«Yo quiero ser escritor»: el placer de autopublicarse, sus ventajas y sus inconvenientes

Jesús es informático y a ratos libres, novelista. Beatriz era auxiliar de enfermería, pero lo que le gustaba de siempre era escribir. Gala limpia casas y acaba de sacar un libro sobre su historia como migrante ucraniana en España. Ellos son ejemplos de lo que se llama la autoedición, el placer de convertirse sin intermediario en lo que uno siempre anheló ser también: escritor.

Autoeditarse está de moda, siempre lo ha estado. Pero plantea varias interrogantes: ¿Cómo se llega a la autoedición? ¿Es barato o caro? ¿Dónde se distribuyen esos libros una vez editados? ¿Comparten esos título mesa con las grandes novedades de los narradores consagrados?… Veamos y leamos. Y pongamos nombres a esta tendencia del escritor vocacional a costa de sus horarios de trabajo convencional.

Marcos Chicot Álvarez, de 54 años, era y es sicólogo. Compaginaba sus tareas clínicas con una pasión enloquecida por la escritura, que le llevó a publicar, sin grandes alegrías, su primera novela, Óscar. En 2013 sacó en Amazon El asesinato de Pitágoras y ahí su suerte cambió.

En 2016 quedó finalista en el premio Planeta con El asesinato de Sócrates, una saga que ha continuado explorando, dedicado ya por entero a la narrativa. Tanto, que en las últimas dos ediciones de la Feria del Libro de Madrid ha estado todos los días firmando sus libros en una caseta, se ha convertido en paisaje de El Retiro por amor a los lectores.

Chicot es el caso de alguien que perseveró con éxito, aunque entre los escritores aficionados esto no es siempre un objetivo en sí mismo. Hay quienes escriben y se autopublican por gusto, sin más, y quienes reciben premios después de hacerlo. Y quienes defienden mensajes que a través de la lectura pueden resultar más eficaces.

El narrador espontáneo

El gaditano Jesús Castellano acaba de publicar El profesor, una novela de intriga protagonizada por una jueza cuando aparece un cadáver en el paseo marítimo de Rota y cuya portada ha salido también de sus manos. «Siempre me interesó aprender cosas por mi cuenta, hice cursos de masajistas, osteopatía, de tocar el piano…».

Redactar, cuenta, le gusta porque le gusta leer. «Soy un lector de libros fáciles, no busco ni disfruto libros profundos», explica. «Me gusta escribir, siempre me gustó. Nunca lo materialicé hasta ahora y me aporta felicidad. Estoy escribiendo el segundo de la serie, también de asesinatos, y también en mi pueblo, Rota», avanza contento con la experiencia.

Castellano dice haber vendido unos cien ejemplares entre amigos y conocidos. «La historia se desarrolla en mi pueblo. Me han dicho varias veces gente que trabaja en el ayuntamiento que lo presente, pero me da una pereza infinita ponerme delante de todos».

Pensé en contactar con una editorial, pero no sabía ni por dónde empezar. Lo mío era más un divertimento y la necesidad de verlo publicado» (Jesús Castellano)

Jesús no piensa, en cualquier caso, abandonar su trabajo de informático para dedicarse a la literatura. «Con la autoedición lo hago cuando me lo pide el cuerpo y no tengo que depender de nadie externo», señala quien, además, dice desconocer cómo funciona el mundo editorial. «Pensé en contactar con alguna, pero no sabía ni por dónde empezar. Lo mío era más un divertimento y la necesidad de terminar una historia y verla publicada».

Según lo que a Castellano le ha costado, el ISBN (el dni o registro que deben llevar obligatoriamente todos los libros editados en el mundo, un código de 13 dígitos) supone unos 40 euros en formato digital y otros tantos en formato rústica, es decir, en papel. Una cantidad más que asumible que no garantiza el Nobel, desde luego, pero sí que el público conozca a autores que por no conocidos no tienen que pasar sin pena ni gloria.

La vocacional y premiada

Beatriz Martínez Manzanares tenía más claro que Jesús que su sitio estaba en la literatura. Se jubiló hace tiempo de su trabajo en un hospital, por una lesión importante de espalda. No ha vivido de ello, pero desde que comenzó a publicar, primero poniendo ella su dinero, hasta ahora, ha ganado diversos premios literarios. En su caso, el reconocimiento ha sido una manera de pago y un impulso.

