Sobre por qué Galdós puede ser a España lo que Carver al realismo americano

Es el tercer volumen que Alianza dedica a la obra de las plumas más importantes de la literatura universal. El primero correspondió a Joseph Roth. El segundo, a Jane Austen. Este, recién publicado, pertenece a Benito Pérez-Galdós . Lo que singulariza esta colección, más que el autor elegido, es quién describe su obra. Ahí radica el encanto. Quienes los glosan suelen ser escritores y escritoras afines. En esta oportunidad toca el turno a Ignacio Martínez de Pisón , uno de los narradores con mayor talento y pedigrí en la novela realista contemporánea. El conflicto constante entre progreso y reacción que atraviesa sus novelas; las tensiones entre absolutismo y liberalismo, las guerras carlistas y la evolución política y social del país de sus Episodios Nacionales; su estilo minucioso, directo y cargado de sátira; su relación personal y literaria con Emilia Pardo Bazán ; el predominio de la novela como género esencial … son esos algunos de los rasgos principales que Pisón resalta tanto en su ensayo como en esta conversación con ABC.Un género, la novelaLos principales novelistas españoles de la época, incluida Emilia Pardo Bazán, eran conscientes del poder que tenían. «Los autores del XIX tenían muy claro que la novela era una herramienta para crear una idea de nación. Es un género peligroso, venenoso, ponzoñoso, porque precisamente habla de todos esos derechos, de esas instituciones nuevas, de esa condición de ciudadano que acaban de adquirir con respecto al antiguo régimen. En Cádiz, mientras unos gritan ‘vivan las caenas’, otros gritan ‘viva la nación’. Galdós reivindica la palabra nación. Por eso los Episodios Nacionales tienen esa parte tan didáctica, porque había que enseñar a los españoles lo que era su historia», explica Pisón sobre la obra del canario. Los Episodios NacionalesEscritos a lo largo de cuatro décadas, constituyen el más ambicioso y logrado intento literario de dotar de sentido a la historia colectiva de los españoles. La acción del primer Episodio está ambientada en 1805; la del último, en 1880. «Los que más me gustan son los de la segunda serie, aquellos que se refieren más a la época de Fernando VII. Ahí está el origen de todos los males que luego Galdós va a percibir en España: la división, las camarillas y los cortesanos que rodean el poder político y que piensan más en su provecho particular que en el bien común. Galdós pensaba que los políticos tenían que servir al pueblo y a la sociedad, pero en realidad se servían a sí mismos», asegura Ignacio Martínez de Pisón.El progresoEl XIX es visto por Benito Pérez Galdós como un siglo perdido para España, un periodo de conflictos internos, división social y fracaso para la construcción nacional. El conflicto constante entre progreso y reacción atraviesa sus novelas. Así lo reconoce Ignacio Martínez de Pisón: «Galdós cree en el futuro. Los pocos personajes claramente positivos que hay en sus libros representan a la ciencia, a la industria, el sistema parlamentario que nace en el siglo XIX se va perfeccionando, todavía no es democrático, pero ya es parlamentario. O sea, que tenía muchos motivos para ser optimista. Existe, sin embargo, un lastre que comienza en el año 1833, que es con la muerte de Fernando VII y que ya España está dividida en dos facciones irreconciliables. Y de hecho eso va a seguir así 100 años más. O sea que, hasta la guerra civil, los carlistas van a seguir formando parte de una de esas dos España irreconciliables».CartografíaMadrid como escenario literario sienta el modelo para la novela urbana española, así lo reconoce Pisón en su lectura histórica de la obra del canario. «Cuando Galdós llega a Madrid para estudiar Derecho, con menos de veinte años, se enamora de la ciudad. Viajará mucho por España para conocer los paisajes en los que va a ambientar sus novelas históricas, pero las novelas suyas, las que