Feijóo bate a Sánchez en el segundo asalto y lo deja aún más tocado

El terremoto electoral que se vivió anoche en Aragón también remueve los cimientos de la Moncloa. El PP se impuso de nuevo en el segundo hito del ciclo electoral que comenzó hace poco más de un mes en Extremadura. Y, aunque lo hizo con un resultado poco convincente, cumplió su objetivo principal: asestar otro serio golpe al PSOE y, en particular, al presidente Pedro Sánchez, que recibe en primera persona el bofetón de las urnas a Pilar Alegría, quien hasta hace menos de dos meses era su ministra de Educación y la portavoz del Gobierno central.

En diciembre, la Moncloa intentó desvincularse del batacazo electoral del PSOE en las elecciones extremeñas escudándose en que los socialistas habían presentado un candidato débil y poco conocido. Aragón, sin embargo, es harina de otro costal: la candidatura de Alegría fue una apuesta personal de Sánchez, como lo será dentro de unos meses la de María Jesús Montero en las elecciones autonómicas de Andalucía, donde las encuestas también dibujan un negro panorama para el PSOE. Y, por ende, el mal resultado le afecta y le apela directamente.

Además de suponer un nuevo varapalo para un presidente en horas muy bajas, el mal resultado confirma una impresión que se ha ido asentando en los últimos meses: al PSOE cada vez le reporta menos beneficios electorales agitar el miedo al auge de la ultraderecha. Pese a que Sánchez lleva meses intentando centrarse en la arena internacional y situarse como uno de los principales líderes antitrumpistas europeos, los socialistas no logran remontar el vuelo. Y fuentes del PSOE se muestran cada vez más preocupadas ante la posibilidad de que esta deriva arrastre al partido a una derrota sin paliativos en las elecciones municipales y autonómicas del año que viene.

Por el contrario, la estrategia del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sale reforzada. Aunque lo hace más por el mal desempeño del PSOE que porque los populares hayan logrado un gran resultado, Feijóo consigue hacerse con su segundo triunfo electoral en apenas dos meses, y ese viento de cola le servirá para afrontar los próximos comicios en Castilla y León (en marzo) y Andalucía (como tarde, en junio).

El líder del PP, además, fortalece su posición de cara a las elecciones generales, su objetivo prioritario. De hecho, varios pesos pesados de la formación valoraron la victoria de Jorge Azcón en Aragón en clave nacional, incluido el propio Feijóo, que se preguntó en sus redes sociales «cuántas debacles más necesita Sánchez para entender que ya basta» y llamar a las urnas.

Vox, lanzado

No obstante, quien sale verdaderamente fortalecido de los comicios es un Vox que atraviesa un excelente momento de forma. De nuevo, como ya hizo en Extremadura, la formación presentó en Aragón a un candidato poco conocido e hizo girar su campaña en torno a su líder nacional, Santiago Abascal, que recurrió un discurso muy agresivo conta el PP y centrado en criticar la inmigración y el supuesto abandono del mundo rural. Y, de nuevo, ese enfoque funcionó muy bien: Vox disparó sus resultados sin prácticamente hacer mella en los de los populares.

El magnífico resultado de los ultras refleja, además, que la fortaleza de Vox no es flor de un día y que ha logrado asentarse como uno de los grandes partidos del tablero político. Y ese auge, aunque acerca a Feijóo a la Moncloa, le aleja cada vez más de su aspiración de lograr una mayoría suficiente como para poder gobernar en solitario y aboca a un entendimiento entre dos formaciones que se necesitan tanto como recelan la una de la otra.

En el lado opuesto del espectro político, la izquierda alternativa, dividida nada menos que en tres listas, fue incapaz de capitalizar el desastre del PSOE. Chunta, aun con un resultado modesto, evidenció que las marcas con arraigo resisten mejor en sus territorios las épocas de vacas flacas. IU, por su parte, fue el único actor estatal que aguantó su escaño, pero la marca Sumar de Yolanda Díaz no le sirvió para mejorar en nada sus resultados de 2023. Por el contrario, Podemos se queda fuera de otro parlamento autonómico y su resultado, tras el espejismo de Extremadura, vuelve a demostrar la debilidad de la marca.

