Kokotxas de Bruno Galindo (Segunda parte)

Y es que la tercera parte, Modernidad (1980-1989) no es una cuestión de cronología o de numerología. Recapitulemos, en 1980, el primer disco de Nacha Pop, Horror en el hipermercado de Alaska y Pegamoides y Música moderna de Radio Futura. Pero comienza con La banda trapera del río en la carretera, con Ignacio Juliá, el tipo que fundó Ruta 66, resistencia en papel. Morfi en Barcelona y Antonio en Madrid. De Cataluña al País Vasco parando por Zaragoza. Antes de La Movida, entre pabellones y locales mal sonorizados. Faltan unos años para que germinen los rockers y los mods, escondidos, aburridos, sin discos, pensando que la rumba catalana es algo cateto. Llegarán las camisas de lunares, Sabino Méndez, 091 y Joe Strummer flipando por Federico García Lorca después del fallido concierto de The Clash en San Sebastián. Vio demasiado plomo y aquella brasa del Sandinista, tres discos, café para muy cafeteros. Pero es la típica movida en la que todo el mundo estuvo, pero visto en perspectiva, la juventud vasca, al borde del abismo, con Fermín Muguruza y Potato. Euskadi tropical. Muchas risas y muchos tiros. Chico, a mí esto me supera. Lo siento. Para eso me compró el ABC, el suplemento cultural y los domingos, el Dominical, con los Bee Gees. Que querían escapar de la Fiebre del sábado noche. Los Bee Gees con sus armonías vocales sin saber que entre los canguros ya se estaban calentando The Birthday Party. De todos modos, Travolta hizo la fiebre y la brillantina y, sin brillantina, no hubiera habido chupas de cuero en el Corte Inglés. Y sin cazadoras chulas, da igual los artículos o los reportajes que escribas.

En 1984 con La Luna de Madrid, se impone la revista a los contenidos. Parece imposible, pero es así, la creación de las tendencias, el reflejo de corrientes que la misma publicación ha generado. Es una polaroid de movimientos. La aparición del scratch (o su llegada, como siempre, retrasada en España) frente a “Rock torero”. Aunque solo hablaban de toros Gabinete Caligari, es cierto que en España se aportó una mezcla, tango, copla y anglosajón más percusiones. Así que la guitarra española de Kiko Veneno tocada con púa, Víctor Coyote, el mestizaje, los Mestizos de Huesca… mezclar lo que escuchan los hijos de la radio con el pop inglés, algo de mambo y orquesta con letra. De pronto, encontrarse con el artículo-queja de Diego A. Manrique, también en la Luna, a mediados de la década. Manrique, que sabe, sabía, nadie lo niega, pero que se hizo fuerte en Radio 3, en El País… fue parte, ha sido parte de las taifas de la radio pública desde hace décadas. He leído sobre eso, Carlos H. o Miqui Puig, que no han tenido su lugar. Pero eso ya, tiene un punto de ideología, más que de contenido. Gastos pagados, vacaciones, radio, prensa escrita, televisión, es cultura amigo, es mi cultura. Si entonces no funcionaba, que había dinero público, dinero de medios, discográficas, dinero de publicidad. Si no funcionaba entonces, cómo va a funcionar ahora.

Eran tiempos en los que los gurús decidían el qué y el cuándo, desde lo mediático a lo popular. La realidad es que en 1985, en Rockdelux, en el comienzo, antes de inventarse los grupos, como le decía Loquillo (que era portada, como también aparecerían Mecano y El Último de la Fila en la lista de las mejores canciones). Miguel Ángel Arenas y Elena Gabriel, por lo menos reconocerles que son los que primero se acercan al rock latino. ¿Es Caetano Veloso rock latino? Es un mito. Un mito progre. Pero un mito. No es Charly García, ni Soda Stéreo, ni Jaguares o Maldita Vecindad. No es Aterciopelados. Ninguno de esos saldrá en Rockdelux nunca y eso provocará que la escena española tenga siempre un hueco, un erial. Músicos y oyentes. Tendrán que pasar quince años para la llegada de Efe Eme y, sobre todo Zona de obras, para que esto se subsane. Muy tarde… Brasil tiene algo que le gusta a la prensa catalana, a la modernidad del Mediterráneo. ¿Es el tema atlántico algo alejado del centralismo? ¿Ser fan de Gustavo Cerati te convierte en españolazo? Primero Caetano, luego, lo dicho, quince años, David Byrne revisando el Tropicalismo, Os mutantes, Luaka Bop.

