Michele Ruol, anestesista y súperventas en Italia con una novela sobre la familia: «La medicina te lleva a pensar en el dolor»

Michele Ruol nació en Chicago (EEUU) hace 40 años por razones circunstanciales. Al cumplir un año, la familia volvió a su Italia de origen, donde se instaló definitivamente, él se convirtió en médico anestesista y a continuación, en escritor de éxito. Su primera novela, Inventario de lo que queda cuando el bosque arde (Siruela), es un éxito de ventas y de crítica, aunque él era ya conocido por publicar relatos en revistas literarias y por sus dotes para la dramaturgia. En 2018 ganó un importante galardón, el Hystrio Escritura de Escena, y fue seleccionado para el Network Drammaturgia Nuova. Ruol plantea una relación muy fluida entre medicina y literatura, como explica en esta entrevista, y no un contrasentido, como pueda parecer. La anestesia no está ni en la química ni en los libros. Está, viene a decir, en la sociedad, en sus carencias afectivas. Su primera novela traslada a una familia parte de esos problemas, con un desenlace que late durante todas sus páginas, y cierta sensación ensoñadora percibida a través de los objetos de la casa.

Cada uno de nosotros tiene sus propios incendios, cosas que hemos vivido, cosas que nos han afectado

La novela la he construido sobre todo como padre. Cómo es afrontar los miedos que se tienen, que mezclan alegría y fragilidad

Esta novela la publiqué con un sello pequeño. Nunca imaginé el éxito que ha tenido

La anestesia quita el dolor, el sufrimiento, pero ha de ser algo temporal, no definitivo. La sociedad debe volver a despertarse

 Médico en un hospital de Padua, su primera ficción se ha convertido en un éxito: una familia sufre una terrible pérdida que deja sus huellas en los objetos de la casa.  

Entrevista

El médico y escritor italiano Michele Ruol.
El médico y escritor italiano Michele Ruol.CEDIDA/Siruela
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Médico en un hospital de Padua, su primera ficción se ha convertido en un éxito: una familia sufre una terrible pérdida que deja sus huellas en los objetos de la casa.

Michele Ruol nació en Chicago (EEUU) hace 40 años por razones circunstanciales. Al cumplir un año, la familia volvió a su Italia de origen, donde se instaló definitivamente, él se convirtió en médico anestesista y a continuación, en escritor de éxito. Su primera novela, Inventario de lo que queda cuando el bosque arde (Siruela), es un éxito de ventas y de crítica, aunque él era ya conocido por publicar relatos en revistas literarias y por sus dotes para la dramaturgia. En 2018 ganó un importante galardón, el Hystrio Escritura de Escena, y fue seleccionado para el Network Drammaturgia Nuova. Ruol plantea una relación muy fluida entre medicina y literatura, como explica en esta entrevista, y no un contrasentido, como pueda parecer. La anestesia no está ni en la química ni en los libros. Está, viene a decir, en la sociedad, en sus carencias afectivas. Su primera novela traslada a una familia parte de esos problemas, con un desenlace que late durante todas sus páginas, y cierta sensación ensoñadora percibida a través de los objetos de la casa.

¿Qué hace un médico escribiendo novela?

Son dos cosas aparentemente lejanas, pero que en mi opinión, guardan puntos de contacto. Al principio, para mí, era difícil combinarlas y sufría para encontrar este equilibrio. Al final, y con el tiempo, lo he encontrado entre las dos actividades y he comprendido que hay momentos en los que no puedo ni debo escribir, porque estoy involucrado en mi actividad profesional y porque no tengo la cabeza en la escritura, sino en la medicina. Eso también es bueno porque es una especie de savia que alimenta luego la escritura. Estar inmerso en un trabajo es útil, sumergirse en esa actividad me da impulso para escribir luego. La medicina es una ciencia basada en la técnica, en la que la palabra es esencial. Hay una parte de comunicación y empatía en la que tienes que ponerte en la piel del enfermo. Plantea además muchas preguntas que a veces no tienen respuestas y la escritura puede ser el modo de encontrar esas respuestas.

Cada uno de nosotros tiene sus propios incendios, cosas que hemos vivido, cosas que nos han afectado

Como dramaturgo, ¿cree que hay mejor teatro que la propia vida?

Sin duda. Hay una conexión, el teatro es relación, es estar con los demás, tanto en el escenario como con el público. Como la vida misma que, en relación con los demás, es saber escuchar y contar cosas. Ambas disciplinas se inspiran en la vida. Incluso partes de esta novela están muy basadas en textos dramáticos. Desde el punto de vista formal, muchos tramos del libro tienen la forma de lo que se llaman didascalias o acotaciones teatrales, que son las notas técnicas que se escriben para poner en contexto al público y que yo he ‘robado’. Mejoradas o aumentadas, pero copian esa estructura. Son las que van en cursiva, las que se escriben para los técnicos.

¿Cómo llega a este título nada sencillo ni breve y a la historia que contiene?