 La victoria refuerza a los populares de cara a Castilla y León y Andalucía aunque Vox les come terreno. Moncloa, por su parte, recibe en primera persona el golpe a Alegría.  

El terremoto electoral que se vivió anoche en Aragón también remueve los cimientos de la Moncloa. El PP se impuso de nuevo en el segundo hito del ciclo electoral que comenzó hace poco más de un mes en Extremadura. Y, aunque lo hizo con un resultado poco convincente, cumplió su objetivo principal: asestar otro serio golpe al PSOE y, en particular, al presidente Pedro Sánchez, que recibe en primera persona el bofetón de las urnas a Pilar Alegría, quien hasta hace menos de dos meses era su ministra de Educación y la portavoz del Gobierno central. 

En diciembre, la Moncloa intentó desvincularse del batacazo electoral del PSOE en las elecciones extremeñas escudándose en que los socialistas habían presentado un candidato débil y poco conocido. Aragón, sin embargo, es harina de otro costal: la candidatura de Alegría fue una apuesta personal de Sánchez, como lo será dentro de unos meses la de María Jesús Montero en las elecciones autonómicas de Andalucía, donde las encuestas también dibujan un negro panorama para el PSOE. Y, por ende, el mal resultado le afecta y le apela directamente. 

Además de suponer un nuevo varapalo para un presidente en horas muy bajas, el mal resultado confirma una impresión que se ha ido asentando en los últimos meses: al PSOE cada vez le reporta menos beneficios electorales agitar el miedo al auge de la ultraderecha. Pese a que Sánchez lleva meses intentando centrarse en la arena internacional y situarse como uno de los principales líderes antitrumpistas europeos, los socialistas no logran remontar el vuelo. Y fuentes del PSOE se muestran cada vez más preocupadas ante la posibilidad de que esta deriva arrastre al partido a una derrota sin paliativos en las elecciones municipales y autonómicas del año que viene. 

Por el contrario, la estrategia del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sale reforzada. Aunque lo hace más por el mal desempeño del PSOE que porque los populares hayan logrado un gran resultado, Feijóo consigue hacerse con su segundo triunfo electoral en apenas dos meses, y ese viento de cola le servirá para afrontar los próximos comicios en Castilla y León (en marzo) y Andalucía (como tarde, en junio). 

El líder del PP, además, fortalece su posición de cara a las elecciones generales, su objetivo prioritario. De hecho, varios pesos pesados de la formación valoraron la victoria de Jorge Azcón en Aragón en clave nacional, incluido el propio Feijóo, que se preguntó en sus redes sociales «cuántas debacles más necesita Sánchez para entender que ya basta» y llamar a las urnas. 

No obstante, quien sale verdaderamente fortalecido de los comicios es un Vox que atraviesa un excelente momento de forma. De nuevo, como ya hizo en Extremadura, la formación presentó en Aragón a un candidato poco conocido e hizo girar su campaña en torno a su líder nacional, Santiago Abascal, que recurrió un discurso muy agresivo conta el PP y centrado en criticar la inmigración y el supuesto abandono del mundo rural. Y, de nuevo, ese enfoque funcionó muy bien: Vox disparó sus resultados sin prácticamente hacer mella en los de los populares. 

El magnífico resultado de los ultras refleja, además, que la fortaleza de Vox no es flor de un día y que ha logrado asentarse como uno de los grandes partidos del tablero político. Y ese auge, aunque acerca a Feijóo a la Moncloa, le aleja cada vez más de su aspiración de lograr una mayoría suficiente como para poder gobernar en solitario y aboca a un entendimiento entre dos formaciones que se necesitan tanto como recelan la una de la otra.

En el lado opuesto del espectro político, la izquierda alternativa, dividida nada menos que en tres listas, fue incapaz de capitalizar el desastre del PSOE. Chunta, aun con un resultado modesto, evidenció que las marcas con arraigo resisten mejor en sus territorios las épocas de vacas flacas. IU, por su parte, fue el único actor estatal que aguantó su escaño, pero la marca Sumar de Yolanda Díaz no le sirvió para mejorar en nada sus resultados de 2023. Por el contrario, Podemos se queda fuera de otro parlamento autonómico y su resultado, tras el espejismo de Extremadura, vuelve a demostrar la debilidad de la marca.

 20MINUTOS.ES – Nacional

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