“El mundo es ancho y ajeno”, cita Isabel Coixet a Ciro Alegría en el documental de su vida. Lo ha estrenado, esta misma noche de domingo, el Imprescindibles de La 2. Ella que reivindicó prohibir los domingos por la tarde. Aunque, en realidad, tal exclamación solo fuera un buen título para una de sus películas. Viajadas películas.
Películas que permiten “rehacer las cosas que no me gustan en el mundo”, reivindica. Pero, para ejercer tal cometido, el cine requiere tiempo y dinero. No apto para la civilización de la impaciencia. Ella lo sabe bien. Las dificultades de rodar las describe su propio documental que irrumpe en un ecosistema audiovisual repleto de documentales. Las plataformas los requieren. Necesitan nutrir su catálogo de historias. Historias y más historias. Y los documentales permite contarlas más rápido y con menos inversión que el cine.
Lo que ha provocado un aluvión de documentales en los últimos años que venden mucho y, a la vez, no cuentan demasiado. A veces, hasta se lo inventan. No es el caso de Las Gafas de Coixet, que en sus 59 minutos encaja el puzzle de matices, dudas y emociones que hacen la vida. Más si te has criado entre libros y cine.
La propia Coixet vuelve en el documental al cine Texas de Barcelona, del que era vecina cuando era niña en un barrio con un mapa de salas cinematográficas en tantas esquinas. Ay, las esquinas. Me gusta la gente que se para en las esquinas que otros pasan de largo. Y en una esquina del hall del Texas, Coixet vuelve a coger uno de los caramelos Darlins que le invitan a regresar a los sabores de las ilusiones de cuando todavía nos pensábamos infinitos.
La sala oscura de un cine continúa manteniendo su superpoder: aislarlos de la rutina. Y hoy, también, del WhatsApp. Aunque algunos no puedan evitar mirarlo de reojo. “Sentirme tan pequeña delante de la pantalla tan grande”. Así describe Coixet su recuerdo de niña de una sala de cine que es una nave lista para trasladarnos a otros mundos que están en este. Incluso empatizar con otras personas que creemos que no se parecen nada a nosotros.
Así, con la empatía que intenta comprender más que juzgar, La gafas de Coixet va ordenando el cajón desastre de momentos de una trayectoria tan curtida. Y eso se consigue primando la conversación en vez de la obsesión por la caza del titular. De hecho, una de las brillanteces narrativas de la propuesta es cómo se cuela la voz del director del documental, Santiago Tabernero, durante el capítulo. No se pide a la protagonista que retome las preguntas para que se entienda de dónde viene la declaración en emisión. Se juega al diálogo, aunque no veamos la voz que lanza la curiosidad.
Qué es la vida más que encontrar un interlocutor. Coixet lo va encontrando todo el rato. Con sus miedos, con sus fantasías, con su capacidad de creerse su propio personaje… Con sus ojos escondidos detrás de gafas de formas imposibles. Frente a ellas, otra mirada, la de Tabernero, que ayuda a hacer de este Imprescindibles un documental como los de siempre. Como el cine de antaño. No es nostalgia, es cuidar el tiempo para celebrar las sensibilidades como forma de resiliencia.
Y suena ‘Sensa Cine’. Y empiezan a asomar los créditos de un documental sobre una vida y, también, sobre el que es el último programa de Santiago Tabernero como trabajador de plantilla de TVE. Como creador de la mejor historia de Televisión Española: la que ganó a la tensión narrativa del miedo por el miedo con la belleza de la imagen hecha curiosidad. Quizá la mejor manera de abrazar que el mundo es ancho y ajeno.
Se ha emitido en ‘Imprescindibles’ de La 2.
“El mundo es ancho y ajeno”, cita Isabel Coixet a Ciro Alegría en el documental de su vida. Lo ha estrenado, esta misma noche de domingo, el Imprescindibles de La 2. Ella que reivindicó prohibir los domingos por la tarde. Aunque, en realidad, tal exclamación solo fuera un buen título para una de sus películas. Viajadas películas.
Películas que permiten “rehacer las cosas que no me gustan en el mundo”, reivindica. Pero, para ejercer tal cometido, el cine requiere tiempo y dinero. No apto para la civilización de la impaciencia. Ella lo sabe bien. Las dificultades de rodar las describe su propio documental que irrumpe en un ecosistema audiovisual repleto de documentales. Las plataformas los requieren. Necesitan nutrir su catálogo de historias. Historias y más historias. Y los documentales permite contarlas más rápido y con menos inversión que el cine.
Lo que ha provocado un aluvión de documentales en los últimos años que venden mucho y, a la vez, no cuentan demasiado. A veces, hasta se lo inventan. No es el caso de Las Gafas de Coixet, que en sus 59 minutos encaja el puzzle de matices, dudas y emociones que hacen la vida. Más si te has criado entre libros y cine.
La propia Coixet vuelve en el documental al cine Texas de Barcelona, del que era vecina cuando era niña en un barrio con un mapa de salas cinematográficas en tantas esquinas. Ay, las esquinas. Me gusta la gente que se para en las esquinas que otros pasan de largo. Y en una esquina del hall del Texas, Coixet vuelve a coger uno de los caramelos Darlins que le invitan a regresar a los sabores de las ilusiones de cuando todavía nos pensábamos infinitos.
La sala oscura de un cine continúa manteniendo su superpoder: aislarlos de la rutina. Y hoy, también, del WhatsApp. Aunque algunos no puedan evitar mirarlo de reojo. “Sentirme tan pequeña delante de la pantalla tan grande”. Así describe Coixet su recuerdo de niña de una sala de cine que es una nave lista para trasladarnos a otros mundos que están en este. Incluso empatizar con otras personas que creemos que no se parecen nada a nosotros.
Así, con la empatía que intenta comprender más que juzgar, La gafas de Coixet va ordenando el cajón desastre de momentos de una trayectoria tan curtida. Y eso se consigue primando la conversación en vez de la obsesión por la caza del titular. De hecho, una de las brillanteces narrativas de la propuesta es cómo se cuela la voz del director del documental, Santiago Tabernero, durante el capítulo. No se pide a la protagonista que retome las preguntas para que se entienda de dónde viene la declaración en emisión. Se juega al diálogo, aunque no veamos la voz que lanza la curiosidad.
Qué es la vida más que encontrar un interlocutor. Coixet lo va encontrando todo el rato. Con sus miedos, con sus fantasías, con su capacidad de creerse su propio personaje… Con sus ojos escondidos detrás de gafas de formas imposibles. Frente a ellas, otra mirada, la de Tabernero, que ayuda a hacer de este Imprescindibles un documental como los de siempre. Como el cine de antaño. No es nostalgia, es cuidar el tiempo para celebrar las sensibilidades como forma de resiliencia.
Y suena ‘Sensa Cine’. Y empiezan a asomar los créditos de un documental sobre una vida y, también, sobre el que es el último programa de Santiago Tabernero como trabajador de plantilla de TVE. Como creador de la mejor historia de Televisión Española: la que ganó a la tensión narrativa del miedo por el miedo con la belleza de la imagen hecha curiosidad. Quizá la mejor manera de abrazar que el mundo es ancho y ajeno.
20MINUTOS.ES – Televisión
