A una campaña electoral que se preveía especialmente bronca se le ha sumado un nuevo componente: los disturbios de los últimos días, sobre todo los registrados en Barcelona y Bilbao. Los altercados han desplazado gran parte del debate político hacia la seguridad ciudadana y el orden público en un momento en que los partidos políticos afinan sus estrategias de cara al 29 de noviembre. El PP responsabiliza al Gobierno de haber contribuido a un clima de tensión e inseguridad, intensificando especialmente sus críticas contra Pedro Sánchez. Moncloa tacha esas acusaciones de irresponsables y trata de apartar a Sánchez del foco de la crisis. El PSOE busca mantener la campaña en un terreno más favorable para el presidente del Gobierno, con un mensaje en positivo y sin espacio —en palabras de los socialistas— para «el odio y la violencia», evitando que el debate sobre la inseguridad marque la recta final.
Alberto Núñez Feijóo ha tratado de situarse desde el primer momento al frente de la respuesta política a los disturbios. Tras los incidentes del pasado miércoles en A Coruña durante una protestas contra un acto de Santiago Abascal que terminó con cargas policiales y mobiliario urbano quemado, Feijóo condenó los hechos desde la misma comunidad autónoma y acusó a la izquierda de alimentar la tensión en las calles. Desde Vigo reclamó contundencia frente a la violencia y reprochó al Gobierno su incapacidad de garantizar el orden público. «¿Queremos también los disturbios de Francia? ¿De verdad queremos acostumbrarnos a que la violencia forme parte de la política?», preguntó ante los asistentes, acusando al Ejecutivo de «alentar los disturbios».
Los populares han desplegado además una ofensiva territorial para rentabilizar el debate sobre la seguridad, con el desplazamiento del secretario general, Miguel Tellado, a Bilbao y con la visita que el propio Feijóo realizará este miércoles a Barcelona para reunirse y mostrar su apoyo a los afectados por los saqueos y los actos vandálicos. Un gesto con el que busca exhibir cercanía con los damnificados y reforzar su mensaje de que la seguridad debe volver al centro de la acción política. De hecho, la capitalización del asunto ha provocado que incluso Génova modifique su agenda en el último momento. Este martes no estaba prevista la visita de Tellado a Bilbao, pero tras los altercados que se vivieron la noche anterior, la dirección nacional organizó su traslado.
Desde la ciudad vasca, además de condenar los incidentes, Tellado cargó la responsabilidad política en sus adversarios y defendió que los altercados de las últimas semanas no son hechos aislados, sino el resultado de la forma de hacer política del presidente del Gobierno y sus socios durante los últimos años. «Esta violencia es responsabilidad y culpa de quienes la han protagonizado, de los cafres de extrema izquierda, pero también del Gobierno. Han perdido la calle y bajan los brazos ante quienes pretenden incendiarlas», cargó el número dos en Génova.
El mensaje que durante estos días se lanza desde diferentes voces populares es que los disturbios son el síntoma de un problema más profundo, el resultado del «muro» que Pedro Sánchez erigió entre los españoles y que, a su juicio, ha contribuido a generar un clima de confrontación que se reproduce mientras la izquierda pierde respaldo en la calle. Sobre esa tesis, Feijóo pretende presentarse como el garante de la ley, el orden y la convivencia frente a un Gobierno al que responsabiliza de haber alimentado la polarización.
«Para que el orden vuelva a España, el Gobierno de Sánchez debe abandonar el poder. Este caos persigue mantener en el poder a la extrema izquierda», afirmó Tellado, para defender que «cuando Feijóo sea presidente rescatará el respeto a la ley, protegerá las fronteras de nuestro país, combatiremos la inmigración ilegal y restauraremos el principio de autoridad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado«.
También Vox trata de capitalizar el debate sobre la seguridad y utiliza los incidentes para reforzar sus ejes tradicionales sobre inmigración, delincuencia y autoridad del Estado. Santiago Abascal ha vinculado los disturbios a lo que considera años de «permisividad» del Gobierno y no duda en atribuir los incidentes a Pedro Sánchez. Tras condenar la violencia en Bilbao, que «últimamente y sospechosamente aparece en esta campaña», apuntó a que quienes provocan los disturbios «son las milicias de Sánchez en A Coruña, Menorca, Cataluña y en la playa del Trampolín».