no son Episodios, son novelas muy madrileñas. Yo no sé si él sabía que estaba creando un imaginario de la ciudad, pero el caso es que el que lo ha creado. Cuando utilizamos el adjetivo galdosiano, nos referimos muchas veces a rincones de Madrid de los que habla, describe y menciona. Por ejemplo, Fortunata y Jacinta, una representa el viejo Madrid de al lado de la Plaza Mayor y la otra representa ya los ensanches, que en realidad es el progreso porque son calles más higiénicas, mejor urbanizadas. Opone ese Madrid castizo frente al Madrid más moderno».Pardo BazánLa autora de ‘Los pazos de Ulloa’ es inseparable de la figura de Benito Pérez Galdós , así lo señala Pisón en el libro y en esta conversación. «Fue su gran influencia. La pena es que sólo conocemos las cartas de ella y no las de él. Es la relación más interesante o una de las más interesantes que se han dado en la historia de la literatura. Otra podría ser Carmen Martín Gaite y Sánchez Ferlosio. Pero en este caso, hablando del siglo XIX, que dos de los novelistas más grandes del siglo XIX español tuvieran una relación amorosa y además una relación de intercambio de experiencias literarias, es muy valioso. Se influían». Los herederosBenito Pérez Galdós influyó de forma clara en las siguientes generaciones literarias. ¿Quiénes, son a juicio de Ignacio Martínez de Pisón, los más evidentes? «Pío Baroja es el sucesor, el heredero nato. Pero Valle Inclán también tiene sus novelas realistas en las que yo diría que reconoce el magisterio de Galdós. Y si pasamos a la generación siguiente, Sender podría ser otro. En la actualidad, el legado galdosiano es claro. No por casualidad, Almudena Grandes llamó Episodios de una guerra interminable a sus novelas. Aramburu y Javier Cercas podrían ser sus herederos. Muchos escritores hablan de la España actual».¡Raymond Carver y Galdós!A la pregunta sobre qué significa el autor de Los Episodios Nacionales, Ignacio Martínez de Pisón no admite ninguna clase de dudas e incluso revela curiosos detalles sobre cómo llegó a su obra y qué supone ésta en la historia literaria de nuestro idioma. «Es la pata que sostiene la tradición de la que yo formo parte. Es decir, yo era un escritor que detestaba el realismo, aparentemente, o quería, cuando era joven, escapar al realismo porque me parecía que era algo casposo. Y finalmente, a partir de los años 80, cuando empiezo a disfrutar con los grandes escritores realistas norteamericanos, me pregunto por qué tengo que desdeñar el realismo español cuando, al fin y al cabo, es la sociedad de la que formo parte. Raymond Carver fue el que me llevó de vuelta a Galdós, digamos. ¡Guau!». Es el tercer volumen que Alianza dedica a la obra de las plumas más importantes de la literatura universal. El primero correspondió a Joseph Roth. El segundo, a Jane Austen. Este, recién publicado, pertenece a Benito Pérez-Galdós . Lo que singulariza esta colección, más que el autor elegido, es quién describe su obra. Ahí radica el encanto. Quienes los glosan suelen ser escritores y escritoras afines. En esta oportunidad toca el turno a Ignacio Martínez de Pisón , uno de los narradores con mayor talento y pedigrí en la novela realista contemporánea. El conflicto constante entre progreso y reacción que atraviesa sus novelas; las tensiones entre absolutismo y liberalismo, las guerras carlistas y la evolución política y social del país de sus Episodios Nacionales; su estilo minucioso, directo y cargado de sátira; su relación personal y literaria con Emilia Pardo Bazán ; el predominio de la novela como género esencial … son esos algunos de los rasgos principales que Pisón resalta tanto en su ensayo como en esta conversación con ABC.Un género, la novelaLos principales novelistas españoles de la época, incluida Emilia Pardo Bazán, eran conscientes del poder que tenían. «Los autores del XIX tenían muy claro que la novela era una herramienta para crear una idea de nación. Es