José, vecino de Barcelona, fue diagnosticado de esclerosis múltiple en 2014, cuando tenía 31 años, después de varios meses con vértigos, caídas, entumecimiento, pérdida de coordinación, desorientación, dificultades para leer y problemas de control de esfínteres. La resonancia mostró más de 30 lesiones en el cerebro y más de 20 en la médula espinal, y le advirtieron de que podía llegar a tener importantes dificultades para caminar en un plazo de entre seis meses y un año. Su historia ha llegado al Buzón del bienestar de 20bien para compartir el camino que emprendió a partir de aquel momento.
Tras el diagnóstico comenzó a revisar distintos aspectos de su vida. Mejoró su alimentación, prestó más atención a su salud digestiva, incorporó la meditación y empezó a trabajar sobre su relación con el estrés, el perfeccionismo, la rabia y la necesidad de control. Con el tiempo también añadió yoga, pilates, ejercicio regular y entrenamiento de fuerza. Según explica, los síntomas fueron remitiendo, una resonancia posterior no mostró nuevas lesiones y lleva más de doce años sin un nuevo brote clínico. Hoy mantiene una vida activa y acompaña a personas que atraviesan enfermedades crónicas, estrés y grandes cambios vitales.
José insiste en que su caso no debe entenderse como una curación ni como un tratamiento aplicable a todo el mundo. En su experiencia, el cambio estuvo en asumir un papel más activo en el cuidado de su salud sin obsesionarse con controlar cada resultado. «Lo que cambió mi bienestar fue aprender a participar activamente en mi salud mediante hábitos sostenibles, sin exigirme controlar completamente el resultado».
«Lo que cambió mi bienestar fue aprender a participar activamente en mi salud mediante hábitos sostenibles…»
Convivir con la incertidumbre
Aunque los cambios en sus hábitos fueron importantes, reconoce que la parte más difícil fue gestionar la incertidumbre que acompañó a la enfermedad. Durante un tiempo buscó respuestas que le ofrecieran la seguridad de que no volvería a empeorar y convirtió el autocuidado en una nueva fuente de preocupación.
«Lo más difícil fue convivir con la incertidumbre y volver a confiar en mi propio cuerpo. Durante un tiempo convertí el autocuidado en una nueva forma de ansiedad. Buscaba la dieta perfecta, la rutina perfecta y la explicación que me garantizara que nunca volvería a empeorar. Cada síntoma me hacía pensar que había cometido algún error».
A esa etapa también se sumó un cambio profesional. Dejó su trabajo en banca y tuvo que reconstruir su identidad laboral sin saber exactamente qué iba a suceder. Con el tiempo, esa experiencia personal terminó orientando parte de su actividad hacia el acompañamiento de personas que viven enfermedades crónicas, estrés o grandes cambios vitales.
«Una enfermedad no es un fracaso personal»
Con los años, José llegó a una conclusión que hoy considera esencial: responsabilizarse de la propia salud no significa culpabilizarse por haber enfermado. Para él, el autocuidado pasa por incorporar hábitos que puedan mantenerse en el tiempo, aceptando que no todo depende de uno mismo.
«Aprendí que responsabilizarse de la salud no significa culpabilizarse por haber enfermado. Podemos mejorar nuestra alimentación, movernos, descansar, pedir ayuda y trabajar sobre el estrés, pero no podemos controlar completamente nuestro cuerpo ni el futuro. También aprendí que la constancia funciona mejor que la perfección. Cuidarse no debería convertirse en otra fuente de miedo. Los cambios más importantes suelen ser sostenibles, flexibles y compatibles con una vida real».
Por eso, a quienes estén atravesando una situación parecida les recomienda mantener el seguimiento médico, pedir ayuda cuando la necesiten y empezar por cambios pequeños y sostenibles, sin intentar transformar toda su vida de golpe. También les anima a no sentirse culpables si tienen días difíciles o si la evolución no es la que esperaban. Como resume en su testimonio: «Una enfermedad no es un fracaso personal. Es posible seguir construyendo una vida con fuerza, sentido y dignidad, incluso cuando no tenemos todas las respuestas».
Es posible seguir construyendo una vida con fuerza, sentido y dignidad, incluso cuando no tenemos todas las respuestas»
Como José, muchas personas han encontrado en un cambio de hábitos, una experiencia vital o un proceso de adaptación una forma de mejorar su bienestar. Si tú también tienes una historia que contar, puedes compartirla a través del Buzón del bienestar de 20bien. Tu testimonio podrá ser publicado en 20minutos para inspirar y ayudar a otras personas que estén atravesando una situación similar.
