Los premios Planeta de este año ya están en la calle. Sus propios autores, la aclamada Isabel Allende, con La hora antes del alba, y el joven valenciano Sergio Hernández, con La añoranza, los han presentado en la sede de la Real Academia de la Lengua, un escenario majestuoso para dos novelas que la moderadora del acto, Sonsoles Ónega, ha calificado de «un fiestón» para los lectores.
La ceremonia, a la que han asistido otros escritores como Paloma Sánchez-Garnica, Marta Robles, Alfonso Goizueta, Marcos Chicot y Megan Maxwell, ha contado también con la presencia de los allegados de los ganadores, en un clima de mucha familiaridad ya entre la consagrada Allende (84 años) y un recién llegado Hernández (32), como si fueran abuela y nieto.
Ónega, que conquistó el Planeta en 2023 con Las hijas de la criada, se ha sentado en el otro lado de la barrera. La periodista y escritora no ha escatimado elogios para los dos libros, cuya lectura le han dejado una orfandad al finalizarla. Y ha animado a Isabel Allende, que ha vuelto de California prácticamente para este acto y algunos encuentros con la prensa (entre ellos 20minutos), y a Sergio a que hablaran de las motivaciones que les llevaron a estas novelas.
Allende ha recordado así que su libro es la secuela de su famosísima y aplaudida La casa de los espíritus, escrita hace 45 años y está convertida ya en un clásico moderno. «Retomé la vida de Alba Trueba, el personaje que se queda sola en la casa y que sufre visitaciones, personajes que aparecen y no te dejan en paz. Es la metáfora de mi país, donde la casa languideció al llegar la dictadura. Ella hará que la casa herida sane».
La añoranza, el título que firma Sergio Hernández, la segunda que escribe en su vida, es en parte una novela de formación, el descubrimiento de la protagonista, Julia, del amor y de lo que fue la Guerra Civil, y sobre todo, un homenaje a Antonio Machado, cuyo exilio le planteó muchas preguntas.
Sin mensajes
Ambos autores, que no harán gira de promoción conjunta como es tradición, coinciden en que sus libros son paralelos, a pesar de la diferencia de edad entre ellos y de la distancia física que les separa. «Escribimos dos novelas tan relacionadas, donde todo se parece -mujer, amor, dictadura-, pero, separados por un océano. Dialogan cada una en su mundo», señaló Allende.
Ninguno tiene intención de transmitir un mensaje con sus relatos. «Uno cuenta las cosas como las ve, como las siente. Si el lector encuentra el mensaje de luz, bendito sea, no es nuestra intención». Pero ambos coinciden en que la crítica a los regímenes autoritarios está implícita en sus textos.
Allende alertó sobre «el coqueteo de la gente joven con la ultraderecha, el populismo, como no saben que es, creen que eso puede ser la solución. Y esto es como la buena saluda, la das por contado hasta que te falla. Pero los escritores tenemos antenas, captamos el inconsciente colectivo».
Hernández, por su parte, dijo: «Cuando uno escribe no tiene la voluntad de hacer algo premonitorio, pero e importante que mi generación hable de estos problemas».
Las anécdotas
En la charla hubo momentos para las anécdotas y las risas. A Sonsoles Ónega se le ‘escapó’ el final de la novela de Hernández, por lo que el presidente de Planeta la ‘regañó’. Allende habló largamente del amor, que en su caso «ha sido más de cantidad que de calidad». Recordó que no descarta casarse una cuarta vez y que «los amores que uno recuerda son los amores clásicos».
«Es en el dolor, la separación, donde está la historia. Por eso en mis libros me imagino que nadie se parece a Antonio Banderas, sino invento a alguien con pelo largo y barba que es guerrillero. Si yo no lo aguante, porque lo va a aguantar la protagonista. Y entonces lo mato. No ves al guerrillero paseando al perro, lavando platos…», bromeó con su habitual sentido del humor. «Las historias de amor si terminan bien, ya nadie las recuerda».
Las manías
En cuanto a manías, Allende recordó que siempre empieza sus libros el 8 de enero. «Si estoy viva, empezaré ese día a escribir de nuevo. El 7 de enero, todo esto que me está pasando, me lo tengo que sacar de la cabeza. Necesito una habitación propia, que está dentro de mi cabeza. Y que es sagrada».
Hernández señaló que le gustaría ser Bukowski, pero que su método es mucho más sencillo: «Ir al gimnasio, mantenerme en forma y pico y pala». Y anunció que ya está con otro libro en la cabeza, recomendación que le ha hecho su compañera de ‘viaje’. «No compartas lo que estás haciendo a nadie. Es como contarle a la gente de tu novio, viene otro y te lo quita», ironizó Allende entre las risas de la concurrencia.
La novelista chilena y el joven valenciano han estado moderados en la sede de la RAE por Sonsoles Ónega. Salen este 4 de noviembre a la venta.
