Kokotxas de Bruno Galindo (Primera parte)

Introducción: En el comienzo, la prensa musical española más que de canciones hablaba de personajes. Era más prensa del corazón que del rock. Antes, como dice el título, Todo esto era campo. Quizá hubiera sido mejor para la cultura, así en general, que esa mitomanía popular se hubiera mantenido. En Francia han tenido a sus parejas perfectas, Johnny y Sylvie, Hardy y Dutronc. Incluso con Catherine Ringer de Les Rita Mitsouko o el cantante de Noir Desir, con su propio documental en Netflix, son personajes de consumo inmediato y vehiculan de manera estable su carera. documental en Netflix sobre el cantante de Noir Desir.

Sin ser trágicos, nos fijamos en Argentina, Charly García o Andrés Calamaro peleándose en televisión, con Fito Páez y sus parejas en las tapas de las revistas y la señora de la limpieza escuchando a Patricio Rey en su móvil. Pero en España, desde que acabó la Bola de Cristal, desde Alaska y Loquillo, desde el final de las imitaciones en Nochevieja, las abuelas no conocen a los rockeros españoles. Beatles, con los Beatles en España, con José Luis Álvarez, pensar que existen lugares en Inglaterra que no vieron tocar a los Beatles en directo y en España hicieron Madrid y Barcelona con poca entrada.

José Luis Álvarez, 1965, Fonorama, Dalila, el Cordobés, el pelo largo, Brian Epstein, personaje eoscuro, los beatniks, Torrebruno, la gracias del sombrero cordobés, revisar las versiones y el repertorio y darse cuenta de que estaban más cerca de los chicos de Hamburgo, con las prostitutas, los marineros y las anfetaminas que de la locura lisérgica y la paranoia de estudio y Yoko Ono que llegaría más tarde. Las canciones de Little Richards o Chuck Berry, las mismas que tocababan los grupos teloneros, los imitadores de Elvis. Las cantantes francesas, Bob Dylan, la soledad terrible, los primeros chicos aislados. Tenerife, Torremolinos, la Costa Brava. Pop y fans. Capas españolas. El genio en la sombra, Fernando Arbex.

Si están los Beatles, tienen que estar Los Brincos, la gran banda española, la que más hits facturó hasta que llegaron Los Planetas.

Una banda que sacó de Filipinas a los hermanos Morales, que sobrevivió a la escisión con Juan y Junior, así que había demasiados genios para un momento en el que la música estaba completamente controlada por las multinacionales. 1967, en la entrevista, ya se habían ido Juan y Junior, Miguel Morales murió hace unos meses. Mundo Joven. 1969. Reunión en la cumbre. Posiblemente nadie se da cuenta de la importancia del artículo, en la misma mesa Víctor Manuel, de cantautor comprometido (con la grabación de loa a Franco muy reciente), un primer Julio Iglesias, que se sabe más intérprete que compositor, pero que, como todos los grandes, cuando toca vampirizar quiere lo mejor, si es Juan Pardo (que está por ahí) o su trabajo con Ramón Arcusa (la cumbre de su carrera, en lo artístico), Juan Pardo y Mike Kennedy, alemán, el que mejor frasea en inglés, el solista de Los Bravos, separado ya del conjunto. Era la época de los Eps. Para los LPs estaban en la puerta los compositores y sus discos conceptuales.

Faltan en la mesa los dos más grandes, por un lado en la parte de los intérpretes, Raphael, y en la de los compositores, Serrat. Y los dos buscan arreglista. Mike habla (mil años antes que Manta Ray), del uso de la voz como instrumento, Julio y Juan Pardo les cuesta Dylan, lo respeta, pero, vuelve al tema del intérprete y los compositores, escribe poco, dice Julio, necesita, también un buen arreglista. Miguel Ríos, un poco en tierra de nadie, yeyé, que quiere ser un tipo serio, pero que le falta habilidad como compositor, acabará, no lo olvidemos, con el arreglo de Waldo de los Ríos y buscando a Sabina y Ramoncín para que le escriban las letras. O Luis García Montero. El del taxi. El burócrata. Juan Pardo dice que solo saben componer para él. Mike Kennedy pide temas. Todos tienen envidia de Teddy Bautista, que canta, compone, arregla, sabe de electricidad y de metales. Los poetas que no cantan, lo de Machado por Serrat (que no debía estar tan censurado por el franquismo). Se meten con Serrat y Machado. No les convence. Se nota que no está en la sala. Es un encuentro increíble.

