Jimmy Lai, magnate prodemocracia de Hong Kong, condenado a 20 años de prisión por delitos contra la seguridad nacional

El empresario de 78 años, con pasaporte británico, fue declarado culpable en diciembre de sedición y conspiración Leer El empresario de 78 años, con pasaporte británico, fue declarado culpable en diciembre de sedición y conspiración Leer  

Jimmy Lai, magnate de los medios y símbolo del movimiento prodemocracia de Hong Kong, ha sido condenado a 20 años de prisión por delitos relacionados con la seguridad nacional. La sentencia, según los críticos, marca un hito en la transformación de la ciudad: de un bastión de libertades en Asia a un territorio donde la disidencia se enfrenta a sanciones severas bajo control directo de Pekín.

El empresario de 78 años, con pasaporte británico, fue declarado culpable en diciembre de sedición y conspiración para coludir con fuerzas extranjeras, aunque se declaró inocente de todos los cargos. Bajo la ley de seguridad nacional impuesta por el Gobierno chino tras las protestas de 2019 en Hong Kong, la colusión con potencias extranjeras puede acarrear cadena perpetua. Lai es hasta ahora la figura más prominente procesada bajo esta normativa represiva, usada contra disidentes y activistas.

El tribunal de Hong Kong consideró que Lai actuó como «autor intelectual» de conspiraciones destinadas a desestabilizar al Ejecutivo de Xi Jinping. Según la jueza Esther Toh, «no cabe duda de que el acusado nunca vaciló en su intención de desestabilizar al Partido Comunista Chino». Lai habría utilizado su influencia y fortuna para financiar grupos prodemocráticos que presionaron a gobiernos extranjeros para imponer sanciones contra China y Hong Kong, y empleó su extinto diario Apple Daily, fundado en 1995, para difundir materiales que el tribunal calificó de sediciosos entre abril de 2019 y junio de 2021.

La condena ha provocado criticas de gobiernos de países democráticos y organizaciones de derechos humanos, que han denunciado el juicio como un ataque a la libertad de prensa y a la independencia judicial. Elaine Pearson, directora para Asia de Human Rights Watch, calificó la sentencia de «cruel y una farsa» y afirmó que busca «silenciar a cualquiera que critique al Partido Comunista».

Desde Reino Unido, la ministra de Exteriores Yvette Cooper ya denunció un proceso «motivada políticamente», mientras el primer ministro Keir Starmer aseguró que planteó el caso de Lai en su encuentro con Xi Jinping en Pekín en enero. Washington también expresó su preocupación, y el expresidente Donald Trump llegó a prometer públicamente que intervendría para «salvarlo».

La familia de Lai ha reiterado su alarma por el deterioro de su salud en prisión, aunque las autoridades de Hong Kong y China sostienen que se encuentra en buen estado y que sus derechos están «plenamente protegidos».

El lunes, el tribunal también condenó a varios ex editores del Apple Daily a penas que rondaron los 10 años. Los jueces los consideraron «testigos cómplices» de los delitos de subversión.

«Este ha sido un juicio espectáculo desde el principio; el guion ya está escrito. Sabemos que se avecinaba una sentencia draconiana«, declaró Caoilfhionn Gallagher KC, quien dirige el equipo legal internacional del magnate. «Condenar a Jimmy Lai, que ya tiene 78 años, a dos décadas de prisión es una afrenta a la justicia y la culminación de más de cinco años de guerra jurídica maliciosa contra un valiente y anciano ciudadano británico y prisionero de conciencia».

El caso de Lai refleja el endurecimiento de la mano dura de Pekín sobre Hong Kong, donde la ley de seguridad nacional ha reemplazado las libertades que se prometieron a la ciudad tras su retorno a China en 1997. La disidencia organizada frente al Partido Comunista ya no tiene cabida en uno de los grandes centros financieros de Asia.

La historia de Jimmy Lai en Hong Kong comenzó con un acto de audacia propia de su carácter: a los 12 años se convirtió en polizón para escapar de China. Nació en Guangdong y, desde niño, conoció la dureza de la vida: con apenas nueve años cargaba bolsas en la estación de tren de su ciudad. En 1960, se escondió en el fondo de un barco con destino a Hong Kong, entonces colonia británica, y comenzó a ganarse la vida en una fábrica de guantes de lana.

A los 20 años ya había sido nombrado director de la fábrica, aunque la empresa estaba al borde de la quiebra. Lai arriesgó todos sus ahorros en la Bolsa y, con la suerte de su lado, ganó suficiente dinero para comprar la fábrica y transformarla en un próspero fabricante de suéteres destinados al mercado estadounidense.

En la década de 1980 fundó su primera marca de ropa, Giordano. Su primer intento, orientado a vender ropa cara para la élite colonial, fracasó. La clave del éxito llegó al reorientar el negocio hacia prendas asequibles para las clases medias y bajas. En pocos años, Giordano ya cotizaba en Bolsa.

Un punto de inflexión en su vida fue la masacre de Tiananmen, en junio de 1989. Lai ha recordado que la represión en Pekín lo empujó hacia los medios: «Fue la represión lo que me hizo dedicarme al negocio de la libertad». Su primer proyecto fue Next Weekly, una revista de investigación, seguida de otras publicaciones culturales, económicas y de viajes, todas con un hilo crítico constante hacia Pekín.

En 1995, apenas dos años antes de la devolución de Hong Kong a China, Lai invirtió 100 millones de dólares hongkoneses (unos 12 millones de euros) para lanzar Apple Daily, un tabloide sensacionalista que se convirtió rápidamente en uno de los periódicos más leídos de la ciudad y el eje de su incipiente imperio mediático, que también alcanzó Taiwan. El Apple Daily mezclaba noticias amarillistas locales, páginas de sociedad y reportajes de investigación, pero nunca perdió su línea editorial crítica con el Gobierno chino. Esta postura se intensificó en 2019, durante las masivas protestas prodemocracia.

Lai, que en 2020 tenía una fortuna estimada en 1.200 millones de dólares, financió movimientos estudiantiles y partidos prodemocracia que llenaron las calles de Hong Kong exigiendo más libertades. Participó en manifestaciones y se convirtió en uno de los benefactores más visibles de la causa.

Su enfrentamiento con la justicia comenzó en 2020: fue condenado por primera vez a cinco años y nueve meses por fraude. En 2021 recibió otra sentencia, de 13 meses, por incitar a los ciudadanos a participar en una conmemoración prohibida de la masacre de Tiananmen. Cada fallo fue seguido de críticas internacionales y denuncias de persecución política, consolidando su imagen como uno de los principales símbolos prodemocracia de Hong Kong.

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