Utilizamos el término «revancha» cuando alguien tiene la oportunidad de resarcirse de una derrota, recuperar lo perdido o devolver una jugada después de haber salido perjudicado. Es habitual en el deporte, los juegos y las competiciones, aunque también puede referirse a un desquite fuera de esos ámbitos. La RAE la define sencillamente como «desquite» y señala que llegó al español procedente del francés revanche, voz que ya aparece hacia 1270 con el sentido de «venganza» y que, posteriormente, pasó a expresar la acción de devolver a alguien el daño recibido o recuperar la ventaja perdida.
En francés, en 1539 ya aparece documentado revanche con un significado muy parecido al actual, para nombrar la segunda partida que disputaba quien había perdido la primera con la esperanza de recuperar lo apostado.
Etimológicamente, revanche procede del antiguo verbo francés revancher. De ahí surge esa idea de responder, devolver o compensar algo recibido anteriormente, que también explica el sentido relacionado con juegos y competiciones que seguimos utilizando hoy.
En nuestro idioma, el término fue considerado durante bastante tiempo un galicismo innecesario porque ya existían palabras como «desquite» o «venganza». Fue el gramático venezolano Baldomero Rivodó quien defendió en 1889 su admisión en español, alegando que este vocablo podía expresar sentidos que no coincidían exactamente con otros términos. No fue hasta 1927 cuando la Academia acabó incluyéndolo en su Diccionario manual, todavía señalado como «galicismo».
La palabra revancha llegó al español desde el francés y pasó de significar «venganza» a nombrar también la oportunidad de recuperar lo perdido.
Utilizamos el término «revancha» cuando alguien tiene la oportunidad de resarcirse de una derrota, recuperar lo perdido o devolver una jugada después de haber salido perjudicado. Es habitual en el deporte, los juegos y las competiciones, aunque también puede referirse a un desquite fuera de esos ámbitos. La RAE la define sencillamente como «desquite» y señala que llegó al español procedente del francés revanche, voz que ya aparece hacia 1270 con el sentido de «venganza» y que, posteriormente, pasó a expresar la acción de devolver a alguien el daño recibido o recuperar la ventaja perdida.
En francés, en 1539 ya aparece documentado revanche con un significado muy parecido al actual, para nombrar la segunda partida que disputaba quien había perdido la primera con la esperanza de recuperar lo apostado.
Etimológicamente, revanche procede del antiguo verbo francés revancher. De ahí surge esa idea de responder, devolver o compensar algo recibido anteriormente, que también explica el sentido relacionado con juegos y competiciones que seguimos utilizando hoy.
En nuestro idioma, el término fue considerado durante bastante tiempo un galicismo innecesario porque ya existían palabras como «desquite» o «venganza». Fue el gramático venezolano Baldomero Rivodó quien defendió en 1889 su admisión en español, alegando que este vocablo podía expresar sentidos que no coincidían exactamente con otros términos. No fue hasta 1927 cuando la Academia acabó incluyéndolo en su Diccionario manual, todavía señalado como «galicismo».
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