Volvemos a lo fundacional, a Lennon en Londres. Sin redes sociales. Al final es tan sencillo como llegar, que no se fácil, claro, es 1969. Tan fácil como preguntar. Abbery Road. Punto. ¿por qué se ha casado en Gibraltar? Es para molestar a Franco. No, es que caímos por ahí. Se adivina el final de los Beatles. Solo nos juntamos para las grabaciones, dice Lennon, no compongo con Paul. Para cada ouno de los temas, vamos por separado, grabamos los instrumentos y luego, cada uno, mete las voces. Ya no es una labor de equipo. Escribo, grabo y canto. En los setenta, la dictablanda, revistas como Discóbolo, la música progresiva, la música dispersa, la unión entre Cataluña y Andalucía con el primer ácido, Sisa, Pau Riba, Antoñito Smash o Silvio.

Del mismo año 1970 aparece una reseña del festival de la Isla de Wight en la revista Mundo Joven a cargo de Mercedes Arancibia. Una organización que pierde dinero, la odisea de llegar desde España. Antes de la red, antes de las guías de Ajoblanco. Chubasqueros contra la lluvia impenitente de Londres, los Teddy Boys vs Hell Angels, elementos casi míticos. Fanzines y poemas repartidos entre el público. Ciencia Ficción, Alpha Centauri, Cura católico. Grupos: Miles Davis, en el jazz ácido, T. J. White, Sly&The Family Stone, funk ácido, en el mejor momento de su historia, de su tiempo, como The Who… y The Doors, con Jim, hinchado, narcóticos, barbas y añorando París. Ya eran revival, ya eran mitos los Everly Brothers. Por supuesto, Jimmy Hendrix, junto a Miles Davis, la guitarra que arde, las canciones folk de Joan Baez, Constantino Romero y Ángel Casas, antes de devorar y ser devorados por el personaje. Pero claro, entre 1970 y 1966 las cosas han cambiado, lo han hecho mucho, el declive, los hippies, encendidos, ¿flores y ácidos? Se ve el péndulo. 1971, Hendrix y Miles Davis, The Doors, Vietnam en Inglaterra: «Las canciones de Leonard Cohen, definidas como suicidas». Una de esas grabaciones que se guardan, bellos, eran las tres de la mañana y Cohen ya estaba dormido, con The Army, la gente estaba embrujada. Existe un cedé, una grabación, hipnotizados.

Seguimos con Mundo Joven, seguimos en el 70, ahora José María Iñigo, que inventó el yeyé con su piano de juguete en “Un dos tres al escondite inglés” de Iván Zulueta. Habla de la muerte de Janis Joplin. Ella buscaba al masculino Kriss Kristofferson en el Chelsea Hotel y se encontró con el taciturno Leonard Cohen. Nadie hablaba todavía del “Club de los veintisiete”. Un obituario que deja clara la poco obra y el exceso de alcohol. El mismo año, la misma revista. Mari Trini por Nativel Preciado.

Es curioso, pasar de Joplin a Mari Trini como de Cecilia a Joan Baez. Había muchas compositoras e intérpretes, era un mundo de solistas.

En España también se leyó sobre Woodstock. Aunque fuera en Triunfo. En 1971 y con María José Bagué haciendo un amago de escritura beatnik, la sucesión, salvaje, de palabras, metáforas y algo de rebeldía. Se notaba el tardofranquismo, aunque fuera por la posibilidad de hablar de chamanes y dinosaurios. Y si la primera parte comienza con los Beatles unidos, acaba con ellos separados. Si hay sitio para John Lennon, también para Paul. Y sus Wings. En el Gran Musical con un tipo muy obsesionado con los de Liverpool. Otro mito, Joaquín Luqui. Paul quería ser el jefe de la banda y se montó una. Al final, morir joven ayudaba al mito. Se vienen los setenta. Canela fina.

