La líder de la oposición ha intentado regresar al país en siete ocasiones tras encabezar el gran movimiento de liberación nacional de 2023 y 2024 Leer La líder de la oposición ha intentado regresar al país en siete ocasiones tras encabezar el gran movimiento de liberación nacional de 2023 y 2024 Leer
«María Corina Machado está preparada para regresar a Venezuela de manera pacífica y constructiva, y está dispuesta y lista para sentarse con aquellos que actualmente detentan el poder, incluyendo a Delcy Rodríguez«, aseguró el martes el senador estadounidense Rick Scott tras mantener un contacto telefónico con la líder democrática venezolana.
El movimiento de Scott, de gran magnitud y con repercusiones políticas, supone un paso adelante, aunque de momento insuficiente, en el pulso que mantiene la Nobel de la Paz para volver a su país, algo que no interesa ni a Caracas ni a Washington. Para no dejar ninguna duda, Machado contestó de inmediato al dirigente republicano, convertido en una especie de casco azul entre la Casa Blanca, el Departamento de Estado y su amiga venezolana. Y lo hizo tras una semana de mutismo, apenas unas breves declaraciones, desde que se conociera que no tuvo éxito en tres operativos distintos para volver a su país.
«Estoy decidida a regresar a casa para estar al lado de nuestro pueblo y trabajar con todos los que estén listos para reconstruir nuestra nación. Estamos preparados y ansiosos por liderar este nuevo capítulo, forjando una alianza fuerte y duradera con Estados Unidos y el mundo libre», aseguró Machado en sus redes sociales. No sostuvo directamente que estaba dispuesta a sentarse con Delcy, la favorita de Donald Trump, pero sí lo hizo de forma indirecta dispuesta a destrabar la crisis actual.
La apuesta de ambos políticos es de gran calado: Machado encabezó el gran movimiento de liberación nacional de 2023 y 2024 gracias precisamente a su firmeza a la hora de enfrentar a la revolución bolivariana. Intransigente frente a la dictadura, sin concesiones a sus políticos desde el primer día que apareció en público a principios de siglo. Pero el contexto de hoy, cuando ya acaba 2026, el año que empezó con la captura de Nicolás Maduro, es diametralmente distinto.
Incluso dentro de su propia organización. Claudia Macero, una de sus colaboradores más cercanas, aterrizó en Caracas el domingo por la noche y se unió a una parte del exilio, que ya está sobre el terreno en territorio venezolano.
La consigna de todos ellos es que se ponga fecha a las elecciones presidenciales, que Jorge Rodríguez, hermano mayor de Delcy y jefe de la delegación del chavismo 3.0 en las negociaciones con el grupo de opositores elegidos por Washington, situó con descaro en 2030, cuando hasta hace poco se barajaba el final de 2027 para llevarlas a cabo.
«María Corina ha demostrado que quiere volver, siete veces ha intentado entrar. Y esta vez, la octava espero que sea la definitiva. Ha habido inconvenientes… Quiero creer que eso va a ocurrir y la próxima vez ella pueda entrar como cualquier venezolano», aseguró Macero en entrevista en el canal privado Venevisión, algo que hubiera resultado imposible hace solo unas semanas en un país bajo control informativo del gobierno y en unas televisiones privadas arrodilladas a los dictámenes que procedían del Palacio de Miraflores.
¿Cuál es entonces la situación al día de hoy tras el encuentro «histórico» entre Donald Trump y Delcy en Nueva York, los intentos fracasados de regreso de Machado y los avances mínimos en el tema electoral? «En el contexto actual, dicha negociación (entre María Corina y Delcy) se entendería no solo como el mecanismo para avanzar en la transición, sino para garantizar el regreso y la seguridad de Machado a Venezuela. Eso sí, no es algo novedoso, aunque cambia el contexto de la disputa por su regreso. Ya en el Manifiesto de Panamá (suscrito en junio por los partidos de la oposición) se planteaba exactamente eso: abrir un canal de negociación directamente con el régimen con Machado como principal interlocutora», precisó para EL MUNDO el politólogo Enderson Sequera.
«Lo de Scott es un reflejo de lo que se ve en Venezuela: la presión creciente de los mismos venezolanos y también de una parte de la comunidad internacional para que se permita el regreso al que tiene absoluto derecho como venezolana. Es casi ya incomprensible e injustificable que eso no pueda ocurrir. Lo más interesante es que esta presión es de los venezolanos, que no sólo defienden el derecho de María Corina a estar en Venezuela. También defienden su propio derecho de tener a María Corina en Venezuela. Otras figuras internacionales van a sumar su voz en los próximos días», adelantó a este periódico el analista político Miguel Velarde.
Pese a que en Caracas se trate hoy de un tema tabú, la realidad que esconde la negativa de Washington a que María Corina regrese a Venezuela es que teme que su presencia en el país pueda cambiar el actual statu quo vigente, sobre el que percute el empeoramiento de la situación social.
Desestabilización es la palabra que más se escucha en el interior de la Embajada de EEUU en Caracas. Y lo más paradójico es que el encargado de que no estalle el país es el ministro Diosdado Cabello, sobre el que EEUU mantiene una recompensa de 25 millones de dólares por su captura.
«Venezuela es un polvorín desde el punto de vista social: la situación de los apagones tiene a los venezolanos al límite de la tolerancia. La situación podría explotar en cualquier momento», sentenció Sequera, sabedor de que a la crisis eléctrica se suma la del agua y la de los salarios imposibles que persisten en una etapa en la cual la gente sólo escucha hablar de cifras millonarias a cambio del petróleo que sale de las entrañas de su tierra.
Internacional // elmundo