un género peligroso, venenoso, ponzoñoso, porque precisamente habla de todos esos derechos, de esas instituciones nuevas, de esa condición de ciudadano que acaban de adquirir con respecto al antiguo régimen. En Cádiz, mientras unos gritan ‘vivan las caenas’, otros gritan ‘viva la nación’. Galdós reivindica la palabra nación. Por eso los Episodios Nacionales tienen esa parte tan didáctica, porque había que enseñar a los españoles lo que era su historia», explica Pisón sobre la obra del canario. Los Episodios NacionalesEscritos a lo largo de cuatro décadas, constituyen el más ambicioso y logrado intento literario de dotar de sentido a la historia colectiva de los españoles. La acción del primer Episodio está ambientada en 1805; la del último, en 1880. «Los que más me gustan son los de la segunda serie, aquellos que se refieren más a la época de Fernando VII. Ahí está el origen de todos los males que luego Galdós va a percibir en España: la división, las camarillas y los cortesanos que rodean el poder político y que piensan más en su provecho particular que en el bien común. Galdós pensaba que los políticos tenían que servir al pueblo y a la sociedad, pero en realidad se servían a sí mismos», asegura Ignacio Martínez de Pisón.El progresoEl XIX es visto por Benito Pérez Galdós como un siglo perdido para España, un periodo de conflictos internos, división social y fracaso para la construcción nacional. El conflicto constante entre progreso y reacción atraviesa sus novelas. Así lo reconoce Ignacio Martínez de Pisón: «Galdós cree en el futuro. Los pocos personajes claramente positivos que hay en sus libros representan a la ciencia, a la industria, el sistema parlamentario que nace en el siglo XIX se va perfeccionando, todavía no es democrático, pero ya es parlamentario. O sea, que tenía muchos motivos para ser optimista. Existe, sin embargo, un lastre que comienza en el año 1833, que es con la muerte de Fernando VII y que ya España está dividida en dos facciones irreconciliables. Y de hecho eso va a seguir así 100 años más. O sea que, hasta la guerra civil, los carlistas van a seguir formando parte de una de esas dos España irreconciliables».CartografíaMadrid como escenario literario sienta el modelo para la novela urbana española, así lo reconoce Pisón en su lectura histórica de la obra del canario. «Cuando Galdós llega a Madrid para estudiar Derecho, con menos de veinte años, se enamora de la ciudad. Viajará mucho por España para conocer los paisajes en los que va a ambientar sus novelas históricas, pero las novelas suyas, las que no son Episodios, son novelas muy madrileñas. Yo no sé si él sabía que estaba creando un imaginario de la ciudad, pero el caso es que el que lo ha creado. Cuando utilizamos el adjetivo galdosiano, nos referimos muchas veces a rincones de Madrid de los que habla, describe y menciona. Por ejemplo, Fortunata y Jacinta, una representa el viejo Madrid de al lado de la Plaza Mayor y la otra representa ya los ensanches, que en realidad es el progreso porque son calles más higiénicas, mejor urbanizadas. Opone ese Madrid castizo frente al Madrid más moderno».Pardo BazánLa autora de ‘Los pazos de Ulloa’ es inseparable de la figura de Benito Pérez Galdós , así lo señala Pisón en el libro y en esta conversación. «Fue su gran influencia. La pena es que sólo conocemos las cartas de ella y no las de él. Es la relación más interesante o una de las más interesantes que se han dado en la historia de la literatura. Otra podría ser Carmen Martín Gaite y Sánchez Ferlosio. Pero en este caso, hablando del siglo XIX, que dos de los novelistas más grandes del siglo XIX español tuvieran una relación amorosa y además una relación de intercambio de experiencias literarias, es muy valioso. Se influían». Los herederosBenito Pérez Galdós influyó de forma clara en las siguientes generaciones literarias. ¿Quiénes, son a juicio de Ignacio Martínez de Pisón, los más evidentes? «Pío Baroja es el sucesor, el heredero nato. Pero Valle Inclán también tiene sus novelas realistas en las que yo diría que reconoce el magisterio de Galdós. Y si pasamos a la generación siguiente, Sender podría ser otro. En la actualidad, el legado galdosiano es claro. No por casualidad, Almudena Grandes llamó Episodios de una guerra interminable a sus novelas. Aramburu y Javier Cercas podrían ser sus herederos. Muchos escritores hablan de la España actual».