La misma cronología del libro, la misma evolución social, marca los textos seleccionados conforme avanzan los setenta, el último franquismo y el final de los setenta, justo el año anterior a la publicación de los discos fundamentales de la nueva ola. Underground. Es genérico, pero funciona, empiezan a aparecer los grandes nombres, las primeras revistas con historia (entiendo como histórica que ya haya merecido un estudio, un libro). La revista STAR (buscando en el almacén encuentro STAR. LA CONTRACULTURA DE LOS 70 de Juan José Fernández editado por Glenat), la biografía de Pepe Ribas, Ángeles bailando sobre la cabeza de un alfiler (Libros del KO,2025), el fundador del Ajoblanco y otras como Vibraciones o Disco Express. Las figuras de los enterados se institucionalizan… los que fundan, escriben, colaboran en las distintas publicaciones constituyen una lista reducida. En Andalucía, praderas y cuevas, Bob Dylan, Smash, Gualberto, la psicodelia. Libros como Esta vez venimos a golpear de Fran G. Matute (Silex) retratan al sur como en Barcelona, Pau Riba, Sisa… cantautores que se dan cuenta de que tienen que dejar la española de palo y tratar de reciclarse en electricidad del Canet y la Dioptría. La temática de las revistas es reducionista: además de lo anterior, tebeos, Kerouac y Ginsberg, William Burroughts y Lou Reed, incluyendo toda la saga The Velvet Underground (Nico, John Cale, No-Wave). King Crimson, Brian Eno y la trilogía berlinesa de David Bowie. Los discos dorados de los Rolling Stones, con Mick Taylor. En Madrid, la portada de Burning en STAR con el texto de Oriol Llopis (tristemente desaparecido, se pueden leer algunas de sus andanzas en “La magnitud del desastre. Memorias de un crítico de rock poco fiable” (66 RPM)).

Hay que pensar en las primeras cintas de casete, en los turismos de los hijos del «Baby Boom», con las primeras canciones de Leonard Cohen. Compro en la red el número de Vibraciones de 1974 en el que el bardo canadiense ocupa la portada e incluye la misma entrevista de Constantino Romero que aparece en esta antología. De esa misma revista aparece un texto de Ángel Casas, crónica de un concierto de David Bowie en 1973. Aquel día fue uno de los últimos días de Ziggy Stardust y Casas estuvo allí. Pero se nota que lo importa es lo que rodea, es más, no cita ni uno solo de los temas que interpreta. Casas, que terminará fagocitado por el sueldo público, el tabaco y los desnudos, es uno más en esa lista de la que hablamos, como Jordi Sierra y Fabra (que muchos conocimos como autor de literatura juvenil con influencias siempre beatle), el desaparecido Mariano Antolín Rato o Carlos Tena. Este se adentra en la poesía rítmica, el texto de corta y pega, acelerado. Punk y cantautores, como si acabara de tomarse uno de esos optalidón que usaba Francisco Umbral cuando no tenía la cabeza fresca. Luego terminaría en Cuba, entre Caja de ritmos, Auanbabulubabalambambú y los últimos años con “Lluvia de estrellas”. Entre medio las Vulpes. Y se censura. Y a callar. El texto de Ramón de España, mito viviente y del que se está reeditando y compilando su obra reciente (En Efe Eme han recuperado su “En la cresta de la nueva ola” aparecido por primera vez en 1981 y lo más reciente «La edad de plástico». También “Barcelona fantasma: Personas Y Lugares Que YA No Existen” (Vegueta Ediciones), recuerdos y columnas) ya avisa, ¿Estás preparado para la música de los 80? Buddy Holly, Gabardinas, ginebra, Viñetas con Enrique Vila-Matas, tecno pop, la nueva ola de Elvis Costello, modernidad sintetizadores mediante.

