que una ciudad parezca más triste.
Una de las librerías más conocidas de Madrid cierra la próxima semana por ser un negocio insostenible en Malasaña.
Tras el anuncio del cierre de la librería Tipos infames se ha abierto un intenso debate en redes sociales sobre la gentrificación, especialmente disparada en Malasaña, y otras cuestiones culturales, pero me gustaría hablar de mi relación con este espacio.
En los diez años que llevo viviendo en Madrid, Tipos infames ha sido una de las cuatro o cinco librerías en las que más he comprado. Es un lugar de referencia para hacerme con novedades editoriales y asistir a eventos literarios.
Estos años he comprado un buen número de libros allí, también he tomado alguna cerveza y asistido a decenas de presentaciones (algunas estupendas, pero me fui de dos antes de que terminasen). Además, vi a mi escritora española favorita, uno de los autores más importantes de Europa me firmó dos libros, hablé con literatos que encontré allí e intenté evitar a otros con los que no me apetecía coincidir. Sus activas redes sociales me ayudaron a estar al día de las novedades semanales y, en definitiva, era uno de esos sitios a los que me acercaba cuando no sabía qué hacer.
Supongo que con esta enumeración de experiencias se puede entender lo que busco en una librería y también por qué me apena su despedida. El cierre de un espacio cultural siempre provoca que una ciudad parezca más triste.
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