Nos habían pasado por encima Mano Negra, pero eran franceses y un poquito, sí otra vez, antiespañoles (Manu Chao siempre en la zona de Fermín Muguruza y demás acólitos, sandinistas y bombas). Olvídate de Francia (de nuevo, otros quince años para volver con Green Ufos y Dominique A.) e Italia. Quizá tenga que ver con los planes de estudios. La EGB es inglés. Parece que no sirvió para mucho, pero recordad a las chicas nacidas a finales de los setenta, cómo se sabían las letras de U2, cómo recitan los versos de with or without you o de One. Sí, mujeres, que los hombres estuvieron años adaptando los temas para hacer versiones. De Caetano Veloso la pregunta sería, ¿de dónde sacamos los discos? ¿Importados del Brasil? Igual viajamos a Lisboa con Jesús Ordovás, que siempre recibía el mejor material. O Santiago Auserón, que grabó una versión de “Tierra” de Caetano Veloso en el último LP de Radio Futura. Pero antes de “Tierra para bailar” estuvo “De un país en llamas”.

Ordovás y Auserón hablando de uno de los discos básicos, fundamentales, estructurales. Conla distancia todavía más impactante que un disco tan español se grabara en Londres. Luego vendría “La canción de Juan Perro” que notable, pero nada que ver. Jesús Ordovás en 1985 todavía estaba con Bob Dylan, no había llegado a los Fresones Rebeldes, la chupa de cuero no le quedaba grande, le faltaban unos años para pasar de enterado a funcionarial, de rebelde de bodeguilla a quejoso jubilado. Se adentran en la naturaleza de Auserón como letrista imaginativo, los sonidos, cuánticamente separados del pop. Más allá de la lírica en el texto se refleja el trabajo de preproducción de las canciones, la instrumentación, la presencia del productor Joe Dworniak que entendió muy bien el sonido británico con canciones en español. Joe Dworniak tenía una banda de sonido mestizo (todo lo que puede ser en el Londres de John Foxx) y produjo con mucho tino también el “Échate un cantecito” de Kiko Veneno o el debut de Jarabe de Palo. Esa capacidad de aunar dos mundos tan distintos, sin perder la esencia, recuerda al trabajo de Joe Blaney con Charly García o Los Rodríguez o Phil Manzanera con Héroes del Silencio y Gabinete Caligari.

Aunque quizás lo más interesante, históricamente hablando, de la entrevista es cómo Santiago Auserón incide en la necesidad de la creación de un circuito provincial, de salas de tamaño medio, que escape, por un lado a las discotecas y garitos de los setenta o la masificación (con dinero público, ayuntamientos y diputaciones socialistas) de las plazas de toros y los estadios. Esos lugares intermedios permitirían foguearse, escalar posiciones, centrar proyectos musicales. ¿Se consiguió en los años siguientes? No del todo, pero, ciertamente, Zaragoza, Valencia, Sevilla… Valladolid o Tarragona, todas acabaron con sus lugares para tocar, con un equipo más o menos suficiente y con capacidad para la supervivencia económica a pesar de los vaivenes que sufriría la música en directo desde el fallecimiento de la España mastodóntica de 1992.

Honra a Bruno Galindo que se detenga en Matías Uribe. Es cierto que no se puede programar un libro sobre música en España sin el grupo más importante de su historia. Pop, rock o la etiqueta que quieras. Nadie ha aunado éxito internacional, ventas y calidad de su propuesta como Héroes del Silencio. Y Matías Uribe estuvo allí, con ellos, desde el principio. Uribe, periodista de raza, de la estirpe de periodistas musicales capaces de ser críticos (y mostrar las vergüenzas del rey desnudo, Miguel Ríos, en lo más alto de su carrera), no se callaba. Sonido o canciones. En Aragón las cosas comienzan en los ochenta con Los Mestizos y Proscritos, de la provincia de Huesca, y hasta los noventa no explota la escena en Zaragoza. Pero cuando lo hace, es a lo grande. Heraldo de Aragón y sus suplementos dominicales: Esta entrevista, 1987, nos llega en el momento que los Héroes del Silencio, con la EMI en la puerta, Gustavo Montesano, el famoso concierto de En Bruto (la sala, por cierto, que emparenta con el circuito de salas del que hablábamos antes), canciones que eran muy ochenta, afterpunk, siniestro, nueva ola, patillas cortas, pelos cardados (The Smiths, David Bowie,U2, Simple Minds o The Cure), luego llegaría la electricidad y volver a los setenta para aguantar el rock de estadio. Funcionan al comienzo, olvidar el centralismo, ensayar, componer, nada de alcohol. Ojo a la errata de hablar de Mar Muerto cuando querían hablar de El Mar no cesa o Mar Adentro, habría que verlo (la anécdota habla de una confusión con la primera banda de Javier Corcobado, Mar otra vez). «No beben alcohol/están en contra de todo lo que huela a droga». Pues muy bien. Queda la sensación de que faltaba tanto por vivir.

