Sebastián de Laire (24 años) y Darío Rivadeneira (42) relatan el drama de buscar techo en una Barcelona sin oferta Leer Sebastián de Laire (24 años) y Darío Rivadeneira (42) relatan el drama de buscar techo en una Barcelona sin oferta Leer
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«Desesperanza y frustración». Esas son las emociones que hoy definen la búsqueda de una habitación en Barcelona. Las mismas con las que comienza sus días Darío Rivadeneira (42 años) en su hogar, situado en el barrio de El Carmel, al norte de la ciudad catalana. Justamente la mañana de ayer tuvo que madrugar para asistir a una capacitación para ser conductor de Cabify. «Ya no sirve ni vivir lejos; te echas hora y media de viaje para trabajar y pagas lo mismo», lamenta. ¿La razón? Encontrar una habitación en Barcelona por menos de 550 es ya imposible.
Así lo exponen los datos del último informe de Fotocasa que revelan un escenario ensombrecedor en el que el precio medio de una habitación en Barcelona se sitúa en 632 euros mensuales y que ya no queda ningún distrito por debajo de la barrera de los 550 euros. Nou Barris, la zona más barata, promedia 576 euros, mientras que Sarrià-Sant Gervasi lidera con 675 euros de media.
La historia de Rivadeneira es más compleja cuando comienza a relatar la cuesta arriba por encontrar una habitación hace ocho meses para vivir en la capital catalana en la que vive su hermano. «Yo tenía un presupuesto inicial de 350, 400 euros», recuerda. Sin embargo, la barrera de precios pulverizó sus planes. Sin un contrato estable y las agencias le exigían requisitos imposibles de asumir. Pudo entrar a su actual habitación en El Carmel porque un contacto de su hermano se la subarrendó.
Actualmente paga 550 euros por un cuarto antiguo con problemas estructurales. «Te toca aguantar», dice. Porque « al final no tienes dónde ir, es eso, o te vas a dormir en una tienda de campaña en la calle», explica con resignación. Él, al igual que muchos, tomó la decisión de buscar un empleo distinto al máster de relaciones internacionales que estudio hace unos años en España porque no encontró oportunidad.
A la espera de la nacionalidad que se encuentra tramitando, Rivadeneira responde a la pregunta de cómo visualiza su futuro en Barcelona: «no quiero que esto sea mi vida de aquí a los siguientes ocho años, ni estar a los 50 años compartiendo un piso en el que no me agrada vivir».
A pocos kilómetros, Sebastián de Laire (24 años), un psicólogo chileno, comparte estos mismos sentimientos pero esta vez desde una perspectiva distinta: la de una estudiante de máster que busca una habitación en la ciudad. De Laire llegó en abril a la espera de comenzar sus estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona en Recursos Humanos pero, tal y como él relata, fue una experiencia «dramática».
El piso que había reservado desde su país se canceló el mismo día en que aterrizó en España, dejándolo sin hogar. La desesperación le llevó a aceptar una habitación en Les Corts por 550 euros al mes.
Hoy, De Laire paga 530 euros más gastos (unos 580 en total) en Horta-Guinardó, donde la media oficial es de 581 euros. Trabaja 25 horas semanales como camarero para ganar 1.000 euros netos, destinando poco más de la mitad a la vivienda. «Hago 25 horas y gano 1.000 euros. Entonces, más del 50% se va para el alquiler, ahorrar no puedo».
El problema ha calado profundo e impactado en la dinámica de vivir a las afueras de las ciudades. Los resultado del informe comprueban que esto ya no es una alternativa para huir de la inflación de precios en el alquiler. Las subidas se producen en el 80% de las ciudades catalanas analizadas. Sant Cugat del Vallès supera a la capital con un promedio de 706 euros al mes. L’Hospitalet de Llobregat se sitúa en 575 euros y Sabadell registra los 474 euros.
«Ya vivir en Barcelona es imposible, entonces la gente se está migrando a otros pueblos… ¿pero hasta dónde, cuál es el límite de eso?», reflexiona De Laire.
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