El regreso con peligro a un paraje fundido a negro: «De repente puedes hundirte medio metro»

Han pasado cuatro días desde que La Adrada sufriera la embestida del fuego. De aquellos días queda un paisaje arrasado y el recuerdo de las decenas de personas que trataron de contener un «infierno» que terminó por pasarles por encima. Ahora también regresan los vecinos que no han podido hacerlo hasta este miércoles, cuando se ha levantado la restricción de movilidad al completo en el Valle del Tiétar. Un retorno con riesgos para todos los que acudan a una localidad que haya sufrido un incendio de estas características y que esconde peligros visibles y otros mucho menos evidentes y que conviene conocer.

«Lo difícil ha pasado y saldremos de esta, pero…», cuenta Miguel, bombero forestal que ha combatido las llamas en diferentes municipios afectados, incluido en su propio pueblo. El fuego indomable atravesó la sierra de lado y liquidó un paraje que recuerda más a un escenario volcánico que al vergel verde que era. «Lo que hemos vivido no te lo puedo contar», asegura con voz entrecortada. «Vengo de ver a mis dos yeguas que sufrieron quemaduras en una finca que se ha quemado casi al completo, pero han logrado sobrevivir». Bajo su experiencia de otros incendios, advierte que el peligro a partir de ahora está en las reactivaciones, en las cenizas y en la filtración por el agua de las lluvias a la tierra y todas las gargantas. «Seguramente no vamos a poder ni beber», continúa.

El problema a largo plazo vendrá con las primeras lluvias, cuando todo lo quemado filtre por el suelo y arrastre toda la ceniza hacia el pueblo, los cultivos y la zona de ganado. «Aparecerán también los problemas derivados de la deforestación, corrimientos de tierras y la operativa que hagan para limpiar el monte… Hay que olvidarse de cómo era la sierra antes», continúa Kiko, otro de los vecinos que no evacuó para ayudar. Pero el peligro inminente no ha desaparecido. «El suelo está completamente hueco en muchas zonas quemadas y no lo ves», explica, mientras recorre con cuidado parte de una zona quemada, donde los pies notan un suelo quebradizo, como si se deshiciera. «Una persona puede pensar que pisa en firme y de repente hundirse medio metro», añade sobre los ceniceros o pozos de ceniza Víctor, bombero de la Comunidad de Madrid que también ha participado como voluntario.

Félix, maestro del pueblo, relata cómo el fuego y el humo les sorprendió cuando no pudieron hacer nada para contenerlo, en las últimas horas del sábado, y advierte de que el viento «puede poner en peligro» a las personas que accedan a pinares quemados. Algo en lo que también coincide Paco, otro de los integrantes de una de las cuadrillas de voluntarios: «Lo difícil ahora es controlar la caída de pinos y las grandes piedras que puedan caer o hasta estallar».

Es constante el crujir de los árboles y las principales tareas, después de varias jornadas apagando posibles llamas, pasa a ser la retirada de troncos caídos sobre los caminos. «En cuanto venga un poco de viento, se van a caer todos», añade Dani, otro de los voluntarios movilizados.

De La Adrada se estima oficialmente que se ha quemado más de la mitad del suelo (aunque parece más) y casi todas las casas se han salvado, algo que sucesivamente se describe como «un milagro». Un fenómeno que se ha repetido casi en la mayoría de los municipios afectados en el valle por el incendio de Burgohondo, el que más hectáreas ha carbonizado en España hasta la fecha (casi 55.000 ha). Pueblos que han perdido total o parcialmente el suelo forestal, calcinados, y que quedaron encerrados y casi solos, para defenderse.

“Mi mente me lleva a verde cuando veo negro”

Cristian ha sido de los primeros en volver este miércoles, tras evacuar a Talavera el viernes para acompañar a sus padres, enfermos crónicos. Entre tos y tos, probablemente por el humo, relata el shock de vuelta. «Me siento vacío. No se oyen los pájaros. He visto mi infancia quemada y mi mente me lleva a verde cuando veo negro», relata conteniendo una emoción que aquí todos hacen visible. «Estamos vivos y tenemos casa, eso te puedo decir. Pero he intentado entrar cuatro veces y no he podido», prosigue.