Los premios Planeta de este año ya están en la calle. Sus propios autores, la aclamada Isabel Allende, con La hora antes del alba, y el joven valenciano Sergio Hernández, con La añoranza, los han presentado en la sede de la Real Academia de la Lengua, un escenario majestuoso para dos novelas que la moderadora del acto, Sonsoles Ónega, ha calificado de «un fiestón» para los lectores.
La ceremonia, a la que han asistido otros escritores como Paloma Sánchez-Garnica, Marta Robles, Alfonso Goizueta, Marcos Chicot y Megan Maxwell, ha contado también con la presencia de los allegados de los ganadores, en un clima de mucha familiaridad ya entre la consagrada Allende (84 años) y un recién llegado Hernández (32), como si fueran abuela y nieto.
Ónega, que conquistó el Planeta en 2023 con Las hijas de la criada, se ha sentado en el otro lado de la barrera. La periodista y escritora no ha escatimado elogios para los dos libros, cuya lectura le han dejado una orfandad al finalizarla. Y ha animado a Isabel Allende, que ha vuelto de California prácticamente para este acto y algunos encuentros con la prensa (entre ellos 20minutos), y a Sergio a que hablaran de las motivaciones que les llevaron a estas novelas.
Allende ha recordado así que su libro es la secuela de su famosísima y aplaudida La casa de los espíritus, escrita hace 45 años y está convertida ya en un clásico moderno. «Retomé la vida de Alba Trueba, el personaje que se queda sola en la casa y que sufre visitaciones, personajes que aparecen y no te dejan en paz. Es la metáfora de mi país, donde la casa languideció al llegar la dictadura. Ella hará que la casa herida sane».

La añoranza, el título que firma Sergio Hernández, la segunda que escribe en su vida, es en parte una novela de formación, el descubrimiento de la protagonista, Julia, del amor y de lo que fue la Guerra Civil, y sobre todo, un homenaje a Antonio Machado, cuyo exilio le planteó muchas preguntas.
Sin mensajes
Ambos autores, que no harán gira de promoción conjunta como es tradición, coinciden en que sus libros son paralelos, a pesar de la diferencia de edad entre ellos y de la distancia física que les separa. «Escribimos dos novelas tan relacionadas, donde todo se parece -mujer, amor, dictadura-, pero, separados por un océano. Dialogan cada una en su mundo», señaló Allende.
Ninguno tiene intención de transmitir un mensaje con sus relatos. «Uno cuenta las cosas como las ve, como las siente. Si el lector encuentra el mensaje de luz, bendito sea, no es nuestra intención». Pero ambos coinciden en que la crítica a los regímenes autoritarios está implícita en sus textos.

Allende alertó sobre «el coqueteo de la gente joven con la ultraderecha, el populismo, como no saben que es, creen que eso puede ser la solución. Y esto es como la buena saluda, la das por contado hasta que te falla. Pero los escritores tenemos antenas, captamos el inconsciente colectivo».
Hernández, por su parte, dijo: «Cuando uno escribe no tiene la voluntad de hacer algo premonitorio, pero e importante que mi generación hable de estos problemas».
Las anécdotas
En la charla hubo momentos para las anécdotas y las risas. A Sonsoles Ónega se le ‘escapó’ el final de la novela de Hernández, por lo que el presidente de Planeta la ‘regañó’. Allende habló largamente del amor, que en su caso «ha sido más de cantidad que de calidad». Recordó que no descarta casarse una cuarta vez y que «los amores que uno recuerda son los amores clásicos».
«Es en el dolor, la separación, donde está la historia. Por eso en mis libros me imagino que nadie se parece a Antonio Banderas, sino invento a alguien con pelo largo y barba que es guerrillero. Si yo no lo aguante, porque lo va a aguantar la protagonista. Y entonces lo mato. No ves al guerrillero paseando al perro, lavando platos…», bromeó con su habitual sentido del humor. «Las historias de amor si terminan bien, ya nadie las recuerda».
Las manías
En cuanto a manías, Allende recordó que siempre empieza sus libros el 8 de enero. «Si estoy viva, empezaré ese día a escribir de nuevo. El 7 de enero, todo esto que me está pasando, me lo tengo que sacar de la cabeza. Necesito una habitación propia, que está dentro de mi cabeza. Y que es sagrada».
Hernández señaló que le gustaría ser Bukowski, pero que su método es mucho más sencillo: «Ir al gimnasio, mantenerme en forma y pico y pala». Y anunció que ya está con otro libro en la cabeza, recomendación que le ha hecho su compañera de ‘viaje’. «No compartas lo que estás haciendo a nadie. Es como contarle a la gente de tu novio, viene otro y te lo quita», ironizó Allende entre las risas de la concurrencia.
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