Siete meses después del accidente, la joya de la corona del transporte nacional sigue lidiando con sus secuelas y pierde usuarios mientras todos los modos de transporte baten récords Leer Siete meses después del accidente, la joya de la corona del transporte nacional sigue lidiando con sus secuelas y pierde usuarios mientras todos los modos de transporte baten récords Leer
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La Alta Velocidad todavía no consigue recuperarse de uno de los accidentes más graves de su historia. El impacto provocado por el descarrilamiento del pasado 18 de enero en Adamuz (Córdoba) ahuyentó a sus pasajeros no solo en los primeros meses tras el accidente sino que ha dejado una huella más difícil de borrar. Las restricciones de velocidad para revisar parte de los 4.000 kilómetros de vías que inició Adif tras la rebelió de sus trabajadores han supuesto una pérdida de imagen que se traduce en menos viajeros. Más allá del impacto por el accidente en el primer trimestre, 1,22 millones de viajeros dejaron de viajar en Renfe, Iryo o Ouigo en el segundo trimestre del año en comparación con el mismo periodo de 2025.
Y es que el trágico siniestro en el que colisionaron un tren Alvia de Renfe y un convoy de Iryo dejando un saldo de 46 víctimas mortales, destapó una crisis de gran envergadura para el sector ferroviario. Siete meses después del suceso, el accidente sigue bajo investigación judicial y la joya de la corona del transporte nacional sigue lidiando con sus secuelas.
Tras el accidente, Adif se vio obligada a paralizar parcialmente la vía a su paso por la provincia de Córdoba durante febrero y marzo, además de decretar limitaciones temporales de velocidad en la red de Málaga que incrementaron notablemente los tiempos de viaje y obligaron a disminuir considerablemente sus flujo de pasajeros durante ese primer trimestre.
Sin embargo, las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que el transporte ferroviario de alta velocidad sufrió una fuerte caída, registrando una tasa de evolución que no le permiten salir de esta caída.
En el primer trimestre de 2026 el volumen de pasajeros de la alta velocidad cayó a 7,8 millones de viajeros (un -21,26% respecto a los 10.028.000 del primer trimestre de 2025). El punto de inflexión se alcanzó en febrero, mes en el que la demanda tocó fondo registrando apenas 2.1 millones de usuarios. Lo previsible es que desde el fin de este periodo los operadores comenzaran a remontar impulsados por una demanda que lleva a otros modos de transporte como el avión a cifras récord..
Sin embargo, esa recuperación no ha llegado. Entre abril y junio de 2026 se transportaron 10,4 millones de pasajeros, lo que representa un descenso del -10,56% en comparación con los 11,6 millones de viajeros del mismo periodo del año anterior.
La crisis que dura ya siete meses llega en una temporada turística que proyecta ser récord. La inestabilidad geopolítica derivada de la guerra entre Estados Unidos e Irán por el Estrecho de Ormuz ha empujado a miles de visitantes internacionales a reelegir a España como su destino vacacional preferente. A esta coyuntura, en consecuencia, se sumaba el elevado precio del combustible, que teóricamente debía incentivar el uso de la Alta Velocidad frente al vehículo privado o el avión; sin embargo, la «resaca» de Adamuz frustró unas previsiones gubernamentales que inicialmente eran positivas.
El uso de la Alta Velocidad en España (que engloba a Renfe, Avlo, Ouigo e Iryo) cerró junio con 3,6 millones de viajeros. Esto se traduce en una pérdida de 396.000 pasajeros en comparación con los más de 4 millones que utilizaron este servicio en junio de 2025, sellando una caída del -9,78%.
El propio Ministerio de Transportes, liderado por Óscar Puente, ha tenido que afrontar la presión de los sindicatos SEmaf, CCOO y UGT, que mantuvieron hasta tres reuniones críticas en febrero para exigir soluciones a la falta de personal y de mantenimiento del sistema. En el Congreso de los Diputados, Puente prometió una ambiciosa renovación de la flota con una inyección millonaria de 1.2 millones de euros en material rodante de Renfe. Este plan contempla la llegada de 72 nuevos trenes para Cercanías, 24 trenes regionales y 14 convoyes de ancho variable destinados a blindar la conectividad regional y nacional, un intento de recuperar la imágen de la Alta Velocidad que hasta el momento no lo ha logrado.
Mientras la Alta Velocidad pierde pasajeros, otros métodos de transporte alternativos capitalizan la fuga de usuarios. El contraste más evidente se encuentra en el autobús interurbano, cuyo uso se disparó un 5,2% en junio superando los 83,5 millones de viajeros, consolidándose como la opción preferida por los usuarios que penalizaron la pérdida de puntualidad y fiabilidad del ferrocarril.
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