¿Cómo termina la década? Con Diario 16, Camarón de la Isla y tres cuartos de entrada. La divinidad de humo, miel y heroína podía pinchar alguna vez. Y Patricia Godes, imprescindible (como Silvia Grijalba, que aparece más adelante), con CTXT, hablando del machismo en la música

. Siempre está la duda de si las mujeres, las chicas, las niñas, pueden montar una banda en España o podían montarla en 2016 con más o menos facilidad que en Irán.

El gran musical, de los 40 principales (Radio a papel y televisión), con Christina Rosenvinge en la portada Navidades de 1989 disfrazada de Mama Noel. Así podría comenzar la cuarta parte, “diarios, revistas y suplementos”. Antes de internet. Con la llegada de la red. Se acabe el dinero de los ayuntamientos, pero se mantienen los de las cajas de ahorros. Todavía había algo para el papel como el Mondo Sonoro, para los suplementos de los viernes en la prensa generalista y regional, las guías de ocio gratuitas, prensa universitaria, revistas como Rockdelux, Efe Eme, Popular 1, Ruta 66, reciben publicidad de los sellos discográficos, que todavía venden discos. Incluso las independientes como Subterfuge o Grabaciones en el mar tienen sus propias revistas, entre la promoción y el fanzine. Uno de ellos, Munster Records, que eran un sello que importaba discos, tiene una revista, La Herencia de los Munster, vendía camisetas y junto con la mítica cabecera Tipo, la que mejor servicio por correo tenía.Iñigo Munster aparece, con su gusto por el garaje, por la música australiana, manteniendo vivo el vinilo. Vendían casetes y entrevista a Tav Falco. Bajo la lluvia leo a José Luis Martín en Popular 1 conversando con JJ. Cale, el tipo que se hizo famoso por la adicción de Eric Clapton, haciendo rockabilly sentado, Cocaine.

Aquellos avisos de correo en papel amarillo.

Y llega EFE EME. En la entrevista de Luis Clemente, con Kiko Veneno y Raimundo Amador se puede detectar una tendencia: profundidad, datos, listados, referencias cruzadas, proyectos paralelos, maquetas. Cosas que nadie conoce, que convierten cada artículo en una especie de tesina. Empieza a recuperarse el pasado de manera casi enciclopédica. 1998, el cambio de siglo. Se suben las cosas a la red, se ripean casetes y aparen en formato mp3 vinilos perdidos y conciertos grabados en radio o en un local. Rarezas que se reproducen como un virus benigno. Es curioso, por cierto, que en el Zona de Obras (la otra revista de cabecera de la época, la que ofrece una nutritiva mezcla de cultura latinoamericana, gusto, diseño, y literatura), número 13, 850 pesetas, desde Zaragoza, ofrece la misma entrevista, la misma pareja. Con un cedé dedicado a Flor de Pasión. No aparece en el libro ningún texto de Zona de Obras. Quizá alguien debería haber convencido a Bruno Galindo de que recuperara sus aportaciones para el mayúsculo monográfico sobre Brasil. Todo lo que hizo Rubén Scaramuzzino. El recuerdo.

Raimundo y Kiko, con la vuelta de Veneno, empiezan a regalar discos con las revistas (ya no flexi-disc, casetes), son muy baratos. Las tostadoras, las bobinas. Las primeras golosinas con inéditos, los fanzines que hacen sus propias mixtapes, tributos en red. En el final de siglo, la composición manual con powerpoint, el Indesing, se viene la última revolución de los fanzines. Todavía con grapas, pero enviando los artículos por correo electrónico. Esas mixtapes ya incluyen temas inéditos o grabados para la ocasión, porque, además de las grabadoras de cedés el cambio de siglo también trae los estudios caseros de grabación de música. Podríamos nombrar a los fanzines, pero es cierto que el salto del fanzine a la prensa oficial era el gran sueño de cualquiera de los que estaban metidos en las grapas.

