¿Ser ambicioso es una virtud o un defecto? Los psicólogos coinciden

La ambición suele despertar opiniones encontradas: mientras algunas personas la consideran una cualidad imprescindible para alcanzar metas y desarrollarse tanto personal como profesionalmente, otras la relacionan con el exceso de competitividad, el estrés o la necesidad constante de demostrar el propio valor. Sin embargo, desde la psicología, la respuesta no es tan simple. Más que una virtud o un defecto, la ambición depende de la motivación que la impulsa y de la manera en que influye en el bienestar emocional.

En este sentido, la psicóloga Beatriz Gil Bóveda explica que «la ambición no es ni buena ni mala. Todo depende de lo que haya detrás. Hay personas que quieren crecer, aprender y desarrollar su potencial, y otras que sienten que necesitan lograr más y más para demostrar que valen lo suficiente. Desde fuera pueden parecer igual de ambiciosas, pero emocionalmente viven realidades muy distintas».

Cuándo es virtud y cuándo es defecto

La experta señala que la evidencia científica respalda esta diferencia: «La investigación muestra que las personas cuyas metas están alineadas con sus valores suelen experimentar un mayor bienestar y una motivación más duradera. En cambio, cuando nuestra autoestima depende exclusivamente de los resultados, es fácil entrar en una carrera sin meta: alcanzamos un objetivo, sentimos satisfacción durante un momento y enseguida aparece el siguiente».

Además, advierte de que el éxito, por sí solo, no garantiza el bienestar psicológico. «En consulta veo con frecuencia que el éxito no protege frente a la ansiedad si nunca sentimos que es suficiente. Por eso, más que preguntarte cuánto quieres conseguir, te invitaría a preguntarte desde dónde lo estás persiguiendo». Para Gil Bóveda, «la ambición puede ser una de nuestras mayores fortalezas cuando nos impulsa a crecer, pero también puede convertirse en una carga cuando nace del miedo a no estar a la altura. El verdadero éxito, en mi opinión, es poder disfrutar del camino sin que tu bienestar dependa únicamente del próximo logro».

Una visión muy similar comparte Mariló Pérez, psicóloga de Psicólogos Madrid Cepsim, quien afirma que «lo cierto es que la ambición no es en sí misma ni una virtud ni un defecto. Depende de qué motivación parte y cómo es gestionada. La ambición puede ser un motor y ayudar a la persona a alcanzar sus objetivos y a crecer personalmente, pero también puede generar muchas frustraciones y ser una fuente de agotamiento emocional«.

La ambición puede ser una gran virtud

Según Mariló Pérez, la ambición puede convertirse en una virtud cuando reúne determinadas características:

  • Nos impulsa a crecer, a llevar a cabo desafíos personales o profesionales.
  • ​Parte de una motivación intrínseca, es decir, la persona quiere llegar a ese objetivo por el placer mismo de conseguirlo y no tanto por obtener un reconocimiento externo. La ambición aquí se convierte en el camino a la autorrealización.
  • ​Permite a la persona adaptarse a nuevas situaciones y retos, tolerando las frustraciones que puedan surgir, y aceptando los errores y fracasos como parte del aprendizaje.
  • ​Refuerza en la persona su sentimiento de autoeficacia, al verse capaz de conseguir sus objetivos y crecer.
  • ​Permite tener un estilo de vida saludable y es compatible con relaciones sociales y sentimentales.

En este contexto, la psicóloga de Psicólogos Madrid Cepsim concluye que «cuando la ambición se dirige al crecimiento personal y parte de una motivación intrínseca, libre de juicios y comparaciones constantes, se convierte en virtud, dando sentido a nuestra vida y mejorando el bienestar psicológico«. No obstante, también advierte de que puede convertirse en un problema cuando está basada en la necesidad de demostrar el propio valor o cuando acaba deteriorando la salud y las relaciones personales. En concreto, señala que la ambición se convierte en un defecto cuando:

  • Se basa en el perfeccionismo, manteniendo estándares elevados y rígidos que llevan a la persona a sentir que lo que hace nunca es suficiente, dañando su autoestima.
  • ​Lleva a comparaciones constantes sobre todo con ‘lo que me falta’, reafirmando de nuevo que ‘lo que hago nunca es suficiente’.
  • ​El éxito se convierte en la única fuente de autoestima.
  • ​Tiene una parte narcisista relacionada con ‘necesito ser más que otros’, o con recibir admiración constante, lo que acaba deteriorando las relaciones sociales.
  • ​Sacrifica la salud, el descanso y la alimentación.

