Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo Leer Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo Leer
El 34% de los estadounidenses y el 25% de los españoles usan Grandes Modelos de Lenguaje (LLM) de Inteligencia Artificial (IA) al menos una vez a la semana, según la Universidad Elon (nada que ver con Musk, lo que hace que los datos sean, a priori, creíbles). Es un nivel de penetración enorme, que ya está teniendo yun impacto en el comercio minorista. Según una encuesta del gigante de la nube Salesforce, el 18% de las ventas online en EEUU estas Navidades estarán influenciadas de una manera u otra por LLM. La empresa de software Adobe estima que el número de clics en marcas y productos concretos generados directamente por ChatGPT (que aspira a convertirse en la app para todo) y Perplexity (que tienen como objetivo competir con Google) ha crecido en un 1.200% en los últimos 12 meses. Hasta ahora, una de las claves del mundo online era estar bien posicionado en Google. ¿Lo será a partir de ahora estarlo, también, en ChatGPT?
Hace 19 años, la mayor petrolera europea, Shell, tuvo que vender el 50% de su proyecto de gas natural en la isla rusa de Sajalín a la mitad del precio de mercado porque, súbitamente, a Vladimir Putin le entró una preocupación tremenda por el bienestar de las ballenas de la zona. El caso de Shell es típico de lo que pasa a la inversión extranjera en Rusia, que explica que el capital privado no se crea el plan de paz de Trump para Ucrania. Las grandes fantasías inversoras de EEUU (sufragadas por la UE) no valen en Rusia, que solo tiene recursos naturales carísimos de extraer (porque los yacimientos accesibles están agotándose) y una corrupción abismal. El plan solo beneficia a las cripto y la Inteligencia Artificial (IA), ya que EEUU quiere enchufar la mayor central nuclear de Europa, la de Zaporinya, ocupada por Rusia, a centros de datos e IA y cripto en Ucrania. Obviamente, es una casualidad que Trump, su familia, y sus asesores tengan intereses en ambos sectores.
La guerra de Ucrania ha marcado la continuación del Gran Juego, la lucha entre los imperios ruso y británico por Asia Central en el siglo XIX. Entonces, Moscú avanzaba hacia el sur, acercándose a Irán y, sobre todo, a la India británica, que Londres trataba de proteger empujando hacia el norte (así es como nació el actual Afganistán). Un siglo y medio después, se trata de Rusia, con el apoyo de China, contra Occidente (en sustitución del Reino Unido), y el trofeo es Ucrania. Países como Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán se han beneficiado de la llegada de cientos de miles de rusos con alto nivel educativo que huyen de su país no sea que los manden a la guerra, y del desvío a Rusia de mercancías (por ejemplo, coches alemanes), que Occidente no deja exportar a Rusia. Occidente ha reaccionado con sanciones a esos países, China ha respondido ayudándoles a esquivarlas. Así es como el PIB de Kirguistán ha crecido un increíble 33% desde la invasión rusa.
Que no se entere Trump, pero bastó con que la Unión Europea le prometiera en agosto que iba a comprar a Estados Unidos más energía (petróleo, gas natural y fuel y tecnologías nucleares) para que haya pasado justo lo contrario. La razón es que, aunque la UE está adquiriendo más gas a EEUU, este vale menos y, según la empresa de análisis de tráfico de mercancías belgabritánica Kpler, el precio total que han pagado los europeos a los estadounidenses ha sido un 7% inferior al mismo periodo de 2024. El acuerdo impuesto por Trump era, además, un disparate, con el objetivo inalcanzable de triplicar las ventas de EEUU, algo para lo que ni ese país ni la UE tienen infraestructuras. Aparte, tanto EEUU como la UE son economías de libre mercado, donde el Estado no decide qué se compra ni a quién. Y, encima, las compras de energía son competencia de los países miembros, no de Bruselas. Conclusión: primero di «sí» a Trump y haz luego lo que te dé la gana.
La ‘cuasi guerra’ de EEUU contra Venezuela no solo está poniendo al borde del colapso a la siempre maltrecha economía de Cuba. También ha convertido en víctimas colaterales del conflicto a una serie de países caribeños que no son hostiles a Washington, y que dependen de un sector turístico que ahora está en riesgo de colapso porque, francamente, nadie va a ir a la playa a una zona de guerra. El Reino Unido desaconseja viajar a Trinidad y Tobago (donde ya hay evidencias de que le turismo se está desplomando) y a las colonias holandesas de Aruba y Curaçao. A ello se suma la pérdida de las transferencias de petróleo y gas en Trinidad y Tobago, y los vuelos más largos en la región, por la presencia de aviones militares y las interferencias en los equipos electrónicos de las aeronaves. En Curaçao, Aruba y Bonaire (otra colonia holandesa) la amenaza de guerra amenaza con paralizar inversiones turísticas y de infraestructura por valor de cerca de 400 millones de euros.
La geopolítica (independencia de las importaciones) y el medio ambiente (lucha contra el cambio climático) parecen haber hecho que los astros se hayan alineado para ayudar a la expansión de la energía nuclear en el mundo. El último ejemplo llegó el pasado lunes, cuando la prefectura de Nagata, en Japón, dio ‘luz verde’ al plan del Gobierno de ese país para reabrir la mayor central nuclear del mundo, la de KashiwazakiKariwa, con una potencia instalada de ocho gigavatios gracias a sus siete reactores. Kashiwazaki-Kariwa lleva cerrada casi 14 años, desde abril de 2011, cuando un terremoto y un tsunami causaron en la vecina planta de Fukushima el peor accidente nuclear de la Historia después del de Chernóbil, en la antigua Unión Soviética (y hoy Ucrania) en 1986. La decisión culmina un proceso de tres años desde que el Gobierno de Tokio la tomó, e incluyó un largo proceso de inspección por los reguladores.
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