 Kokotxas: Las más selectas delicias del periodismo musical española editado por Liburuak  

Introducción: En el comienzo, la prensa musical española más que de canciones hablaba de personajes. Era más prensa del corazón que del rock. Antes, como dice el título, Todo esto era campo. Quizá hubiera sido mejor para la cultura, así en general, que esa mitomanía popular se hubiera mantenido. En Francia han tenido a sus parejas perfectas, Johnny y Sylvie, Hardy y Dutronc. Incluso con Catherine Ringer de Les Rita Mitsouko o el cantante de Noir Desir, con su propio documental en Netflix, son personajes de consumo inmediato y vehiculan de manera estable su carera. documental en Netflix sobre el cantante de Noir Desir

Sin ser trágicos, nos fijamos en Argentina, Charly García o Andrés Calamaro peleándose en televisión, con Fito Páez y sus parejas en las tapas de las revistas y la señora de la limpieza escuchando a Patricio Rey en su móvil. Pero en España, desde que acabó la Bola de Cristal, desde Alaska y Loquillo, desde el final de las imitaciones en Nochevieja, las abuelas no conocen a los rockeros españoles. Beatles, con los Beatles en España, con José Luis Álvarez, pensar que existen lugares en Inglaterra que no vieron tocar a los Beatles en directo y en España hicieron Madrid y Barcelona con poca entrada.

José Luis Álvarez, 1965, Fonorama, Dalila, el Cordobés, el pelo largo, Brian Epstein, personaje eoscuro, los beatniks, Torrebruno, la gracias del sombrero cordobés, revisar las versiones y el repertorio y darse cuenta de que estaban más cerca de los chicos de Hamburgo, con las prostitutas, los marineros y las anfetaminas que de la locura lisérgica y la paranoia de estudio y Yoko Ono que llegaría más tarde. Las canciones de Little Richards o Chuck Berry, las mismas que tocababan los grupos teloneros, los imitadores de Elvis. Las cantantes francesas, Bob Dylan, la soledad terrible, los primeros chicos aislados. Tenerife, Torremolinos, la Costa Brava. Pop y fans. Capas españolas. El genio en la sombra, Fernando Arbex.

Si están los Beatles, tienen que estar Los Brincos, la gran banda española, la que más hits facturó hasta que llegaron Los Planetas.

Una banda que sacó de Filipinas a los hermanos Morales, que sobrevivió a la escisión con Juan y Junior, así que había demasiados genios para un momento en el que la música estaba completamente controlada por las multinacionales. 1967, en la entrevista, ya se habían ido Juan y Junior, Miguel Morales murió hace unos meses. Mundo Joven. 1969. Reunión en la cumbre. Posiblemente nadie se da cuenta de la importancia del artículo, en la misma mesa Víctor Manuel, de cantautor comprometido (con la grabación de loa a Franco muy reciente), un primer Julio Iglesias, que se sabe más intérprete que compositor, pero que, como todos los grandes, cuando toca vampirizar quiere lo mejor, si es Juan Pardo (que está por ahí) o su trabajo con Ramón Arcusa (la cumbre de su carrera, en lo artístico), Juan Pardo y Mike Kennedy, alemán, el que mejor frasea en inglés, el solista de Los Bravos, separado ya del conjunto. Era la época de los Eps. Para los LPs estaban en la puerta los compositores y sus discos conceptuales.

 Faltan en la mesa los dos más grandes, por un lado en la parte de los intérpretes, Raphael, y en la de los compositores, Serrat. Y los dos buscan arreglista. Mike habla (mil años antes que Manta Ray), del uso de la voz como instrumento, Julio y Juan Pardo les cuesta Dylan, lo respeta, pero, vuelve al tema del intérprete y los compositores, escribe poco, dice Julio, necesita, también un buen arreglista. Miguel Ríos, un poco en tierra de nadie, yeyé, que quiere ser un tipo serio, pero que le falta habilidad como compositor, acabará, no lo olvidemos, con el arreglo de Waldo de los Ríos y buscando a Sabina y Ramoncín para que le escriban las letras. O Luis García Montero. El del taxi. El burócrata. Juan Pardo dice que solo saben componer para él. Mike Kennedy pide temas. Todos tienen envidia de Teddy Bautista, que canta, compone, arregla, sabe de electricidad y de metales. Los poetas que no cantan, lo de Machado por Serrat (que no debía estar tan censurado por el franquismo). Se meten con Serrat y Machado. No les convence. Se nota que no está en la sala. Es un encuentro increíble.