En este sentido, señaló que «la pretensión de esta violencia es que no se hable de la corrupción de Sánchez y que el programa de Vox, programa de sentido común, quede tapado por todo ello». La formación ve en el debate de la seguridad una oportunidad para movilizar a su electorado y exhibir sus contundentes medidas.
Moncloa intenta apartarse del marco de la seguridad y que Sánchez pueda mantener sus mensajes «en positivo»
En Moncloa admiten que la sucesión de disturbios no encaja en la precampaña que ha diseñado el PSOE. Con Sánchez al frente, los socialistas buscan instalar un clima de optimismo que se ve de forma muy clara en cada mitin: su lema es ‘La fuerza de la gente’ y en sus actos apelan continuamente al «amor». La irrupción de la seguridad ciudadana amenaza con cambiar ese marco y obliga al Gobierno a gestionar una crisis que, según su propia lectura, sus adversarios quieren convertir en el centro de la campaña. «Nos preocupa», reconocen en Moncloa, donde acusan al PP y a Vox de avivar la tensión.
La contradicción es evidente para el PSOE: desde el Gobierno tiene que responder a los problemas de seguridad, pero como partido quiere evitar que la campaña quede atrapada en un relato de «odio, miedo, oscuridad y violencia». Frente a ese marco, los socialistas reivindican otro: el de una campaña en positivo, centrada en los derechos y las propuestas. Por ello, la estrategia pasa por encapsular a su candidato, a Sánchez.
A ese desafío se suma el calendario. En las próximas semanas hay movilizaciones con peso en la campaña socialista, como las vinculadas a la huelga por la vivienda y la del 25N contra la violencia machista. Moncloa lleva días intentando evitar que se confundan esas protestas, que considera legítimas y cívicas, con los disturbios. Desde que estallaron los altercados en Barcelona, el Ejecutivo ha trazado dos líneas: condenar la violencia y tratar de prevenir las convocatorias aunque intentando no introducirse en ese marco. «Son dos hechos separados», remarcan.
Para ello, se remiten continuamente a las investigaciones que están realizando los Mossos y la Ertzaintza, alegando que es a ellos a los que corresponde la respuesta operativa y esclarecer quién está detrás de las convocatorias. De hecho, también ha habido un reparto territorial de la respuesta política. En Barcelona, fueron el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el alcalde, Jaume Collboni, quienes asumieron el protagonismo tras los altercados. En Bilbao, lo hizo el Gobierno vasco que encabeza el lehendakari, Imanol Pradales. Sánchez no condenó los hechos hasta el día siguiente, mientras que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska —que concurre en las listas del PSOE por Madrid—, no ha tenido agenda pública desde los disturbios de Barcelona. Hasta ahora, tampoco ha protagonizado ninguna intervención pública sobre lo sucedido.
Moncloa reconoce que este clima no favorece la campaña y sostiene que PP y Vox quieren llevarla al terreno de la inseguridad. «Quieren llevar ahí la campaña, pero no se lo vamos a permitir y tampoco lo permitirá la ciudadanía», aseguran. El PSOE intenta volver al guion previsto: este lunes, en un acto en Gijón, Sánchez habló de pensiones y de la remontada de Lula da Silva en Brasil, dos asuntos mucho más próximos al tono que quiere imprimir en sus actos. En Moncloa no descartan, además, que el presidente brasileño participe de algún modo en la campaña socialista para imprimir con su presencia la posibilidad de que Sánchez pueda volver a gobernar a pesar de los malos augurios de las encuestas.
El reto para el PSOE es sostener ese tono sin dar la impresión de que esquiva una preocupación que ya ha entrado en el debate político. Si la seguridad se convierte en el eje de la campaña, los socialistas tendrán que medir cómo combinan la respuesta a los disturbios con los mítines al ritmo de artistas actuales y lemas como «La fuerza del amor». «A la gente le mueve la alegría y no el odio», defienden en Moncloa, convencidos de que podrán atajar los altercados y mantener su campaña de «celebrar la vida».
Tellado visitó ayer Bilbao tras una noche de altercados y Feijóo viajará este miércoles a Barcelona para «apoyar a los afectados por los disturbios» y mandar un mensaje contundente contra la violencia. Sánchez se aleja a nivel operativo de la crisis mientras trata de mantener su precampaña «en positivo».
