“Si quieres mantener el figurín, cómete la fresa de Jesulín”. Belén Esteban ha vuelto recordándonos su capacidad de crear un lenguaje propio, habilidad que siempre es una virtud en televisión. Sin embargo, la que fue denominada La princesa del pueblo fue perdiendo interés en los últimos años. Su presencia ya no tiró en La familia de la tele de TVE. Tampoco revolucionó los realities posteriores en los que participó. La audiencia no se identificaba tanto. El hábitat del canal tampoco era en el que ella crecía. Porque ella, sobre todo, funciona cuando habla de sí misma desde el dolor y su público se siente reflejado en el enfado de la madre que fue dejada con una niña en brazos. Ahí empezó la empatía social que despertó su historia hace treinta años y ahí ha regresado en su vuelta al Telecinco que dejó de quererla. Porque el canal quería cambiar.
Resultado: Belén Esteban ha disparado la audiencia de De Viernes con un 18.7 con 1.130.000 espectadores. Este dato es clave, pues el triunfo real está en superar la barrera del millón de fieles. Pocos lo consiguen en la tele de hoy, objetivo logrado. Un excelente rendimiento que no era fácil de pronosticar con la situación actual de Telecinco. Pero que sí demuestra que el público potencial del canal tiene hambre de temas más cotidianos y está agotado de tensión política. Al fin y al cabo, esta emisora era el refugio para la evasión desde la frivolidad de las emociones que nos unen a todos. Sin carné ideológico. Telecinco era la verbena, la feria, el despiporre, la manzana con caramelo, el coche de choque, el sobre con sorpresa. No la previsibilidad del mitin.
Aunque, además, el retorno de Belén Esteban ha tirado porque su trama ha descansado un tiempo en el que ha ganado un aliciente disruptivo: Juls Janeiro calentándola. Incluso provocándola cuando la abrevió a meme. Así Belén ha regresado a la entonación donde sus seguidores empatizan más con ella: la indignación de madre y ex. Da igual que, en realidad, en De Viernes haya contado la misma historia de siempre otra vez. Nuestra memoria es cada vez más menguante entre tanto impacto audiovisual. Vivimos todo como si fuera la primera vez -aunque haya pasado muchas veces antes- y, para más in ri, ya hay una nueva generación que no había nacido en aquellas entrevistas donde Belén contaba infidelidades y los agravios comparativos a su hija.
Como consecuencia, hay una audiencia que en De Viernes ha descubierto el drama de Belén. En acercarse al 20 por ciento de cuota, ha ayudado que era una noche de baja competencia televisiva. Ahora, Telecinco intentará crear un acontecimiento del regreso de Belén Esteban a sus instalaciones. Otra historia es que el despecho mirando a cámara pueda mantener este fuelle muchas semanas más. Lo lógico es que se desinfle pronto. A no ser que exista un nuevo giro de guion, claro. Eso lo hacía muy bien el Telecinco de antes: las tramas salían de los propios vínculos que surgían en los pasillos del canal, lo que propiciaba una telenovela en directo. El problema es que ese ecosistema basado en la espontaneidad de la convivencia entre diferentes ya no existe en los estudios centrales de Mediaset. Porque la heterogeneidad de miradas de la cadena se ha homogeneizado demasiado.
Belén Esteban ha disparado la maltrecha audiencia del canal en su reaparición con Santi Acosta.
“Si quieres mantener el figurín, cómete la fresa de Jesulín”. Belén Esteban ha vuelto recordándonos su capacidad de crear un lenguaje propio, habilidad que siempre es una virtud en televisión. Sin embargo, la que fue denominada La princesa del pueblo fue perdiendo interés en los últimos años. Su presencia ya no tiró en La familia de la tele de TVE. Tampoco revolucionó los realities posteriores en los que participó. La audiencia no se identificaba tanto. El hábitat del canal tampoco era en el que ella crecía. Porque ella, sobre todo, funciona cuando habla de sí misma desde el dolor y su público se siente reflejado en el enfado de la madre que fue dejada con una niña en brazos. Ahí empezó la empatía social que despertó su historia hace treinta años y ahí ha regresado en su vuelta al Telecinco que dejó de quererla. Porque el canal quería cambiar.
Resultado: Belén Esteban ha disparado la audiencia de De Viernes con un 18.7 con 1.130.000 espectadores. Este dato es clave, pues el triunfo real está en superar la barrera del millón de fieles. Pocos lo consiguen en la tele de hoy, objetivo logrado. Un excelente rendimiento que no era fácil de pronosticar con la situación actual de Telecinco. Pero que sí demuestra que el público potencial del canal tiene hambre de temas más cotidianos y está agotado de tensión política. Al fin y al cabo, esta emisora era el refugio para la evasión desde la frivolidad de las emociones que nos unen a todos. Sin carné ideológico. Telecinco era la verbena, la feria, el despiporre, la manzana con caramelo, el coche de choque, el sobre con sorpresa. No la previsibilidad del mitin.
Aunque, además, el retorno de Belén Esteban ha tirado porque su trama ha descansado un tiempo en el que ha ganado un aliciente disruptivo: Juls Janeiro calentándola. Incluso provocándola cuando la abrevió a meme. Así Belén ha regresado a la entonación donde sus seguidores empatizan más con ella: la indignación de madre y ex. Da igual que, en realidad, en De Viernes haya contado la misma historia de siempre otra vez. Nuestra memoria es cada vez más menguante entre tanto impacto audiovisual. Vivimos todo como si fuera la primera vez -aunque haya pasado muchas veces antes- y, para más in ri, ya hay una nueva generación que no había nacido en aquellas entrevistas donde Belén contaba infidelidades y los agravios comparativos a su hija.
Como consecuencia, hay una audiencia que en De Viernes ha descubierto el drama de Belén. En acercarse al 20 por ciento de cuota, ha ayudado que era una noche de baja competencia televisiva. Ahora, Telecinco intentará crear un acontecimiento del regreso de Belén Esteban a sus instalaciones. Otra historia es que el despecho mirando a cámara pueda mantener este fuelle muchas semanas más. Lo lógico es que se desinfle pronto. A no ser que exista un nuevo giro de guion, claro. Eso lo hacía muy bien el Telecinco de antes: las tramas salían de los propios vínculos que surgían en los pasillos del canal, lo que propiciaba una telenovela en directo. El problema es que ese ecosistema basado en la espontaneidad de la convivencia entre diferentes ya no existe en los estudios centrales de Mediaset. Porque la heterogeneidad de miradas de la cadena se ha homogeneizado demasiado.
20MINUTOS.ES – Televisión
