Hasselblad enseña el camino a Europa: corazón sueco y músculo chino en el resurgir de una marca mítica

Los de Gotemburgo se han reposicionado en la industria fotográfica con una cámara de formato medio digital capaz de romper los límites de los sensores de mayor tamaño Leer Los de Gotemburgo se han reposicionado en la industria fotográfica con una cámara de formato medio digital capaz de romper los límites de los sensores de mayor tamaño Leer  

No hay caminos de rosas en la industria fotográfica. Ni siquiera los grandes jugones, marcas en general japonesas como Sony, Canon y Nikon, tienen garantizada la calma en un mundo dominado por los smartphones y la inmediatez. De la vieja industria europea, sometida a estos rigores con más ferocidad, sólo quedan dos casas históricas. Una es la alemana Leica, asociada generalmente a la fotografía callejera. Otra es la sueca Hasselblad, muy popular en la era analógica del medio formato y capaz de acompañar en las misiones Apolo a algunos de los astronautas que han surcado el espacio y pisado la Luna.

La transición de lo analógico a lo digital estuvo a punto de costarle la vida a Hasselblad. Mientras rivales como Phase One se adaptaban al molde nuevo, los de Gotemburgo tomaron la senda más romántica, una suerte de resistencia contra viento y marea despedazada con la aparición de las primeras cámaras réflex. En 2005, la firma escandinava se fusiona con el fabricante de escáneres y respaldos digitales Imacon para adentrarse por fin -aunque tímidamente- en la modernidad.

Entre 2011 y 2015, bajo la batuta de Ventizz Capital, se ensaya una suerte de aproximación leicanista al mercado con dispositivos diseñados junto a Sony a precios muy elevados para atacar el segmento del lujo. Los resultados fueron decepcionantes y la sombra de la quiebra revoloteó una vez más. Pero entonces entra en escena DJI, el gigante chino, dominador absoluto en el ámbito de los drones, primero con una participación minoritaria (2015) y después como accionista de referencia (2017).

Y así se llega al momento actual, definido por la simbiosis tecnológica y una mejoría permanente en el producto que cuestiona los límites del formato medio digital, tradicionalmente considerado lento y sólo apto para el trabajo de estudio. En Suecia se diseña la cámara X2D II 100c (7.200 euros), aunque haya componentes que procedan de China. Lo mismo ocurre con la nueva familia de objetivos con enfoque continuo (fabricados en Japón) y con el software que define la experiencia de usuario. DJI aporta el músculo financiero y deja libertad creativa a los ingenieros europeos. El resultado es espectacular.

Lo es, el primer lugar, por la ciencia de color de ese sensor de 100 megapíxeles fabricado por Sony y tuneado en Gotemburgo. No existe una sola cámara en el mercado (con la excepción de la carísima e inalcanzable Phase One XF) capaz de reproducir con tanta fidelidad lo que el ojo humano realmente ve a través del visor electrónico. Una X2D ahorra un tiempo precioso en la edición a fotógrafos de moda, belleza, paisaje y producto. Simple y llanamente, los colores rozan la perfección.

Pero más arrollador aún es comprobar que el autoenfoque, talón de Aquiles de los sensores de mayor tamaño, incorpora la tecnología LiDAR de DJI para permitir avances que antes eran impensables. La nitidez allá donde se busca deja de ser una tómbola para convertirse en una certeza incluso en condiciones de poca luz. Si a ese avance se suma la calidad de la familia más reciente de lentes f2.5 (38mm, 55mm y 90mm), con un equilibrio perfecto entre claridad y desenfoque y un punto claramente cinematográfico, puede entenderse que la marca ha dado con una fórmula sin parangón entre sus competidores.

El triunfo de esta receta no es nuevo: China dispone desde hace años de las mejores fábricas del mundo, es una potencia innovadora que dejó atrás la simpleza del copiar lo que otros hacen, nada en la abundancia del yuan y respeta la larga tradición de diseño industrial del viejo continente. En lugar de limitarse a salvar a Hasselblad, DJI ha lanzado un mensaje mucho más audaz que los suecos han cazado al vuelo: haced el mejor producto posible y aprovechad no sólo nuestro bíceps financiero, sino también nuestra mejor tecnología. Como consecuencia, Hasselblad comercializa actualmente la cámara más sorprendente y diferencial y la acompaña de tres ópticas cargadas de personalidad y magia.

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