¡Raymond Carver y Galdós!A la pregunta sobre qué significa el autor de Los Episodios Nacionales, Ignacio Martínez de Pisón no admite ninguna clase de dudas e incluso revela curiosos detalles sobre cómo llegó a su obra y qué supone ésta en la historia literaria de nuestro idioma. «Es la pata que sostiene la tradición de la que yo formo parte. Es decir, yo era un escritor que detestaba el realismo, aparentemente, o quería, cuando era joven, escapar al realismo porque me parecía que era algo casposo. Y finalmente, a partir de los años 80, cuando empiezo a disfrutar con los grandes escritores realistas norteamericanos, me pregunto por qué tengo que desdeñar el realismo español cuando, al fin y al cabo, es la sociedad de la que formo parte. Raymond Carver fue el que me llevó de vuelta a Galdós, digamos. ¡Guau!».  Es el tercer volumen que Alianza dedica a la obra de las plumas más importantes de la literatura universal. El primero correspondió a Joseph Roth. El segundo, a Jane Austen. Este, recién publicado, pertenece a Benito Pérez-Galdós . Lo que singulariza esta colección, más que el autor elegido, es quién describe su obra. Ahí radica el encanto. Quienes los glosan suelen ser escritores y escritoras afines. En esta oportunidad toca el turno a Ignacio Martínez de Pisón , uno de los narradores con mayor talento y pedigrí en la novela realista contemporánea. El conflicto constante entre progreso y reacción que atraviesa sus novelas; las tensiones entre absolutismo y liberalismo, las guerras carlistas y la evolución política y social del país de sus Episodios Nacionales; su estilo minucioso, directo y cargado de sátira; su relación personal y literaria con Emilia Pardo Bazán ; el predominio de la novela como género esencial … son esos algunos de los rasgos principales que Pisón resalta tanto en su ensayo como en esta conversación con ABC.Un género, la novelaLos principales novelistas españoles de la época, incluida Emilia Pardo Bazán, eran conscientes del poder que tenían. «Los autores del XIX tenían muy claro que la novela era una herramienta para crear una idea de nación. Es un género peligroso, venenoso, ponzoñoso, porque precisamente habla de todos esos derechos, de esas instituciones nuevas, de esa condición de ciudadano que acaban de adquirir con respecto al antiguo régimen. En Cádiz, mientras unos gritan ‘vivan las caenas’, otros gritan ‘viva la nación’. Galdós reivindica la palabra nación. Por eso los Episodios Nacionales tienen esa parte tan didáctica, porque había que enseñar a los españoles lo que era su historia», explica Pisón sobre la obra del canario. Los Episodios NacionalesEscritos a lo largo de cuatro décadas, constituyen el más ambicioso y logrado intento literario de dotar de sentido a la historia colectiva de los españoles. La acción del primer Episodio está ambientada en 1805; la del último, en 1880. «Los que más me gustan son los de la segunda serie, aquellos que se refieren más a la época de Fernando VII. Ahí está el origen de todos los males que luego Galdós va a percibir en España: la división, las camarillas y los cortesanos que rodean el poder político y que piensan más en su provecho particular que en el bien común. Galdós pensaba que los políticos tenían que servir al pueblo y a la sociedad, pero en realidad se servían a sí mismos», asegura Ignacio Martínez de Pisón.El progresoEl XIX es visto por Benito Pérez Galdós como un siglo perdido para España, un periodo de conflictos internos, división