«No es lo mismo que se queme campo, monte o sierra. Aquí es que se ha quemado todo. Se han quemado animales y no nos han dejado pasar ni siquiera a salvarlos. Y las medidas han sido contraproducentes. Nos han dejado solos», apunta.

«Daban la sierra por perdida y la hemos perdido todos»

La ceniza y el humo son los otros peligros que sobrevolará las próximas semanas. El olfato, más allá de la vista, hace recordar constantemente que el incendio sigue presente, aunque haya mejorado algo en las últimas horas, al igual que la visibilidad. Pero la calidad del aire no es favorable al 100% y tardará un tiempo en recuperarse.

«Es desolador», resume Rubén. Junto a Fabio y varias decenas de vecinos, pelearon en la cuerda de la sierra el pasado jueves, dos días antes en los que el incendio podría «haberse sujetado»: «Se podría haber parado ahí, pero no nos tiraron agua. No nos ayudaron. Daban la sierra por perdida y la hemos perdido todos».

 La Adrada, uno de los últimos municipios en levantar la evacuación, afronta los mismos riesgos que deja cualquier gran fuego forestal: suelos inestables, árboles debilitados, humo, cenizas y posibles problemas en el agua a largo plazo.  

Han pasado cuatro días desde que La Adrada sufriera la embestida del fuego. De aquellos días queda un paisaje arrasado y el recuerdo de las decenas de personas que trataron de contener un «infierno» que terminó por pasarles por encima. Ahora también regresan los vecinos que no han podido hacerlo hasta este miércoles, cuando se ha levantado la restricción de movilidad al completo en el Valle del Tiétar. Un retorno con riesgos para todos los que acudan a una localidad que haya sufrido un incendio de estas características y que esconde peligros visibles y otros mucho menos evidentes y que conviene conocer.

«Lo difícil ha pasado y saldremos de esta, pero…», cuenta Miguel, bombero forestal que ha combatido las llamas en diferentes municipios afectados, incluido en su propio pueblo. El fuego indomable atravesó la sierra de lado y liquidó un paraje que recuerda más a un escenario volcánico que al vergel verde que era. «Lo que hemos vivido no te lo puedo contar», asegura con voz entrecortada. «Vengo de ver a mis dos yeguas que sufrieron quemaduras en una finca que se ha quemado casi al completo, pero han logrado sobrevivir». Bajo su experiencia de otros incendios, advierte que el peligro a partir de ahora está en las reactivaciones, en las cenizas y en la filtración por el agua de las lluvias a la tierra y todas las gargantas. «Seguramente no vamos a poder ni beber», continúa.

Los Barreros, una de las zonas afectadas por el fuego.
Los Barreros, una de las zonas afectadas por el fuego, este miércoles.20minutos

El problema a largo plazo vendrá con las primeras lluvias, cuando todo lo quemado filtre por el suelo y arrastre toda la ceniza hacia el pueblo, los cultivos y la zona de ganado. «Aparecerán también los problemas derivados de la deforestación, corrimientos de tierras y la operativa que hagan para limpiar el monte… Hay que olvidarse de cómo era la sierra antes», continúa Kiko, otro de los vecinos que no evacuó para ayudar. Pero el peligro inminente no ha desaparecido. «El suelo está completamente hueco en muchas zonas quemadas y no lo ves», explica, mientras recorre con cuidado parte de una zona quemada, donde los pies notan un suelo quebradizo, como si se deshiciera. «Una persona puede pensar que pisa en firme y de repente hundirse medio metro», añade sobre los ceniceros o pozos de ceniza Víctor, bombero de la Comunidad de Madrid que también ha participado como voluntario.