Además, un estudio realizado por Amazon Kindle sobre ambición y distracciones digitales en España revela que:

  1. Un 43% de los españoles sufren distracciones digitales en los primeros 30 minutos desde que empiezan una tarea, esto en una jornada laboral habitual
  2. 8 de cada 10 españoles se fija metas, pero el 31% no progresa.
  3. El 58% de quienes se han marcado objetivos asegura que las distracciones digitales afectan negativamente a su capacidad de lograrlos.
  4. El 94% de los trabajadores españoles dice que su creatividad o capacidad de reflexión se resiente debido a dispositivos con internet y, para el 27%, la clave es un entorno sin notificaciones ni apps.
  5. 1 de cada 5 españoles (21%) sueña con montar su propio negocio, un 14% quiere publicar un libro y un 13% ansía convertir su afición en su profesión.

En definitiva, según la psicología, la ambición no debe juzgarse por la cantidad de metas que una persona persigue, sino por el origen de esa motivación y sus consecuencias sobre el bienestar. Cuando nace del deseo de aprender, crecer y desarrollarse, puede ser una poderosa aliada. En cambio, si responde al miedo a no ser suficiente o a la necesidad constante de validación externa, corre el riesgo de convertirse en una fuente permanente de ansiedad, frustración y desgaste emocional.

 La ambición no debe juzgarse por la cantidad de metas que una persona persigue, sino por el origen de esa motivación y sus consecuencias sobre el bienestar.  

La ambición suele despertar opiniones encontradas: mientras algunas personas la consideran una cualidad imprescindible para alcanzar metas y desarrollarse tanto personal como profesionalmente, otras la relacionan con el exceso de competitividad, el estrés o la necesidad constante de demostrar el propio valor. Sin embargo, desde la psicología, la respuesta no es tan simple. Más que una virtud o un defecto, la ambición depende de la motivación que la impulsa y de la manera en que influye en el bienestar emocional.

En este sentido, la psicóloga Beatriz Gil Bóveda explica que «la ambición no es ni buena ni mala. Todo depende de lo que haya detrás. Hay personas que quieren crecer, aprender y desarrollar su potencial, y otras que sienten que necesitan lograr más y más para demostrar que valen lo suficiente. Desde fuera pueden parecer igual de ambiciosas, pero emocionalmente viven realidades muy distintas».

Cuándo es virtud y cuándo es defecto

La experta señala que la evidencia científica respalda esta diferencia: «La investigación muestra que las personas cuyas metas están alineadas con sus valores suelen experimentar un mayor bienestar y una motivación más duradera. En cambio, cuando nuestra autoestima depende exclusivamente de los resultados, es fácil entrar en una carrera sin meta: alcanzamos un objetivo, sentimos satisfacción durante un momento y enseguida aparece el siguiente».

Además, advierte de que el éxito, por sí solo, no garantiza el bienestar psicológico. «En consulta veo con frecuencia que el éxito no protege frente a la ansiedad si nunca sentimos que es suficiente. Por eso, más que preguntarte cuánto quieres conseguir, te invitaría a preguntarte desde dónde lo estás persiguiendo». Para Gil Bóveda, «la ambición puede ser una de nuestras mayores fortalezas cuando nos impulsa a crecer, pero también puede convertirse en una carga cuando nace del miedo a no estar a la altura. El verdadero éxito, en mi opinión, es poder disfrutar del camino sin que tu bienestar dependa únicamente del próximo logro».