 Kokotxas: Las más selectas delicias del periodismo musical española editado por Liburuak  

Y es que la tercera parte, Modernidad (1980-1989) no es una cuestión de cronología o de numerología. Recapitulemos, en 1980, el primer disco de Nacha Pop, Horror en el hipermercado de Alaska y Pegamoides y Música moderna de Radio Futura. Pero comienza con La banda trapera del río en la carretera, con Ignacio Juliá, el tipo que fundó Ruta 66, resistencia en papel. Morfi en Barcelona y Antonio en Madrid. De Cataluña al País Vasco parando por Zaragoza. Antes de La Movida, entre pabellones y locales mal sonorizados. Faltan unos años para que germinen los rockers y los mods, escondidos, aburridos, sin discos, pensando que la rumba catalana es algo cateto. Llegarán las camisas de lunares, Sabino Méndez, 091 y Joe Strummer flipando por Federico García Lorca después del fallido concierto de The Clash en San Sebastián. Vio demasiado plomo y aquella brasa del Sandinista, tres discos, café para muy cafeteros. Pero es la típica movida en la que todo el mundo estuvo, pero visto en perspectiva, la juventud vasca, al borde del abismo, con Fermín Muguruza y Potato. Euskadi tropical. Muchas risas y muchos tiros. Chico, a mí esto me supera. Lo siento. Para eso me compró el ABC, el suplemento cultural y los domingos, el Dominical, con los Bee Gees. Que querían escapar de la Fiebre del sábado noche. Los Bee Gees con sus armonías vocales sin saber que entre los canguros ya se estaban calentando The Birthday Party. De todos modos, Travolta hizo la fiebre y la brillantina y, sin brillantina, no hubiera habido chupas de cuero en el Corte Inglés. Y sin cazadoras chulas, da igual los artículos o los reportajes que escribas. 

En 1984 con La Luna de Madrid, se impone la revista a los contenidos. Parece imposible, pero es así, la creación de las tendencias, el reflejo de corrientes que la misma publicación ha generado. Es una polaroid de movimientos. La aparición del scratch (o su llegada, como siempre, retrasada en España) frente a “Rock torero”. Aunque solo hablaban de toros Gabinete Caligari, es cierto que en España se aportó una mezcla, tango, copla y anglosajón más percusiones. Así que la guitarra española de Kiko Veneno tocada con púa, Víctor Coyote, el mestizaje, los Mestizos de Huesca… mezclar lo que escuchan los hijos de la radio con el pop inglés, algo de mambo y orquesta con letra. De pronto, encontrarse con el artículo-queja de Diego A. Manrique, también en la Luna, a mediados de la década. Manrique, que sabe, sabía, nadie lo niega, pero que se hizo fuerte en Radio 3, en El País… fue parte, ha sido parte de las taifas de la radio pública desde hace décadas. He leído sobre eso, Carlos H. o Miqui Puig, que no han tenido su lugar. Pero eso ya, tiene un punto de ideología, más que de contenido. Gastos pagados, vacaciones, radio, prensa escrita, televisión, es cultura amigo, es mi cultura. Si entonces no funcionaba, que había dinero público, dinero de medios, discográficas, dinero de publicidad. Si no funcionaba entonces, cómo va a funcionar ahora.

Eran tiempos en los que los gurús decidían el qué y el cuándo, desde lo mediático a lo popular. La realidad es que en 1985, en Rockdelux, en el comienzo, antes de inventarse los grupos, como le decía Loquillo (que era portada, como también aparecerían Mecano y El Último de la Fila en la lista de las mejores canciones). Miguel Ángel Arenas y Elena Gabriel, por lo menos reconocerles que son los que primero se acercan al rock latino. ¿Es Caetano Veloso rock latino? Es un mito. Un mito progre. Pero un mito. No es Charly García, ni Soda Stéreo, ni Jaguares o Maldita Vecindad. No es Aterciopelados. Ninguno de esos saldrá en Rockdelux nunca y eso provocará que la escena española tenga siempre un hueco, un erial. Músicos y oyentes. Tendrán que pasar quince años para la llegada de Efe Eme y, sobre todo Zona de obras, para que esto se subsane. Muy tarde… Brasil tiene algo que le gusta a la prensa catalana, a la modernidad del Mediterráneo. ¿Es el tema atlántico algo alejado del centralismo? ¿Ser fan de Gustavo Cerati te convierte en españolazo? Primero Caetano, luego, lo dicho, quince años, David Byrne revisando el Tropicalismo, Os mutantes, Luaka Bop.  