Una zona quema con los agujeros en el suelo y ceniza por encima, hueco por debajo
Una zona quemada con los agujeros en el suelo y ceniza por encima.20minutos

Félix, maestro del pueblo, relata cómo el fuego y el humo les sorprendió cuando no pudieron hacer nada para contenerlo, en las últimas horas del sábado, y advierte de que el viento «puede poner en peligro» a las personas que accedan a pinares quemados. Algo en lo que también coincide Paco, otro de los integrantes de una de las cuadrillas de voluntarios: «Lo difícil ahora es controlar la caída de pinos y las grandes piedras que puedan caer o hasta estallar».

Camino junto al Puente Nuevo (camino del colesterol), bajo un pinar arrasado por las llamas que ha sido cortado ante la posible caída de los árboles por el fuego.
Camino junto al Puente Nuevo, bajo un pinar arrasado por las llamas que ha sido cortado ante la posible caída de los árboles por el fuego.20minutos

Es constante el crujir de los árboles y las principales tareas, después de varias jornadas apagando posibles llamas, pasa a ser la retirada de troncos caídos sobre los caminos. «En cuanto venga un poco de viento, se van a caer todos», añade Dani, otro de los voluntarios movilizados.

Dani utiliza una motosierra para poder desplazar un tronco de un árbol caído sobre un camino tras quemarse.
Dani utiliza una motosierra para poder desplazar un tronco de un árbol caído sobre un camino tras quemarse.20minutos

De La Adrada se estima oficialmente que se ha quemado más de la mitad del suelo (aunque parece más) y casi todas las casas se han salvado, algo que sucesivamente se describe como «un milagro». Un fenómeno que se ha repetido casi en la mayoría de los municipios afectados en el valle por el incendio de Burgohondo, el que más hectáreas ha carbonizado en España hasta la fecha (casi 55.000 ha). Pueblos que han perdido total o parcialmente el suelo forestal, calcinados, y que quedaron encerrados y casi solos, para defenderse.

“Mi mente me lleva a verde cuando veo negro”

Cristian ha sido de los primeros en volver este miércoles, tras evacuar a Talavera el viernes para acompañar a sus padres, enfermos crónicos. Entre tos y tos, probablemente por el humo, relata el shock de vuelta. «Me siento vacío. No se oyen los pájaros. He visto mi infancia quemada y mi mente me lleva a verde cuando veo negro», relata conteniendo una emoción que aquí todos hacen visible. «Estamos vivos y tenemos casa, eso te puedo decir. Pero he intentado entrar cuatro veces y no he podido», prosigue.

«No es lo mismo que se queme campo, monte o sierra. Aquí es que se ha quemado todo. Se han quemado animales y no nos han dejado pasar ni siquiera a salvarlos. Y las medidas han sido contraproducentes. Nos han dejado solos», apunta.

Primera línea de extinción del incendio en Majaltobar, La Adrada.
Primera línea de extinción del incendio en Majaltobar el viernes, en La Adrada.20MINUTOS

«Daban la sierra por perdida y la hemos perdido todos»

La ceniza y el humo son los otros peligros que sobrevolará las próximas semanas. El olfato, más allá de la vista, hace recordar constantemente que el incendio sigue presente, aunque haya mejorado algo en las últimas horas, al igual que la visibilidad. Pero la calidad del aire no es favorable al 100% y tardará un tiempo en recuperarse.

«Es desolador», resume Rubén. Junto a Fabio y varias decenas de vecinos, pelearon en la cuerda de la sierra el pasado jueves, dos días antes en los que el incendio podría «haberse sujetado»: «Se podría haber parado ahí, pero no nos tiraron agua. No nos ayudaron. Daban la sierra por perdida y la hemos perdido todos».

Un árbol humeante junto al Puente Nuevo este miércoles, en La Adrada.
Un árbol humeante junto al Puente Nuevo este miércoles en La Adrada.20minutos

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