El primer ministro afirma que la continuación del proceso iniciado en 2020 fractura a la sociedad israelí Leer El primer ministro afirma que la continuación del proceso iniciado en 2020 fractura a la sociedad israelí Leer
«Terremoto judicial y político». Así definen en Israel la solicitud oficial de indulto del primer ministro Benjamín Netanyahu, al presidente Isaac Herzog para poner fin a casi seis años de juicio por tres casos de corrupción. Como era de esperar, su petición ha sido elogiada y criticada en un país dividido que acude a las urnas en 2026.
Reiterando su inocencia y sus acusaciones de «falsos argumentos» en su contra en el juicio abierto por soborno, fraude y abuso de confianza, Netanyahu ha realizado una breve intervención este domingo ante las cámaras para explicar una decisión que ha sorprendido a partidarios y detractores porque hasta ahora lo había descartado especialmente debido a su negativa a declararse culpable de los cargos. Algo que no ha incluido en una solicitud sin precedentes en Israel que debe decidir Herzog una vez reciba las recomendaciones del departamento de indultos del ministerio de Justicia.
«Mi interés personal era y aún es seguir el proceso hasta el final y la exculpación de todos los cargos, pero la realidad de seguridad y diplomática (de Israel) y el interés nacional obligan a otra cosa», ha declarado el veterano dirigente antes de añadir: «Israel se encuentra ante retos enormes y al mismo tiempo enormes oportunidades. Para alejar las amenazas e implementar las oportunidades, se necesita unidad nacional».
«La continuación del juicio nos está desgarrando desde dentro, provoca enormes discrepancias e intensifica fracturas. Yo estoy seguro como muchos en la sociedad que el cese inmediato del juicio ayudará a rebajar las llamas y promover una amplia reconciliación que nuestro país tanto necesita», ha dicho Netanyahu que ha denunciado que deba presentarse en el tribunal tres veces por semana (aunque aún no ha sido el caso). Asímismo, ha recordado la reciente petición por escrito del presidente estadounidense, Donald Trump a Herzog para concederle el indulto en un país con dos grandes frentes abiertos (Hizbulá en Líbano y Hamas en la Franja de Gaza) pese a los acuerdos de tregua.
La oposición en Israel ha criticado la petición de Netanyahu ya que, por ejemplo, no admite la culpa y cree que «es una forma de evitar la verdad en el juicio». Además le acusan de ser el principal responsable de la división sin precedentes que azota el país especialmente en los últimos años en torno a su figura, la imputación y lo que denuncian, especialmente a raíz de la investigación y juicio, como «campaña de Netanyahu y su Gobierno contra el estamento judicial y la separación de poderes».
El jefe de la oposición, Yair Lapid, se ha dirigido directamente al presidente Herzog: «No puede indultar a Netanyahu sin admisión de culpa, expresión de arrepentimiento y la retirada inmediata de la vida política».
Tras difundir la carta de 111 páginas enviada por la defensa legal de Netanyahu encabezada por el abogado Amit Hadad, Herzog ha afirmado que estudiará la petición de forma responsable. «La Presidencia es consciente de que se trata de una solicitud extraordinaria con importantes implicaciones. Tras recibir todas las opiniones pertinentes, la Presidencia la considerará con responsabilidad y sinceridad»; ha comunicado la oficina de Herzog consciente que se inicia ahora un proceso tan polémico y complejo como las investigaciones (2016), la imputación (2019) y el juicio (2020) del primer ministro más longevo en la historia de Israel.
Según la ley israelí y con una importante excepción en los 80, el presidente siempre concedió indultos tras acabar el proceso legal y la admisión de los delitos y expresión de arrepentimiento por parte de los solicitantes. Algo que no se cumple en el caso de Netanyahu.
Si Herzog (abogado de profesión con muchos años en el partido laborista) concede el indulto, será seguramente porque espera que el fin del polémico juicio ponga fin a la división interna y las medidas que la coalición de Gobierno promovió para debilitar al Tribunal Supremo (TS) a principios del 2023 meses antes del ataque de Hamas que desató la ofensiva en Gaza y una escalada regional incluyendo el enfrentamiento directo con Irán. Pero si la clemencia llega sin asumir los cargos o pedir perdón, su decisión provocará muchas protestas en las calles y difícilmente acabará con la crispación.
Destacados dirigentes en la oposición acusan a Netanyahu de chantaje por insinuar la vinculación del indulto a propuestas de ley contra el sistema judicial y los medios de comunicación. Y de intentar desviar la atención pública de la impopular iniciativa de ley difundida este jueves en torno al reclutamiento de jóvenes ultraortodoxos que en realidad no cambia su exención masiva de forma significativa.
Mientras sus detractores dicen que pide el indulto «debido a la gravedad de los cargos y su temor a ser condenado», sus partidarios aseguran que lo hace «pese a la fabricación artificial y política de los cargos». En su Gobierno y en su partido (Likud), elogian la iniciativa al considerar que su líder lo hace «por el bien del país» y mantienen en todo lo alto la la denuncia de «caza de brujas del establishment contra Netanyahu y el gobierno de derechas».
El primer jefe de Gobierno en la historia de Israel sentado en el banquillo de acusados (Ehud Olmert lo hizo ya como ex primer ministro) afronta tres expedientes. En el llamado ‘Caso 1000’, Netanyahu es acusado de haber recibido junto a su esposa y de forma sistemática caros regalos de dos amigos multimillonarios a cambio de favores. El ‘Caso 2000’ se centra en las conversaciones secretas con el empresario Arnon Mozes, en el que éste habló de mejorar el trato informativo de su diario ‘Yediot Aharonot’ a cambio de limitar por ley la difusión de su competencia, el rotativo conservador gratuito ‘Israel Hayom’.
El ‘Caso 4.000′ incluye el cargo de soborno. La Fiscalía israelí le acusa de aprovechar su cargo de jefe de Gobierno y ministro de Comunicaciones hace 10 años para ayudar en temas regulatorios a su amigo Shaul Elovitch, entonces propietario de la empresa de telecomunicaciones Bezeq. A cambio, habría recibido una cobertura informativa más favorable en su web ‘Walla’.
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