José, de 43 años, comparte cómo aprendió a implicarse en su salud sin convertir el autocuidado en una nueva fuente de ansiedad.
José, vecino de Barcelona, fue diagnosticado de esclerosis múltiple en 2014, cuando tenía 31 años, después de varios meses con vértigos, caídas, entumecimiento, pérdida de coordinación, desorientación, dificultades para leer y problemas de control de esfínteres. La resonancia mostró más de 30 lesiones en el cerebro y más de 20 en la médula espinal, y le advirtieron de que podía llegar a tener importantes dificultades para caminar en un plazo de entre seis meses y un año. Su historia ha llegado al Buzón del bienestar de 20bien para compartir el camino que emprendió a partir de aquel momento.
Tras el diagnóstico comenzó a revisar distintos aspectos de su vida. Mejoró su alimentación, prestó más atención a su salud digestiva, incorporó la meditación y empezó a trabajar sobre su relación con el estrés, el perfeccionismo, la rabia y la necesidad de control. Con el tiempo también añadió yoga, pilates, ejercicio regular y entrenamiento de fuerza. Según explica, los síntomas fueron remitiendo, una resonancia posterior no mostró nuevas lesiones y lleva más de doce años sin un nuevo brote clínico. Hoy mantiene una vida activa y acompaña a personas que atraviesan enfermedades crónicas, estrés y grandes cambios vitales.
José insiste en que su caso no debe entenderse como una curación ni como un tratamiento aplicable a todo el mundo. En su experiencia, el cambio estuvo en asumir un papel más activo en el cuidado de su salud sin obsesionarse con controlar cada resultado. «Lo que cambió mi bienestar fue aprender a participar activamente en mi salud mediante hábitos sostenibles, sin exigirme controlar completamente el resultado».
«Lo que cambió mi bienestar fue aprender a participar activamente en mi salud mediante hábitos sostenibles…»
Convivir con la incertidumbre
Aunque los cambios en sus hábitos fueron importantes, reconoce que la parte más difícil fue gestionar la incertidumbre que acompañó a la enfermedad. Durante un tiempo buscó respuestas que le ofrecieran la seguridad de que no volvería a empeorar y convirtió el autocuidado en una nueva fuente de preocupación.
«Lo más difícil fue convivir con la incertidumbre y volver a confiar en mi propio cuerpo. Durante un tiempo convertí el autocuidado en una nueva forma de ansiedad. Buscaba la dieta perfecta, la rutina perfecta y la explicación que me garantizara que nunca volvería a empeorar. Cada síntoma me hacía pensar que había cometido algún error».
A esa etapa también se sumó un cambio profesional. Dejó su trabajo en banca y tuvo que reconstruir su identidad laboral sin saber exactamente qué iba a suceder. Con el tiempo, esa experiencia personal terminó orientando parte de su actividad hacia el acompañamiento de personas que viven enfermedades crónicas, estrés o grandes cambios vitales.
«Una enfermedad no es un fracaso personal»
Con los años, José llegó a una conclusión que hoy considera esencial: responsabilizarse de la propia salud no significa culpabilizarse por haber enfermado. Para él, el autocuidado pasa por incorporar hábitos que puedan mantenerse en el tiempo, aceptando que no todo depende de uno mismo.
«Aprendí que responsabilizarse de la salud no significa culpabilizarse por haber enfermado. Podemos mejorar nuestra alimentación, movernos, descansar, pedir ayuda y trabajar sobre el estrés, pero no podemos controlar completamente nuestro cuerpo ni el futuro. También aprendí que la constancia funciona mejor que la perfección. Cuidarse no debería convertirse en otra fuente de miedo. Los cambios más importantes suelen ser sostenibles, flexibles y compatibles con una vida real».
Por eso, a quienes estén atravesando una situación parecida les recomienda mantener el seguimiento médico, pedir ayuda cuando la necesiten y empezar por cambios pequeños y sostenibles, sin intentar transformar toda su vida de golpe. También les anima a no sentirse culpables si tienen días difíciles o si la evolución no es la que esperaban. Como resume en su testimonio: «Una enfermedad no es un fracaso personal. Es posible seguir construyendo una vida con fuerza, sentido y dignidad, incluso cuando no tenemos todas las respuestas».
Es posible seguir construyendo una vida con fuerza, sentido y dignidad, incluso cuando no tenemos todas las respuestas»
Como José, muchas personas han encontrado en un cambio de hábitos, una experiencia vital o un proceso de adaptación una forma de mejorar su bienestar. Si tú también tienes una historia que contar, puedes compartirla a través del Buzón del bienestar de 20bien. Tu testimonio podrá ser publicado en 20minutos para inspirar y ayudar a otras personas que estén atravesando una situación similar.
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