La compañía, que produce casi la mitad del combustible para aviación que consume España, prevé disparar un 25% su producción para hacer frente al ‘shock’ de oferta Leer La compañía, que produce casi la mitad del combustible para aviación que consume España, prevé disparar un 25% su producción para hacer frente al ‘shock’ de oferta Leer
La crisis del queroseno se coló ayer en la presentación de resultados de Repsol. La energética, cuya producción cubre el 45% de las necesidades nacionales de combustible para aviación, aprovechó para lanzar un anuncio que hizo respirar de alivio al turismo español, en guardia por los recortes de vuelos que han ido decretando algunas de las mayores aerolíneas europeas, a raíz de la escalada de precios de este combustible y por el miedo a su escasez.
Repsol está preparada para producir, a partir de mayo, un 25% más de queroseno que hace tres meses. ¿Cómo? Estirando cada gota de crudo que llegue a sus refinerías, una suerte de adaptación petrolera del milagro de los panes y los peces.
En los tres primeros meses del año, Repsol destinó 1.200 millones de euros a hacer acopio de crudo. Para blindarse, por lo que pueda pasar, una vez descartada la guerra rápida en Irán que había pronosticado Washington. El crudo es como el trigo: solo una vez procesado sirve de alimento y puede transformarse en muchos productos derivados. Una de esas transformaciones lleva al queroseno.
Todo ocurre en las refinerías, concretamente, en las torres de destilación. Allí se vuelca el crudo que llega a España después de viajar miles de kilómetros por barco o por oleoducto (tuberías). En estas estructuras, de varias decenas de metros de altura, el crudo se separa en sus distintos componentes tras someterlo a altas temperaturas, de unos 360 grados. Es lo que se conoce como destilación, un proceso que nunca para. Funciona 24 horas al día, los 365 días del año.
Cada hidrocarburo hierve a una temperatura diferente. A medida que el crudo se calienta, sus componentes se van evaporando. Los más ligeros ascienden a la parte alta de la torre. Los más pesados quedan al fondo. Las torres son una suerte de comunidad de vecinos: un edificio de varias plantas y en cada una vive un producto distinto.
En los pisos más bajos están los productos más duros. Como los fuelóleos y aceites pesados, que se emplean para fabricar asfaltos o lubricantes, o los gasóleos, que acabarán transformándose en diésel. Y en los pisos superiores se alojan, de arriba a abajo, los gases licuados, las naftas (la materia prima para hacer gasolinas) y el queroseno. En definitiva, de un solo barril de crudo no sale solo gasolina o diésel, también nacen productos cotidianos, desde neumáticos y plásticos hasta el material del que están hechas las carreteras.
Todas las refinerías de Repsol están preparadas para dar un paso más en ese proceso, la «conversión profunda». Con ella se pueden refinar otra vez esos primeros productos y es la llave que va a permitir a Repsol multiplicar su producción de queroseno.
«Gracias a ese esquema de conversión profunda se consigue extraer de los productos que menos demanda la sociedad (como fuelóleos y aceites pesados) más cantidad de aquellos que más se demandan, como el gasóleo o el queroseno», explican desde la compañía. En definitiva, lo que va a hacer Repsol es usar el excedente de hidrocarburos más pesados para fabricar combustible de aviación.
En 2025, Repsol refinó en España 37,3 millones de toneladas de crudo. De ellos extrajo alrededor de 3,3 millones de toneladas de queroseno. Ahora, la energética apunta a producir alrededor de medio millón de toneladas más de este combustible frente a los niveles previos a la guerra.
Repsol empezó a moverse hace semanas, cuando el conflicto en Oriente Medio desató el peor de los escenarios: un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, una arteria por la que se transportaban 20 millones de barriles de petróleo al día antes de la guerra. Ese flujo ingente de combustible cayó en picado de la noche a la mañana.
El CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, explicó ayer que la energética ha «invertido y optimizado la logística» de sus refinerías, cinco en España, para elevar la producción de queroseno a niveles históricos.
Imaz apeló a su «responsabilidad» como operador de garantizar el acceso a «productos que nuestro hinterland (territorio de influencia) y nuestros clientes necesitan». Y ahora lo que urge es queroseno. Cueste lo que cueste. «Es muy importante para la economía española que, principalmente en verano, depende mucho de la aviación y el turismo», aseveró.
El ejecutivo indicó que la compaía está preparada para aumentar en un 25% el nivel de producción de queroseno que tenía tres meses atrás, en febrero. «Gracias a estas inversiones, podremos producir 465.000 metros cúbicos de queroseno para aviones al mes a partir de mayo», adelantó el ejecutivo. Insistió en que de este modo, la empresa no solo va a abastecer a sus clientes, también podrá ofrecer producción adicional ante cualquier shock que pudiera poner en apuros el abastecimiento en el mercado español por parte de otros operadores.
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