Nos habían pasado por encima Mano Negra, pero eran franceses y un poquito, sí otra vez, antiespañoles (Manu Chao siempre en la zona de Fermín Muguruza y demás acólitos, sandinistas y bombas). Olvídate de Francia (de nuevo, otros quince años para volver con Green Ufos y Dominique A.) e Italia. Quizá tenga que ver con los planes de estudios. La EGB es inglés. Parece que no sirvió para mucho, pero recordad a las chicas nacidas a finales de los setenta, cómo se sabían las letras de U2, cómo recitan los versos de with or without you o de One. Sí, mujeres, que los hombres estuvieron años adaptando los temas para hacer versiones. De Caetano Veloso la pregunta sería, ¿de dónde sacamos los discos? ¿Importados del Brasil? Igual viajamos a Lisboa con Jesús Ordovás, que siempre recibía el mejor material. O Santiago Auserón, que grabó una versión de “Tierra” de Caetano Veloso en el último LP de Radio Futura. Pero antes de “Tierra para bailar” estuvo “De un país en llamas”.

Ordovás y Auserón hablando de uno de los discos básicos, fundamentales, estructurales. Conla distancia todavía más impactante que un disco tan español se grabara en Londres. Luego vendría “La canción de Juan Perro” que notable, pero nada que ver. Jesús Ordovás en 1985 todavía estaba con Bob Dylan, no había llegado a los Fresones Rebeldes, la chupa de cuero no le quedaba grande, le faltaban unos años para pasar de enterado a funcionarial, de rebelde de bodeguilla a quejoso jubilado. Se adentran en la naturaleza de Auserón como letrista imaginativo, los sonidos, cuánticamente separados del pop. Más allá de la lírica en el texto se refleja el trabajo de preproducción de las canciones, la instrumentación, la presencia del productor Joe Dworniak que entendió muy bien el sonido británico con canciones en español. Joe Dworniak tenía una banda de sonido mestizo (todo lo que puede ser en el Londres de John Foxx) y produjo con mucho tino también el “Échate un cantecito” de Kiko Veneno o el debut de Jarabe de Palo. Esa capacidad de aunar dos mundos tan distintos, sin perder la esencia, recuerda al trabajo de Joe Blaney con Charly García o Los Rodríguez o Phil Manzanera con Héroes del Silencio y Gabinete Caligari.

Aunque quizás lo más interesante, históricamente hablando, de la entrevista es cómo Santiago Auserón incide en la necesidad de la creación de un circuito provincial, de salas de tamaño medio, que escape, por un lado a las discotecas y garitos de los setenta o la masificación (con dinero público, ayuntamientos y diputaciones socialistas) de las plazas de toros y los estadios. Esos lugares intermedios permitirían foguearse, escalar posiciones, centrar proyectos musicales. ¿Se consiguió en los años siguientes? No del todo, pero, ciertamente, Zaragoza, Valencia, Sevilla… Valladolid o Tarragona, todas acabaron con sus lugares para tocar, con un equipo más o menos suficiente y con capacidad para la supervivencia económica a pesar de los vaivenes que sufriría la música en directo desde el fallecimiento de la España mastodóntica de 1992.

Honra a Bruno Galindo que se detenga en Matías Uribe. Es cierto que no se puede programar un libro sobre música en España sin el grupo más importante de su historia. Pop, rock o la etiqueta que quieras. Nadie ha aunado éxito internacional, ventas y calidad de su propuesta como Héroes del Silencio. Y Matías Uribe estuvo allí, con ellos, desde el principio. Uribe, periodista de raza, de la estirpe de periodistas musicales capaces de ser críticos (y mostrar las vergüenzas del rey desnudo, Miguel Ríos, en lo más alto de su carrera), no se callaba. Sonido o canciones. En Aragón las cosas comienzan en los ochenta con Los Mestizos y Proscritos, de la provincia de Huesca, y hasta los noventa no explota la escena en Zaragoza. Pero cuando lo hace, es a lo grande. Heraldo de Aragón y sus suplementos dominicales: Esta entrevista, 1987, nos llega en el momento que los Héroes del Silencio, con la EMI en la puerta, Gustavo Montesano, el famoso concierto de En Bruto (la sala, por cierto, que emparenta con el circuito de salas del que hablábamos antes), canciones que eran muy ochenta, afterpunk, siniestro, nueva ola, patillas cortas, pelos cardados (The Smiths, David Bowie,U2, Simple Minds o The Cure), luego llegaría la electricidad y volver a los setenta para aguantar el rock de estadio. Funcionan al comienzo, olvidar el centralismo, ensayar, componer, nada de alcohol. Ojo a la errata de hablar de Mar Muerto cuando querían hablar de El Mar no cesa o Mar Adentro, habría que verlo (la anécdota habla de una confusión con la primera banda de Javier Corcobado, Mar otra vez). «No beben alcohol/están en contra de todo lo que huela a droga». Pues muy bien. Queda la sensación de que faltaba tanto por vivir.

