La neuroarquitectura no es una invención del siglo XXI. Es la conclusión a la que llegó Jonas Salk (1914-1995), descubridor de la vacuna contra la poliomielitis, cuando en la década de los cincuenta se marchó de su laboratorio en Pittsburgh (Pensilvania) a la basílica de San Francisco de Asís (Umbría) buscando un paisaje diferente para pensar. Cambió una localización urbanita, monótona y estresante de Estados Unidos por otra de arquitectura mastodóntica, de origen románico y ubicada en una región del interior de Italia, situada en lo alto de una colina y rodeada de bosques. Salk se dio cuenta de que un espacio amplio en un entorno agradable favorecía el flujo del pensamiento, el ingenio y la creatividad. Por eso fue allí donde encontró la fórmula de la vacuna.
La neuroarquitectura, concepto surgido en la segunda mitad del siglo XX, explica los diferentes efectos que los espacios producen en el sistema nervioso atendiendo a sus proporciones, distribución, materiales, colores e iluminación
La neuroarquitectura no es una invención del siglo XXI. Es la conclusión a la que llegó Jonas Salk (1914-1995), descubridor de la vacuna contra la poliomielitis, cuando en la década de los cincuenta se marchó de su laboratorio en Pittsburgh (Pensilvania) a la basílica de San Francisco de Asís (Umbría) buscando un paisaje diferente para pensar. Cambió una localización urbanita, monótona y estresante de Estados Unidos por otra de arquitectura mastodóntica, de origen románico y ubicada en una región del interior de Italia, situada en lo alto de una colina y rodeada de bosques. Salk se dio cuenta de que un espacio amplio en un entorno agradable favorecía el flujo del pensamiento, el ingenio y la creatividad. Por eso fue allí donde encontró la fórmula de la vacuna.
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