El batacazo electoral de la izquierda da paso al empate técnico entre el liberal Nasralla y el protegido de Trump, Asfura

Los dos partidos opositores sitúan a sus candidatos como ganadores de las elecciones presidenciales Leer Los dos partidos opositores sitúan a sus candidatos como ganadores de las elecciones presidenciales Leer  

El viento político huracanado provocado por Donald Trump desde Washington mantiene a su protegido, el derechista Nasry Asfura, al frente del conteo de votos más cerrado que nunca antes se había visto en Honduras. Apenas 515 papeletas separaban este lunes al abanderado del Partido Nacional (39,91%) y al candidato liberal, Salvador Nasralla (39,89%), quien protagonizaba una paulatina escalada cuando se llevaba escrutado el 57% de los votos.

Pese a la incertidumbre, Tegucigalpa amaneció tan tranquila como somnolienta. Los catrachos acudieron a sus trabajos como todos los días, convencidos de que estaban viviendo horas excepcionales, pero aliviados en su gran mayoría ante el naufragio del Partido Libertad y Refundación (Libre), que durante los cuatro años de Gobierno de Xiomara Castro no fue ni una cosa ni la otra, no consiguió refundar nada y asfixió la libertad con su estilo de gobierno autoritario, a imagen y semejanza de sus dos grandes aliados, Venezuela y Cuba.

Las proyecciones de los dos partidos opositores situaban a sus candidatos como ganadores. «Con las actas que faltan y la distribución real por departamento, Nasralla es el ganador proyectado», aseguró en sus redes sociales el liberal, periodista muy popular, convencido de que el voto que le respalda masivamente en el departamento de Cortés, especialmente en la capital económica, San Pedro Sula, superará finalmente a los apoyos que obtenga el exalcalde capitalino en Tegucigalpa.

«No tienen ni idea y le gusta el show; en el escrutinio final quedará claro el triunfo del Partido Nacional. Asfura es el nuevo presidente«, reclamó su asesor argentino, Fernando Cerimedo, uno de los gestores de la trascendental irrupción de Trump en la contienda electoral.

En el bando derrotado, la paliza fue de tal tamaño que los planes previos para seguir en el poder, en los que estaba involucrado el jefe de Estado Mayor del Ejército, el general Roosvelt Hernández, fueron aplastados por la realidad. Su candidata, que se había declarado ganadora en varias ocasiones a lo largo del día, renunció a escuchar los primeros datos del Consejo Nacional Electoral (CNE) y se fue a su casa a dormir.

Su hermano, el ministro Mario Moncada, sí dio la cara: «Ganaron los contrarios, pero quien realmente perdió fue el pueblo, que merece un país más justo y más humano«. Uno de los perjudicados por la paliza electoral fue el propio Moncada, que no será diputado. Como el poderoso Luis Redondo, actual presidente del Parlamento, que también sufrió el voto de castigo de la gente, harta de la prepotencia y autoritarismo de un bloque partidista, nacido de la resistencia contra el golpe, que se vendió como el gran redentor nacional para acabar, como sus antecesores, entre los brazos de la corrupción.

En cambio, Jorge Aldana, actual alcalde capitalino por Libre, se mantiene a la cabeza del recuento -también muy cerrado- frente al candidato nacional Luis Zelaya. Aldana se desmarcó del extremismo gubernamental y de las añoranzas de Mel Zelaya, el amigo y aliado de Nicolás Maduro, siempre dispuesto a recordar el golpe de Estado de 2009 que le desalojó del poder.

Más allá de la emoción de un país que vive un momento inédito, analistas y políticos estudiaban con lupa la influencia de Trump en el resultado electoral. Una de las certezas que se tiene es que sin la interferencia de la Casa Blanca, que algunos definen como injerencia, el oficialismo hubiera profundizado en su plan previo de seguir en el poder. El poderoso despliegue bélico en el Caribe, que baña las costas hondureñas, también ejerció un papel intimidante.

«Nuestros cálculos son que la primera irrupción de Trump y su patrocinio a Asfura le supuso ocho puntos a su favor. Pero el posterior indulto a Juan Orlando Hernández [ex presidente del Partido Nacional condenado a 45 años de cárcel en Estados Unidos por narcotráfico] no ha gustado al país. Y eso también le ha restado votos entre el voto joven y urbano, que está más informado. En definitiva, Asfura pudo sumar un 5% con la irrupción de Trump, lo que sirvió para enjugar la diferencia que mostraban las encuestas», explica a EL MUNDO el analista político Lester Ramírez.

«Es un intervencionismo insólito», confirma a este periódico el internacionalista Luis Chavarría, quien también apunta a Nasralla como «parcialmente responsable de la intromisión trumpista, porque también acudió a Washington para obtener su respaldo y la condena a la posibilidad de un fraude de Libre. Pero sus lobistas no contaron con acceso a Trump, algo que sí logró el Partido Nacional».

Trump impulsó a Papi a la Orden, como denominan a Asfura todos los hondureños, con su manto protector y designó a Nasralla como sospechoso, «un casi comunista», cuando el liberal llegó a posar con sombreros de MAGA (America First) tras el triunfo del republicano. Al iniciarse la cacería de migrantes latinos, Nasralla se quitó el sombrero.

La gran paradoja es que Trump, en medio de su gigantesca operación antinarcóticos, haya indultado a un mandatario que usó sus poderes, a militares y policías para apoyar a cárteles mexicanos para inundar Estados Unidos con 400 toneladas de cocaína. «Fue un montaje del Gobierno de Biden», se justificó el mandatario estadounidense.

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