social y fracaso para la construcción nacional. El conflicto constante entre progreso y reacción atraviesa sus novelas. Así lo reconoce Ignacio Martínez de Pisón: «Galdós cree en el futuro. Los pocos personajes claramente positivos que hay en sus libros representan a la ciencia, a la industria, el sistema parlamentario que nace en el siglo XIX se va perfeccionando, todavía no es democrático, pero ya es parlamentario. O sea, que tenía muchos motivos para ser optimista. Existe, sin embargo, un lastre que comienza en el año 1833, que es con la muerte de Fernando VII y que ya España está dividida en dos facciones irreconciliables. Y de hecho eso va a seguir así 100 años más. O sea que, hasta la guerra civil, los carlistas van a seguir formando parte de una de esas dos España irreconciliables».CartografíaMadrid como escenario literario sienta el modelo para la novela urbana española, así lo reconoce Pisón en su lectura histórica de la obra del canario. «Cuando Galdós llega a Madrid para estudiar Derecho, con menos de veinte años, se enamora de la ciudad. Viajará mucho por España para conocer los paisajes en los que va a ambientar sus novelas históricas, pero las novelas suyas, las que no son Episodios, son novelas muy madrileñas. Yo no sé si él sabía que estaba creando un imaginario de la ciudad, pero el caso es que el que lo ha creado. Cuando utilizamos el adjetivo galdosiano, nos referimos muchas veces a rincones de Madrid de los que habla, describe y menciona. Por ejemplo, Fortunata y Jacinta, una representa el viejo Madrid de al lado de la Plaza Mayor y la otra representa ya los ensanches, que en realidad es el progreso porque son calles más higiénicas, mejor urbanizadas. Opone ese Madrid castizo frente al Madrid más moderno».Pardo BazánLa autora de ‘Los pazos de Ulloa’ es inseparable de la figura de Benito Pérez Galdós , así lo señala Pisón en el libro y en esta conversación. «Fue su gran influencia. La pena es que sólo conocemos las cartas de ella y no las de él. Es la relación más interesante o una de las más interesantes que se han dado en la historia de la literatura. Otra podría ser Carmen Martín Gaite y Sánchez Ferlosio. Pero en este caso, hablando del siglo XIX, que dos de los novelistas más grandes del siglo XIX español tuvieran una relación amorosa y además una relación de intercambio de experiencias literarias, es muy valioso. Se influían». Los herederosBenito Pérez Galdós influyó de forma clara en las siguientes generaciones literarias. ¿Quiénes, son a juicio de Ignacio Martínez de Pisón, los más evidentes? «Pío Baroja es el sucesor, el heredero nato. Pero Valle Inclán también tiene sus novelas realistas en las que yo diría que reconoce el magisterio de Galdós. Y si pasamos a la generación siguiente, Sender podría ser otro. En la actualidad, el legado galdosiano es claro. No por casualidad, Almudena Grandes llamó Episodios de una guerra interminable a sus novelas. Aramburu y Javier Cercas podrían ser sus herederos. Muchos escritores hablan de la España actual».¡Raymond Carver y Galdós!A la pregunta sobre qué significa el autor de Los Episodios Nacionales, Ignacio Martínez de Pisón no admite ninguna clase de dudas e incluso revela curiosos detalles sobre cómo llegó a su obra y qué supone ésta en la historia literaria de nuestro idioma. «Es la pata que sostiene la tradición de la que yo formo parte. Es decir, yo era un escritor que detestaba el realismo, aparentemente, o quería, cuando era joven, escapar al realismo porque me parecía que era algo casposo. Y finalmente, a partir de los años 80, cuando empiezo a disfrutar con los grandes escritores realistas norteamericanos, me pregunto por qué tengo que desdeñar el realismo español cuando, al fin y al cabo, es la sociedad de la que formo parte. Raymond Carver fue el que me llevó de vuelta a Galdós, digamos. ¡Guau!». RSS de noticias de cultura

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