A una campaña electoral que se preveía especialmente bronca se le ha sumado un nuevo componente: los disturbios de los últimos días, sobre todo los registrados en Barcelona y Bilbao. Los altercados han desplazado gran parte del debate político hacia la seguridad ciudadana y el orden público en un momento en que los partidos políticos afinan sus estrategias de cara al 29 de noviembre. El PP responsabiliza al Gobierno de haber contribuido a un clima de tensión e inseguridad, intensificando especialmente sus críticas contra Pedro Sánchez. Moncloa tacha esas acusaciones de irresponsables y trata de apartar a Sánchez del foco de la crisis. El PSOE busca mantener la campaña en un terreno más favorable para el presidente del Gobierno, con un mensaje en positivo y sin espacio —en palabras de los socialistas— para «el odio y la violencia», evitando que el debate sobre la inseguridad marque la recta final.
Alberto Núñez Feijóo ha tratado de situarse desde el primer momento al frente de la respuesta política a los disturbios. Tras los incidentes del pasado miércoles en A Coruña durante una protestas contra un acto de Santiago Abascal que terminó con cargas policiales y mobiliario urbano quemado, Feijóo condenó los hechos desde la misma comunidad autónoma y acusó a la izquierda de alimentar la tensión en las calles. Desde Vigo reclamó contundencia frente a la violencia y reprochó al Gobierno su incapacidad de garantizar el orden público. «¿Queremos también los disturbios de Francia? ¿De verdad queremos acostumbrarnos a que la violencia forme parte de la política?», preguntó ante los asistentes, acusando al Ejecutivo de «alentar los disturbios».
Los populares han desplegado además una ofensiva territorial para rentabilizar el debate sobre la seguridad, con el desplazamiento del secretario general, Miguel Tellado, a Bilbao y con la visita que el propio Feijóo realizará este miércoles a Barcelona para reunirse y mostrar su apoyo a los afectados por los saqueos y los actos vandálicos. Un gesto con el que busca exhibir cercanía con los damnificados y reforzar su mensaje de que la seguridad debe volver al centro de la acción política. De hecho, la capitalización del asunto ha provocado que incluso Génova modifique su agenda en el último momento. Este martes no estaba prevista la visita de Tellado a Bilbao, pero tras los altercados que se vivieron la noche anterior, la dirección nacional organizó su traslado.
Desde la ciudad vasca, además de condenar los incidentes, Tellado cargó la responsabilidad política en sus adversarios y defendió que los altercados de las últimas semanas no son hechos aislados, sino el resultado de la forma de hacer política del presidente del Gobierno y sus socios durante los últimos años. «Esta violencia es responsabilidad y culpa de quienes la han protagonizado, de los cafres de extrema izquierda, pero también del Gobierno. Han perdido la calle y bajan los brazos ante quienes pretenden incendiarlas», cargó el número dos en Génova.
El mensaje que durante estos días se lanza desde diferentes voces populares es que los disturbios son el síntoma de un problema más profundo, el resultado del «muro» que Pedro Sánchez erigió entre los españoles y que, a su juicio, ha contribuido a generar un clima de confrontación que se reproduce mientras la izquierda pierde respaldo en la calle. Sobre esa tesis, Feijóo pretende presentarse como el garante de la ley, el orden y la convivencia frente a un Gobierno al que responsabiliza de haber alimentado la polarización.
«Para que el orden vuelva a España, el Gobierno de Sánchez debe abandonar el poder. Este caos persigue mantener en el poder a la extrema izquierda», afirmó Tellado, para defender que «cuando Feijóo sea presidente rescatará el respeto a la ley, protegerá las fronteras de nuestro país, combatiremos la inmigración ilegal y restauraremos el principio de autoridad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado«.
También Vox trata de capitalizar el debate sobre la seguridad y utiliza los incidentes para reforzar sus ejes tradicionales sobre inmigración, delincuencia y autoridad del Estado. Santiago Abascal ha vinculado los disturbios a lo que considera años de «permisividad» del Gobierno y no duda en atribuir los incidentes a Pedro Sánchez. Tras condenar la violencia en Bilbao, que «últimamente y sospechosamente aparece en esta campaña», apuntó a que quienes provocan los disturbios «son las milicias de Sánchez en A Coruña, Menorca, Cataluña y en la playa del Trampolín».
