Tras el parón navideño, la política retoma su ritmo frenético, y con ella, los múltiples frentes abiertos del Gobierno. Pedro Sánchez cerró el año arrastrando crisis: los casos de corrupción, las denuncias de acoso dentro del PSOE y la desconfianza de sus propios aliados. Pero el ataque de Estados Unidos contra Venezuela y la detención de Nicolás Maduro han marcado los primeros pasos políticos de 2026, y Moncloa no ha tardado en tomar partido izando la bandera anti-Trump. De esta forma, Sánchez se lanza a un nuevo salvavidas en política internacional, un movimiento que le permite enfrentarse a la oposición mientras intentar remendar la relación con sus socios de izquierdas e independentistas.
Sánchez retomó su agenda pública este martes, 6 de enero, pero no lo hizo con la tradicional Pascua Militar presidida por el rey Felipe VI en el Palacio Real, sino viajando a París para asistir a la reunión de líderes internacionales sobre Ucrania. Será el primer viaje internacional que haga en este 2026, que comienza marcado por la agenda exterior a causa de la situación en Venezuela.
Aunque en un primer momento la posición del Gobierno fue más tímida, haciendo un llamamiento a la «desescalada» y pidiendo respetar el derecho internacional, horas más tarde Sánchez decidió marcar posición lo antes posible, como hizo en su momento con Palestina. Si bien puntualizó que «España no reconoció el régimen de Maduro», fijó que tampoco reconocería una «intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo».
Decidió alzar la voz después de la intervención de Donald Trump para anunciar sus planes para Venezuela, lo que a su vez suscitó más presión por parte de sus socios de izquierdas, que criticaron la «tibieza» del Gobierno ante el ataque de EEUU. De hecho, el presidente del Gobierno publicó una carta dirigida a sus militantes para reivindicar su defensa del derecho internacional. De paso, dejó claras sus intenciones para este 2026: lo afrontará cargado de «energía, nuevas políticas y la ambición de siempre» y con la premisa de agotar la legislatura.
Para ello, Sánchez ha optado por volcarse en la agenda exterior y presentarse como referente de la izquierda europea, tejiendo una alianza con el colombiano Gustavo Petro y el brasileño Lula da Silva para articular un frente común frente a Trump. Una estrategia que ya utilizó en varias ocasiones y que, además, cuenta con el aval de sus socios en casa, pese a que estos cerraron el año con un tono muy duro hacia el PSOE por los casos de corrupción y de acoso que siguen golpeando al partido.
Agenda exterior, economía y medidas sociales
Con este telón de fondo, este miércoles se celebra el primer Consejo de Ministros del año. Se espera que uno de los temas a tratar por el Gobierno sea su posición sobre Venezuela, aunque habrá otro asunto que cobre especial relevancia en esta primera reunión del Ejecutivo: los datos económicos. El Gobierno hará análisis económico en su primer encuentro de 2026, con la vista puesta en la creación de 506.000 empleos del año pasado y el descenso del paro a su nivel más bajo en 18 años.
Pero la agenda política de esta semana ni mucho menos termina ahí. Este jueves Sánchez se reunirá en Moncloa con el líder de ERC, Oriol Junqueras, con el fin de desencallar el nuevo modelo de financiación que ambos pactaron a cambio de la investidura de Salvador Illa. Es un claro guiño a su socio parlamentario, puesto que esta será la primera reunión de alto nivel que mantendrá el presidente con uno de sus socios, incluso por delante de Sumar, la formación que ocupa el ala minoritaria del Gobierno.
Pero la realidad es tozuda y el mismo día que Sánchez pone en marcha su estrategia para destensar la relación con sus socios, su exministro José Luis Ábalos reaparecerá en el Senado como el fantasma de las Navidades pasadas de Dickens, dispuesto a agitar los peores recuerdos del PSOE. Los socialistas arrancan así el año, intentando dejar atrás una de las crisis internas más profundas de su historia reciente, pero con el pasado llamando de nuevo a la puerta.
Está por ver si su posición en política internacional, las medidas sociales que prevén aprobar y los gestos con sus socios cumplen con lo que estos entienden como incentivos que justifiquen la continuidad de la legislatura.
Sánchez empieza el año dando prioridad a la agenda exterior y con la vista puesta en recuperar la confianza de sus socios.