Volvemos a lo fundacional, a Lennon en Londres. Sin redes sociales. Al final es tan sencillo como llegar, que no se fácil, claro, es 1969. Tan fácil como preguntar. Abbery Road. Punto. ¿por qué se ha casado en Gibraltar? Es para molestar a Franco. No, es que caímos por ahí. Se adivina el final de los Beatles. Solo nos juntamos para las grabaciones, dice Lennon, no compongo con Paul. Para cada ouno de los temas, vamos por separado, grabamos los instrumentos y luego, cada uno, mete las voces. Ya no es una labor de equipo. Escribo, grabo y canto. En los setenta, la dictablanda, revistas como Discóbolo, la música progresiva, la música dispersa, la unión entre Cataluña y Andalucía con el primer ácido, Sisa, Pau Riba, Antoñito Smash o Silvio. 

Del mismo año 1970 aparece una reseña del festival de la Isla de Wight en la revista Mundo Joven a cargo de Mercedes Arancibia. Una organización que pierde dinero, la odisea de llegar desde España. Antes de la red, antes de las guías de Ajoblanco. Chubasqueros contra la lluvia impenitente de Londres, los Teddy Boys vs Hell Angels, elementos casi míticos. Fanzines y poemas repartidos entre el público. Ciencia Ficción, Alpha Centauri, Cura católico. Grupos: Miles Davis, en el jazz ácido, T. J. White, Sly&The Family Stone, funk ácido, en el mejor momento de su historia, de su tiempo, como The Who… y The Doors, con Jim, hinchado, narcóticos, barbas y añorando París. Ya eran revival, ya eran mitos los Everly Brothers. Por supuesto, Jimmy Hendrix, junto a Miles Davis, la guitarra que arde, las canciones folk de Joan Baez, Constantino Romero y Ángel Casas, antes de devorar y ser devorados por el personaje. Pero claro, entre 1970 y 1966 las cosas han cambiado, lo han hecho mucho, el declive, los hippies, encendidos, ¿flores y ácidos? Se ve el péndulo. 1971, Hendrix y Miles Davis, The Doors, Vietnam en Inglaterra: «Las canciones de Leonard Cohen, definidas como suicidas». Una de esas grabaciones que se guardan, bellos, eran las tres de la mañana y Cohen ya estaba dormido, con The Army, la gente estaba embrujada. Existe un cedé, una grabación, hipnotizados.

Seguimos con Mundo Joven, seguimos en el 70, ahora José María Iñigo, que inventó el yeyé con su piano de juguete en “Un dos tres al escondite inglés” de Iván Zulueta. Habla de la muerte de Janis Joplin. Ella buscaba al masculino Kriss Kristofferson en el Chelsea Hotel y se encontró con el taciturno Leonard Cohen. Nadie hablaba todavía del “Club de los veintisiete”. Un obituario que deja clara la poco obra y el exceso de alcohol. El mismo año, la misma revista. Mari Trini por Nativel Preciado. 

Es curioso, pasar de Joplin a Mari Trini como de Cecilia a Joan Baez. Había muchas compositoras e intérpretes, era un mundo de solistas.

 En España también se leyó sobre Woodstock. Aunque fuera en Triunfo. En 1971 y con María José Bagué haciendo un amago de escritura beatnik, la sucesión, salvaje, de palabras, metáforas y algo de rebeldía. Se notaba el tardofranquismo, aunque fuera por la posibilidad de hablar de chamanes y dinosaurios. Y si la primera parte comienza con los Beatles unidos, acaba con ellos separados. Si hay sitio para John Lennon, también para Paul. Y sus Wings. En el Gran Musical con un tipo muy obsesionado con los de Liverpool. Otro mito, Joaquín Luqui. Paul quería ser el jefe de la banda y se montó una. Al final, morir joven ayudaba al mito. Se vienen los setenta. Canela fina.