En este sentido, señaló que «la pretensión de esta violencia es que no se hable de la corrupción de Sánchez y que el programa de Vox, programa de sentido común, quede tapado por todo ello». La formación ve en el debate de la seguridad una oportunidad para movilizar a su electorado y exhibir sus contundentes medidas.
Moncloa intenta apartarse del marco de la seguridad y que Sánchez pueda mantener sus mensajes «en positivo»
En Moncloa admiten que la sucesión de disturbios no encaja en la precampaña que ha diseñado el PSOE. Con Sánchez al frente, los socialistas buscan instalar un clima de optimismo que se ve de forma muy clara en cada mitin: su lema es ‘La fuerza de la gente’ y en sus actos apelan continuamente al «amor». La irrupción de la seguridad ciudadana amenaza con cambiar ese marco y obliga al Gobierno a gestionar una crisis que, según su propia lectura, sus adversarios quieren convertir en el centro de la campaña. «Nos preocupa», reconocen en Moncloa, donde acusan al PP y a Vox de avivar la tensión.
La contradicción es evidente para el PSOE: desde el Gobierno tiene que responder a los problemas de seguridad, pero como partido quiere evitar que la campaña quede atrapada en un relato de «odio, miedo, oscuridad y violencia». Frente a ese marco, los socialistas reivindican otro: el de una campaña en positivo, centrada en los derechos y las propuestas. Por ello, la estrategia pasa por encapsular a su candidato, a Sánchez.
A ese desafío se suma el calendario. En las próximas semanas hay movilizaciones con peso en la campaña socialista, como las vinculadas a la huelga por la vivienda y la del 25N contra la violencia machista. Moncloa lleva días intentando evitar que se confundan esas protestas, que considera legítimas y cívicas, con los disturbios. Desde que estallaron los altercados en Barcelona, el Ejecutivo ha trazado dos líneas: condenar la violencia y tratar de prevenir las convocatorias aunque intentando no introducirse en ese marco. «Son dos hechos separados», remarcan.
Para ello, se remiten continuamente a las investigaciones que están realizando los Mossos y la Ertzaintza, alegando que es a ellos a los que corresponde la respuesta operativa y esclarecer quién está detrás de las convocatorias. De hecho, también ha habido un reparto territorial de la respuesta política. En Barcelona, fueron el president de la Generalitat, Salvador Illa, y el alcalde, Jaume Collboni, quienes asumieron el protagonismo tras los altercados. En Bilbao, lo hizo el Gobierno vasco que encabeza el lehendakari, Imanol Pradales. Sánchez no condenó los hechos hasta el día siguiente, mientras que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska —que concurre en las listas del PSOE por Madrid—, no ha tenido agenda pública desde los disturbios de Barcelona. Hasta ahora, tampoco ha protagonizado ninguna intervención pública sobre lo sucedido.
Moncloa reconoce que este clima no favorece la campaña y sostiene que PP y Vox quieren llevarla al terreno de la inseguridad. «Quieren llevar ahí la campaña, pero no se lo vamos a permitir y tampoco lo permitirá la ciudadanía», aseguran. El PSOE intenta volver al guion previsto: este lunes, en un acto en Gijón, Sánchez habló de pensiones y de la remontada de Lula da Silva en Brasil, dos asuntos mucho más próximos al tono que quiere imprimir en sus actos. En Moncloa no descartan, además, que el presidente brasileño participe de algún modo en la campaña socialista para imprimir con su presencia la posibilidad de que Sánchez pueda volver a gobernar a pesar de los malos augurios de las encuestas.
El reto para el PSOE es sostener ese tono sin dar la impresión de que esquiva una preocupación que ya ha entrado en el debate político. Si la seguridad se convierte en el eje de la campaña, los socialistas tendrán que medir cómo combinan la respuesta a los disturbios con los mítines al ritmo de artistas actuales y lemas como «La fuerza del amor». «A la gente le mueve la alegría y no el odio», defienden en Moncloa, convencidos de que podrán atajar los altercados y mantener su campaña de «celebrar la vida».
20MINUTOS.ES – Nacional