¿Cómo termina la década? Con Diario 16, Camarón de la Isla y tres cuartos de entrada. La divinidad de humo, miel y heroína podía pinchar alguna vez. Y Patricia Godes, imprescindible (como Silvia Grijalba, que aparece más adelante), con CTXT, hablando del machismo en la música

. Siempre está la duda de si las mujeres, las chicas, las niñas, pueden montar una banda en España o podían montarla en 2016 con más o menos facilidad que en Irán.

El gran musical, de los 40 principales (Radio a papel y televisión), con Christina Rosenvinge en la portada Navidades de 1989 disfrazada de Mama Noel. Así podría comenzar la cuarta parte, “diarios, revistas y suplementos”. Antes de internet. Con la llegada de la red. Se acabe el dinero de los ayuntamientos, pero se mantienen los de las cajas de ahorros. Todavía había algo para el papel como el Mondo Sonoro, para los suplementos de los viernes en la prensa generalista y regional, las guías de ocio gratuitas, prensa universitaria, revistas como Rockdelux, Efe Eme, Popular 1, Ruta 66, reciben publicidad de los sellos discográficos, que todavía venden discos. Incluso las independientes como Subterfuge o Grabaciones en el mar tienen sus propias revistas, entre la promoción y el fanzine. Uno de ellos, Munster Records, que eran un sello que importaba discos, tiene una revista, La Herencia de los Munster, vendía camisetas y junto con la mítica cabecera Tipo, la que mejor servicio por correo tenía.Iñigo Munster aparece, con su gusto por el garaje, por la música australiana, manteniendo vivo el vinilo. Vendían casetes y entrevista a Tav Falco. Bajo la lluvia leo a José Luis Martín en Popular 1 conversando con JJ. Cale, el tipo que se hizo famoso por la adicción de Eric Clapton, haciendo rockabilly sentado, Cocaine.

Aquellos avisos de correo en papel amarillo.

Y llega EFE EME. En la entrevista de Luis Clemente, con Kiko Veneno y Raimundo Amador se puede detectar una tendencia: profundidad, datos, listados, referencias cruzadas, proyectos paralelos, maquetas. Cosas que nadie conoce, que convierten cada artículo en una especie de tesina. Empieza a recuperarse el pasado de manera casi enciclopédica. 1998, el cambio de siglo. Se suben las cosas a la red, se ripean casetes y aparen en formato mp3 vinilos perdidos y conciertos grabados en radio o en un local. Rarezas que se reproducen como un virus benigno. Es curioso, por cierto, que en el Zona de Obras (la otra revista de cabecera de la época, la que ofrece una nutritiva mezcla de cultura latinoamericana, gusto, diseño, y literatura), número 13, 850 pesetas, desde Zaragoza, ofrece la misma entrevista, la misma pareja. Con un cedé dedicado a Flor de Pasión. No aparece en el libro ningún texto de Zona de Obras. Quizá alguien debería haber convencido a Bruno Galindo de que recuperara sus aportaciones para el mayúsculo monográfico sobre Brasil. Todo lo que hizo Rubén Scaramuzzino. El recuerdo.

Raimundo y Kiko, con la vuelta de Veneno, empiezan a regalar discos con las revistas (ya no flexi-disc, casetes), son muy baratos. Las tostadoras, las bobinas. Las primeras golosinas con inéditos, los fanzines que hacen sus propias mixtapes, tributos en red. En el final de siglo, la composición manual con powerpoint, el Indesing, se viene la última revolución de los fanzines. Todavía con grapas, pero enviando los artículos por correo electrónico. Esas mixtapes ya incluyen temas inéditos o grabados para la ocasión, porque, además de las grabadoras de cedés el cambio de siglo también trae los estudios caseros de grabación de música. Podríamos nombrar a los fanzines, pero es cierto que el salto del fanzine a la prensa oficial era el gran sueño de cualquiera de los que estaban metidos en las grapas.

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