Ese título estaba desde el principio en mi proyecto. Ha sido como una brújula para guiarme en lo que ha sido el recorrido por la novela. Este es un libro pensado como un inventario, contar lo que queda, lo que sobrevive. Para mí, era un concepto muy importante. Además, está la figura del bosque, que es el protagonista silencioso de la novela. Está en el trasfondo, pero tiene un papel fundamental.

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‘Inventario de lo que queda cuando el bosque arde’.CEDIDA/Siruela

Como esa metáfora de la que habla, ¿usted ha visto arder muchos bosques interiores?

Cada uno de nosotros tiene sus propios incendios, cosas que hemos vivido, cosas que nos han afectado. Pero la historia es inventada, ficción, es una recreación. Es una historia… metabolizada. 

Sus personajes no tienen nombre propio, salvo la manera de referirse a ellos. ¿Por algún motivo?

Por una parte, porque tenía intención en la novela de quitar todo lo superfluo y sobrante, incluso los nombres, que en mi opinión, no añadían nada a la historia. Por otra, he ido comprendiendo que los nombres que he buscado (Madre, Padre, Mayor y Menor), identifican papeles, tanto dentro de la familia como dentro de la propia sociedad. Lo que les sucede a estos padres es que tienen su papel y con lo que les ocurre quieren reconstruir su vida y una nueva identidad. Y me interesaba mucho el proceso de cortocircuito, cuando, de repente, pierden su denominación y algo se rompe. Algo se hunde y tienen que empezar de cero.

La novela la he construido sobre todo como padre. Cómo es afrontar los miedos que se tienen, que mezclan alegría y fragilidad

Como padre, ¿qué ha primado en su perspectiva creadora, este papel, el de médico, el de escritor…?

La novela la he construido sobre todo como padre. Cómo es afrontar los miedos que se tienen siendo padre. No olvidemos que su papel es sentir una alegría increíble que va unida a un miedo y una fragilidad que antes no había experimentado. Escribir sobre esto me ha hecho ser consciente de esa dualidad. 

¿Ha perdido algún paciente como médico?

Como anestesista en la sección de Terapia Intensiva, la muerte efectivamente siempre está presente, a menudo, forma parte de mi trabajo. Repito que la medicina deja muchas cuestiones abiertas y te hace preguntarte sobre el dolor y la vida. La medicina no siempre tiene las respuestas a esas preguntas. La escritura tampoco, pero hace un recorrido y tiene un punto de vista distinto. Deja entrever otras cosas. Cuando vemos que un autor habla de un sentimiento que nos ha sucedido a nosotros, o escuchamos una canción, proyecta eso que nos ha pasado, nos ayuda a liberarnos, a encontrar un sentido a lo que nos está pasando.

Michele Ruol.
Michele Ruol.CEDIDA/Siruela

¿Cree que los italianos tienen un sentido trágico de la literatura? Se me ocurren varios ejemplos recientes, como Nicoletta Verna, Nicola Lagiogia…

Podría ser. Pero no sé si es el sentimiento trágico el hilo conductor. Hay otros autores de los que yo me siento deudor, como Goffredo Parise, quien ha escrito un libro bellísimo de relatos, cada uno de los cuales empieza con una letra del alfabeto. Lo que creo que es un hilo conductor entre todos es la búsqueda de cierta pureza y de cierta belleza, que hay incluso dentro de los temas más trágicos. También me siento deudor de Italo Calvino, en que es un escritor realista pero con trazos oníricos y fantásticos.

Esta novela la publiqué con un sello pequeño. Nunca imaginé el éxito que ha tenido

¿Cree que la literatura italiana es suficientemente conocida en España?

No sé decirlo. Es una pregunta que a mi vez yo también querría hacer. No sigo el pulso real de lo que está llegando aquí, si son más clásicos, más contemporáneos.

Y, ¿a la inversa?

Sin duda, hay una clara sintonía entre literatura, como en otras artes como el cine. Conozco muy bien a Carlos Ruiz Zafón.

Con el éxito que ha tenido Inventario... ¿se siente presionado para ir a por una segunda novela?

Un poco sí, es inevitable sentir presión. Es mi primera novela y no tenía expectativa sobre ella, sin experiencia previa. La publiqué con un sello independiente, pequeño y en ningún momento imaginé el recorrido de éxito que ha tenido, ni en Italia ni aquí. ¿Después? Veremos, intentaré partir de cero, sin presiones, para escribir lo que realmente quiera.

La anestesia quita el dolor, el sufrimiento, pero ha de ser algo temporal, no definitivo. La sociedad debe volver a despertarse

Como anestesista, ¿qué tiene a la sociedad de hoy anestesiada?

Como metáfora, en términos médicos, la anestesia te quita el dolor, te quita el sufrimiento. Pero siempre debe ser algo temporal y puntual, no algo definitivo. El problema es que hoy la sociedad está anestesiada por muchos factores, hay que volver a despertarse de esa anestesia, a cuidar las relaciones.

¿Alguna vez ha pensado en regresar a EEUU, donde nació?

Mi país es Italia, mis raíces culturales y familiares son italianas. Haber nacido en EEUU es un hecho meramente accidental. No tengo ningún deseo de vivir allí, no solo por el hecho político, sino porque yo me siento italiano y europeo.

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