Una visión muy similar comparte Mariló Pérez, psicóloga de Psicólogos Madrid Cepsim, quien afirma que «lo cierto es que la ambición no es en sí misma ni una virtud ni un defecto. Depende de qué motivación parte y cómo es gestionada. La ambición puede ser un motor y ayudar a la persona a alcanzar sus objetivos y a crecer personalmente, pero también puede generar muchas frustraciones y ser una fuente de agotamiento emocional«.

El ámbito profesional suele atraer mucha ambición.
El ámbito profesional suele atraer mucha ambición.alina dichkova

La ambición puede ser una gran virtud

Según Mariló Pérez, la ambición puede convertirse en una virtud cuando reúne determinadas características:

  • Nos impulsa a crecer, a llevar a cabo desafíos personales o profesionales.
  • ​Parte de una motivación intrínseca, es decir, la persona quiere llegar a ese objetivo por el placer mismo de conseguirlo y no tanto por obtener un reconocimiento externo. La ambición aquí se convierte en el camino a la autorrealización.
  • ​Permite a la persona adaptarse a nuevas situaciones y retos, tolerando las frustraciones que puedan surgir, y aceptando los errores y fracasos como parte del aprendizaje.
  • ​Refuerza en la persona su sentimiento de autoeficacia, al verse capaz de conseguir sus objetivos y crecer.
  • ​Permite tener un estilo de vida saludable y es compatible con relaciones sociales y sentimentales.

En este contexto, la psicóloga de Psicólogos Madrid Cepsim concluye que «cuando la ambición se dirige al crecimiento personal y parte de una motivación intrínseca, libre de juicios y comparaciones constantes, se convierte en virtud, dando sentido a nuestra vida y mejorando el bienestar psicológico«. No obstante, también advierte de que puede convertirse en un problema cuando está basada en la necesidad de demostrar el propio valor o cuando acaba deteriorando la salud y las relaciones personales. En concreto, señala que la ambición se convierte en un defecto cuando:

  • Se basa en el perfeccionismo, manteniendo estándares elevados y rígidos que llevan a la persona a sentir que lo que hace nunca es suficiente, dañando su autoestima.
  • ​Lleva a comparaciones constantes sobre todo con ‘lo que me falta’, reafirmando de nuevo que ‘lo que hago nunca es suficiente’.
  • ​El éxito se convierte en la única fuente de autoestima.
  • ​Tiene una parte narcisista relacionada con ‘necesito ser más que otros’, o con recibir admiración constante, lo que acaba deteriorando las relaciones sociales.
  • ​Sacrifica la salud, el descanso y la alimentación.

Además, un estudio realizado por Amazon Kindle sobre ambición y distracciones digitales en España revela que:

  1. Un 43% de los españoles sufren distracciones digitales en los primeros 30 minutos desde que empiezan una tarea, esto en una jornada laboral habitual
  2. 8 de cada 10 españoles se fija metas, pero el 31% no progresa. 
  3. El 58% de quienes se han marcado objetivos asegura que las distracciones digitales afectan negativamente a su capacidad de lograrlos.
  4. El 94% de los trabajadores españoles dice que su creatividad o capacidad de reflexión se resiente debido a dispositivos con internet y, para el 27%, la clave es un entorno sin notificaciones ni apps.
  5. 1 de cada 5 españoles (21%) sueña con montar su propio negocio, un 14% quiere publicar un libro y un 13% ansía convertir su afición en su profesión.

En definitiva, según la psicología, la ambición no debe juzgarse por la cantidad de metas que una persona persigue, sino por el origen de esa motivación y sus consecuencias sobre el bienestar. Cuando nace del deseo de aprender, crecer y desarrollarse, puede ser una poderosa aliada. En cambio, si responde al miedo a no ser suficiente o a la necesidad constante de validación externa, corre el riesgo de convertirse en una fuente permanente de ansiedad, frustración y desgaste emocional.

 20MINUTOS.ES – Salud 

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