Tras el parón navideño, la política retoma su ritmo frenético, y con ella, los múltiples frentes abiertos del Gobierno. Pedro Sánchez cerró el año arrastrando crisis: los casos de corrupción, las denuncias de acoso dentro del PSOE y la desconfianza de sus propios aliados. Pero el ataque de Estados Unidos contra Venezuela y la detención de Nicolás Maduro han marcado los primeros pasos políticos de 2026, y Moncloa no ha tardado en tomar partido izando la bandera anti-Trump. De esta forma, Sánchez se lanza a un nuevo salvavidas en política internacional, un movimiento que le permite enfrentarse a la oposición mientras intentar remendar la relación con sus socios de izquierdas e independentistas.
Sánchez retomó su agenda pública este martes, 6 de enero, pero no lo hizo con la tradicional Pascua Militar presidida por el rey Felipe VI en el Palacio Real, sino viajando a París para asistir a la reunión de líderes internacionales sobre Ucrania. Será el primer viaje internacional que haga en este 2026, que comienza marcado por la agenda exterior a causa de la situación en Venezuela.
Aunque en un primer momento la posición del Gobierno fue más tímida, haciendo un llamamiento a la «desescalada» y pidiendo respetar el derecho internacional, horas más tarde Sánchez decidió marcar posición lo antes posible, como hizo en su momento con Palestina. Si bien puntualizó que «España no reconoció el régimen de Maduro», fijó que tampoco reconocería una «intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo».
Decidió alzar la voz después de la intervención de Donald Trump para anunciar sus planes para Venezuela, lo que a su vez suscitó más presión por parte de sus socios de izquierdas, que criticaron la «tibieza» del Gobierno ante el ataque de EEUU. De hecho, el presidente del Gobierno publicó una carta dirigida a sus militantes para reivindicar su defensa del derecho internacional. De paso, dejó claras sus intenciones para este 2026: lo afrontará cargado de «energía, nuevas políticas y la ambición de siempre» y con la premisa de agotar la legislatura.
Para ello, Sánchez ha optado por volcarse en la agenda exterior y presentarse como referente de la izquierda europea, tejiendo una alianza con el colombiano Gustavo Petro y el brasileño Lula da Silva para articular un frente común frente a Trump. Una estrategia que ya utilizó en varias ocasiones y que, además, cuenta con el aval de sus socios en casa, pese a que estos cerraron el año con un tono muy duro hacia el PSOE por los casos de corrupción y de acoso que siguen golpeando al partido.
Agenda exterior, economía y medidas sociales
Con este telón de fondo, este miércoles se celebra el primer Consejo de Ministros del año. Se espera que uno de los temas a tratar por el Gobierno sea su posición sobre Venezuela, aunque habrá otro asunto que cobre especial relevancia en esta primera reunión del Ejecutivo: los datos económicos. El Gobierno hará análisis económico en su primer encuentro de 2026, con la vista puesta en la creación de 506.000 empleos del año pasado y el descenso del paro a su nivel más bajo en 18 años.
Pero la agenda política de esta semana ni mucho menos termina ahí. Este jueves Sánchez se reunirá en Moncloa con el líder de ERC, Oriol Junqueras, con el fin de desencallar el nuevo modelo de financiación que ambos pactaron a cambio de la investidura de Salvador Illa. Es un claro guiño a su socio parlamentario, puesto que esta será la primera reunión de alto nivel que mantendrá el presidente con uno de sus socios, incluso por delante de Sumar, la formación que ocupa el ala minoritaria del Gobierno.
Pero la realidad es tozuda y el mismo día que Sánchez pone en marcha su estrategia para destensar la relación con sus socios, su exministro José Luis Ábalos reaparecerá en el Senado como el fantasma de las Navidades pasadas de Dickens, dispuesto a agitar los peores recuerdos del PSOE. Los socialistas arrancan así el año, intentando dejar atrás una de las crisis internas más profundas de su historia reciente, pero con el pasado llamando de nuevo a la puerta.
Está por ver si su posición en política internacional, las medidas sociales que prevén aprobar y los gestos con sus socios cumplen con lo que estos entienden como incentivos que justifiquen la continuidad de la legislatura.
20MINUTOS.ES – Nacional
