Algunos manifestantes han utilizado martillos para arrancar los adoquines y arrojárselos a los agentes al final del recorrido en París. Los policías han respondido con gases lacrimógenos. Leer Algunos manifestantes han utilizado martillos para arrancar los adoquines y arrojárselos a los agentes al final del recorrido en París. Los policías han respondido con gases lacrimógenos. Leer
Los chalecos amarillos y varios sindicatos se han sumado a las protestas estudiantiles este sábado, en una jornada marcada por las restricciones impuestas por las autoridades y el temor a nuevos disturbios. La manifestación organizada por los sindicatos ha sido ampliamente secundada. En total, se han convocado 150 manifestaciones en todo el país. «Todos convergemos por la misma razón: la falta de inversión en los servicios públicos y un coste de la vida cada vez más elevado, mientras los salarios no siguen ese ritmo. Tenemos salarios de miseria y becas de miseria«, relata a EL MUNDO Sabrine Kharbach, portavoz de la Unión de Estudiantes.
La marcha de París ha terminado con enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas del orden. Los manifestantes han tirado bengalas y petardos y los agentes han respondido con gases lacrimógenos. Varias personas han perdido el conocimiento por la inhalación de los gases. Varias personas han sido detenidas y otras han recibido golpes por parte de los agentes. En total, al menos 296 personas ha sido arrestadas en todo el país.
El Gobierno aseguró haber contabilizado unas 320.000 personas en las calles en todo el país, de las cuales 70.000 se congregaron en París. Por su parte, la intersindical juvenil, que agrupa a sindicatos y asociaciones representativas del ámbito estudiantil, cifró la asistencia en cerca de medio millón de personas, con 200.000 manifestantes en París. El sábado pasado, las autoridades registraron 410.000 manifestantes en todo el país, frente a los 800.000 estimados por los convocantes.
La manifestación había arrancado con un ambiente festivo, entre cánticos como «todo el mundo odia a la Policia» o bailes improvisados del baile urbano tektonik. El líder de La Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, ha acudido a la manifestación junto a miembros de su partido. A su llegada, los manifestantes le han recibido al grito de «¡Mélenchon, presidente!».
Muchos manifestantes han ido disfrazados, después de que en redes sociales circularan llamamientos a sumarse a la protesta con lemas como «Halloween, un momento para dar miedo al Gobierno». El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió de que la celebración de esta fiesta «no sería un pretexto para ocultar el rostro en el espacio público con el fin de cometer alteraciones del orden público». Ocultar el rostro en un espacio público está penado en Francia con una multa de 150 euros, salvo en determinadas excepciones relacionadas con fiestas o tradiciones. Llevar armas a una manifestación, aunque sean falsas, puede acarrear multas de hasta 45.000 euros.
Denise, parisina jubilada, mira cómo desfilan los jovenes disfrazados en a la manifestación «por los pensionistas y también por nuestros nietos he venido a apoyarlos», afirma.
La jornada ha estado marcada también por un importante dispositivo de seguridad y las restricciones impuestas por las autoridades. En total, 70.000 policías han sido desplegados en todo el país para garantizar la seguridad de las movilizaciones. El recorrido enfrentó a los sindicatos con la prefectura de Policía de París. Aunque los itinerarios propuestos inicialmente por los sindicatos fueron prohibidos, incluida la concentración en la plaza de la Bastilla, el Tribunal Administrativo autorizó finalmente el recorrido entre Bastilla y Nación. Sin embargo, el ministro del Interior recurrió ante el Consejo de Estado, que finalmente prohibido el recorrido propuesto por los sindicatos y las uniones de estudiantes.
«Al final, Macron, a través de Nuñez, recurrió al Consejo de Estado. Recordemos que absolutamente todos los miembros del Consejo de Estado son nombrados por Emmanuel Macron», denuncia Sabrine.
Por otro lado, los chalecos amarillos han hecho llamamientos para concentrarse en diferentes zonas de la ciudad a partir de las ocho de la tarde, aunque las autoridades ya han advertido de que estas concentraciones están prohibidas. En Bastilla, los policías controlaban a los jóvenes cacheándolos y buscando objetos ilícitos en sus mochilas horas antes de la manifestación.
Ciudades como París o Burdeos establecieron toques de queda desde el viernes hasta el lunes, entre las once de la noche y las seis de la madrugada, en algunos barrios comerciales y de ocio de la capital.
El Gobierno anunció el 26 de octubre una serie de concesiones a los estudiantes, entre ellas la sustitución de Parcoursup [el acceso a la universidad] en 2028 y la creación de 15.000 plazas adicionales en la enseñanza superior. Sin embargo, las organizaciones estudiantiles consideraron insuficientes las medidas y mantuvieron las convocatorias. «Hemos elaborado una plataforma reivindicativa con diez medidas de urgencia para la juventud, acordadas con los estudiantes de secundaria y universitarios. No podemos aceptar menos», afirma la portavoz estudiantil.
Los estudiantes reclaman, entre otras medidas, un aumento mucho mayor de las plazas universitarias. «Hay que abrir nuevas plazas. Nosotros pedimos que se creen 250.000. El Gobierno ha anunciado que abrirá 15.000», explica Kharbach. Esto permitiría responder a la demanda de acceso a la enseñanza superior y acabar con la selección.
Pero las reivindicaciones estudiantiles no se limitan a la educación y la carestía de la vida. También exigen el fin de la violencia policial. Los sindicatos de estudiantes se reunieron con el ministro del Interior, Laurent Nuñez, para reclamar que la policía deje de ejercer violencia contra los estudiantes. Entre sus diez reivindicaciones, Kharbach destaca una en especial: «La décima reivindicación es el fin de la violencia policial. Por eso pedimos una amnistía para los manifestantes que han sido detenidos».
Desde que comenzaron las protestas, hace un mes, se han registrado heridos, 20 personas mutiladas, muchas de ellas menores, y 1.500 policías heridos. Las granadas lacrimógenas lanzadas por la Policía contienen una pequeña carga explosiva. Su uso ha provocado que tres personas pierdan una mano o varios dedos; cuatro, un ojo o la visión completa, y otras dos sufran la explosión de una de estas granadas en la cara, con graves lesiones en la nariz, parte del rostro, varios dientes y la mandíbula.
Sabrine cuenta que, durante la reunión con Nuñez, leyeron al ministro, uno por uno, los nombres de las 20 víctimas con amputaciones. Según la portavoz estudiantil, la respuesta del ministro fue: «Los primeros que resultan heridos, los primeros que sufren, son los policías que tienen que apretar el gatillo de la pistola que lanza las granadas». Esto aumentó la cólera de los estudiantes contra el Gobierno.
Cuatro relatores especiales de Naciones Unidas, mandatados por el Consejo de Derechos Humanos, llamaron la atención al Ejecutivo francés esta semana ante la represión de las protestas. «El excesivo uso de la fuerza y los arrestos masivos son respuestas inapropiadas a las protestas sociales en un Estado de derecho», dijeron.
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