La misma cronología del libro, la misma evolución social, marca los textos seleccionados conforme avanzan los setenta, el último franquismo y el final de los setenta, justo el año anterior a la publicación de los discos fundamentales de la nueva ola. Underground. Es genérico, pero funciona, empiezan a aparecer los grandes nombres, las primeras revistas con historia (entiendo como histórica que ya haya merecido un estudio, un libro). La revista STAR (buscando en el almacén encuentro STAR. LA CONTRACULTURA DE LOS 70 de Juan José Fernández editado por Glenat), la biografía de Pepe Ribas, Ángeles bailando sobre la cabeza de un alfiler (Libros del KO,2025), el fundador del Ajoblanco y otras como Vibraciones o Disco Express. Las figuras de los enterados se institucionalizan… los que fundan, escriben, colaboran en las distintas publicaciones constituyen una lista reducida. En Andalucía, praderas y cuevas, Bob Dylan, Smash, Gualberto, la psicodelia. Libros como Esta vez venimos a golpear de Fran G. Matute (Silex) retratan al sur como en Barcelona, Pau Riba, Sisa… cantautores que se dan cuenta de que tienen que dejar la española de palo y tratar de reciclarse en electricidad del Canet y la Dioptría. La temática de las revistas es reducionista: además de lo anterior, tebeos, Kerouac y Ginsberg, William Burroughts y Lou Reed, incluyendo toda la saga The Velvet Underground (Nico, John Cale, No-Wave). King Crimson, Brian Eno y la trilogía berlinesa de David Bowie. Los discos dorados de los Rolling Stones, con Mick Taylor. En Madrid, la portada de Burning en STAR con el texto de Oriol Llopis (tristemente desaparecido, se pueden leer algunas de sus andanzas en “La magnitud del desastre. Memorias de un crítico de rock poco fiable” (66 RPM)). 

Hay que pensar en las primeras cintas de casete, en los turismos de los hijos del «Baby Boom», con las primeras canciones de Leonard Cohen. Compro en la red el número de Vibraciones de 1974 en el que el bardo canadiense ocupa la portada e incluye la misma entrevista de Constantino Romero que aparece en esta antología. De esa misma revista aparece un texto de Ángel Casas, crónica de un concierto de David Bowie en 1973. Aquel día fue uno de los últimos días de Ziggy Stardust y Casas estuvo allí. Pero se nota que lo importa es lo que rodea, es más, no cita ni uno solo de los temas que interpreta. Casas, que terminará fagocitado por el sueldo público, el tabaco y los desnudos, es uno más en esa lista de la que hablamos, como Jordi Sierra y Fabra (que muchos conocimos como autor de literatura juvenil con influencias siempre beatle), el desaparecido Mariano Antolín Rato o Carlos Tena. Este se adentra en la poesía rítmica, el texto de corta y pega, acelerado. Punk y cantautores, como si acabara de tomarse uno de esos optalidón que usaba Francisco Umbral cuando no tenía la cabeza fresca. Luego terminaría en Cuba, entre Caja de ritmos, Auanbabulubabalambambú y los últimos años con “Lluvia de estrellas”. Entre medio las Vulpes. Y se censura. Y a callar. El texto de Ramón de España, mito viviente y del que se está reeditando y compilando su obra reciente (En Efe Eme han recuperado su “En la cresta de la nueva ola” aparecido por primera vez en 1981 y lo más reciente «La edad de plástico». También “Barcelona fantasma: Personas Y Lugares Que YA No Existen” (Vegueta Ediciones), recuerdos y columnas) ya avisa, ¿Estás preparado para la música de los 80? Buddy Holly, Gabardinas, ginebra, Viñetas con Enrique Vila-Matas, tecno pop, la nueva ola de Elvis Costello, modernidad sintetizadores mediante. 

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