El mandatario ilegítimo de Venezuela vendió un plan de varios puntos, que no fueron aceptados por el presidente de EEUU Leer El mandatario ilegítimo de Venezuela vendió un plan de varios puntos, que no fueron aceptados por el presidente de EEUU Leer
Los 15 minutos de conversación telefónica entre Donald Trump y Nicolás Maduro han desnudado las distintas estrategias puestas en marcha por el chavismo para mantenerse en el poder al precio que sea. Según conoció la agencia Reuters de funcionarios de la Casa Blanca, el mandatario ilegítimo de Venezuela vendió un plan de varios puntos, que no fueron aceptados por Trump, quien contó con el apoyo de su secretario de Estado, Marco Rubio.
Maduro puso sobre la mesa la exigencia de que se le conceda a él y a su círculo familiar la eliminación de todas las sanciones estadounidenses y una amnistía completa, en la que se incluyan los crímenes de lesa humanidad (ejecuciones extrajudiciales, torturas, violaciones sexuales, detenciones ilegales y desapariciones forzadas) demostrados en el proceso que sigue la Corte Penal Internacional (CPI) contra el chavismo. Parecidos beneficios obtendrían 100 jerarcas revolucionarios y generales.
La Casa Blanca no ha descartado la posibilidad de una negociación, al día de hoy, para que Maduro abandone el poder sin condiciones y sin necesidad de acciones bélicas.
La propuesta de mayor calado político realizada por Maduro llegó a continuación: Delcy Rodríguez, su vicepresidenta ejecutiva, encabezaría el gobierno revolucionario durante la transición de cara a unas nuevas elecciones presidenciales, con lo que se desconocería la paliza en las urnas del año pasado. El 28J, el candidato democrático, Edmundo González Urrutia, obtuvo más de siete millones de votos (70%), frente a los tres millones (30%) de Maduro.
De esta forma, la mano derecha de Maduro heredaría su poder para que el «hijo de Chávez» abandone Venezuela y se exilie en alguno de sus países aliados (Turquía, Rusia).
Trump y Rubio, conocedor de la estrategia histórica del chavismo de aguantar de forma numantina, rechazaron las propuestas revolucionarias y, a continuación, enviaron un cúmulo de señales a Caracas sobre una intervención militar inminente. La reunión en la noche del lunes en el Despacho Oval, con presencia Trump, Rubio; Pete Hegseth, secretario de Guerra, y el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, sirvió para tomar decisiones ante el nuevo escenario.
«Apenas hemos comenzado a golpear barcos narcotraficantes y a arrojar narcoterroristas al fondo del océano», advirtió Hegseth, con su estilo bélico habitual, horas después. «Maduro-Go», publicó en su portada New York Post, un juego de palabras para resumir el «momentum» tras la minicumbre fracasada.
«Maduro pidió clemencia, amnistía, perdón y hasta un gobierno interino con Delcy Rodríguez. Trump le respondió con una sola palabra: no. No hubo salvavidas y el cerco se cerró con el cierre del espacio aéreo y nuevas acciones desde el Salón Oval», reaccionó Omar González, dirigente opositor muy cercano a la líder democrática, María Corina Machado.
«Lo que Maduro pretende ofreciendo una «transición prêt-à-porter» con Delcy Rodríguez al frente no es una transición, sino una maniobra de supervivencia del régimen. No está buscando una salida ordenada del poder, sino preservar el control real del Estado mediante una sustitución cosmética que le permita ganar tiempo, garantizar impunidad y conservar los recursos estratégicos (financieros, territoriales y criminales) que sostienen a la estructura chavista», profundizó para EL MUNDO el analista Walter Molina Galdi.
En un mensaje dirigido a sus seguidores y a la propia Casa Blanca, Maduro respondió durante una concentración callejera junto al Palacio de Miraflores. Y lo hizo con su estilo revolucionario, incluido el bailoteo del jingle creado por sus publicistas con la palabra paz: «No nos pueden sacar jamás, en ninguna circunstancia histórica que tengamos que vivir, del camino de la construcción de la Venezuela potencia, soberana, libre y socialista, de aquí a todo el siglo y más. ¡Jamás!».
El atornillamiento es un clásico de las revoluciones, una seña de identidad y el punto de partida (y llegada) de cualquier negociación.
«La propuesta de Maduro encaja exactamente en ese patrón: simular una retirada temporal, colocar a una figura totalmente orgánica del poder como Delcy (pieza central del aparato económico, represivo y diplomático del régimen) y aprovechar los ciclos institucionales de las democracias para volver en cuatro años con la misma arquitectura de siempre. Es, en esencia, un intento de burlar a EEUU y a cualquier actor que exija una transición real», sentenció Molina para este periódico.
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