«Mi novela Tiempo muerto fue finalista de un premio de ediciones Oblicúas y me propusieron coeditar el libro. Me costó unos 880 euros. El siguiente, Males de mujeres y cojera de perros, lo editaron ellos sin coste, porque fue otro premio, pero la distribución sí corrió por mi cuenta».

El último libro publicado por Beatriz, una selección de diez cuentos, también con galardón, le supuso de ‘salario’ un lote de diez libros y un ejemplar del suyo, recuerda. Y cero gasto para su bolsillo.

«El libro Bíblicas, de los primeros que escribí lo coeditamos entre tres autoras», recuerda esta autora que apuesta por relatos cortos, donde las relaciones personales y el campo son paisajes esenciales de su prosa.

La migrante escritora

La escritora ucraniana EraNova se llama en realidad Gala Nanivska. Su libro, Camino de una inmigrante, ha sido editado por Círculo Rojo, la empresa líder en España en el sector de la autoedición o autopublicación de libros. Por esta gestión, el autor paga desde luego. Gala invirtió 500 euros y recibió además 50 ejemplares con los que puede hacer lo que considere, básicamente, venderlos. Este título se encuentra en Amazon y en La Casa del Libro, por ejemplo, cerca de novedades de postín.

EraNova cuenta en su libro cómo llegó de Ucrania a España en busca de una vida mejor. El arranque para escribirlo, dice ella, fue un incendio que acabó con la casa familiar en su país. La protagonista es su reflejo, pero no es ella, le ha dado otra identidad y otra familia. Están de fondo los malos tratos y un objetivo: pensar en las mujeres que pasan por ese calvario, miles y miles, apunta la autora.

El enfermero agradecido

David Góngora Soria es el autor de tres novelas de fantasía autopublicadas: Hijos de la Oscuridad, Hijos de la Luz e Hijos de la Tierra. Enfermero de profesión y nacido en Huéscar (Granada), decidió en 2019 compaginar su profesión con la escritura de libros, algo que ha logrado gracias a la autopublicación en Amazon y que él describe como «un soplo de aire fresco en el mundo literario» . Dice que de este modo se ahorra las «esperas interminables» de las grandes editoriales. Así lo contó en una entrevista a 20minutos firmada por Julio Plaza.

Gógora alaba que, gracias a la autopublicación, ha podido ver cumplido su sueño como autor y resalta que esta técnica le permite tener «una recompensa en regalías (derechos de autor) mayor». Aun así, reconoce que el hecho de que la plataforma permita publicar cualquier cosa a cualquier persona puede hacer que la calidad del contenido en general no siempre sea la mejor.

A pesar de ello, él está «muy satisfecho con la autopublicación y lo que ha causado» en su vida, «no solo por la buena acogida del público», sino porque le permite «un control total y atemporal» de sus libros y le ofrece la posibilidad de modificar el texto en cualquier momento e «imprimir bajo demanda».

 Editarse por cuenta propia es generalmente barato y puede abrir las puertas del éxito editorial.  

Jesús es informático y a ratos libres, novelista. Beatriz era auxiliar de enfermería, pero lo que le gustaba de siempre era escribir. Gala limpia casas y acaba de sacar un libro sobre su historia como migrante ucraniana en España. Ellos son ejemplos de lo que se llama la autoedición, el placer de convertirse sin intermediario en  lo que uno siempre anheló ser también: escritor.

Autoeditarse está de moda, siempre lo ha estado. Pero plantea varias interrogantes: ¿Cómo se llega a la autoedición? ¿Es barato o caro? ¿Dónde se distribuyen esos libros una vez editados? ¿Comparten esos título mesa con las grandes novedades de los narradores consagrados?… Veamos y leamos. Y pongamos nombres a esta tendencia del escritor vocacional a costa de sus horarios de trabajo convencional.

Marcos Chicot Álvarez, de 54 años, era y es sicólogo. Compaginaba sus tareas clínicas con una pasión enloquecida por la escritura, que le llevó a publicar, sin grandes alegrías, su primera novela, Óscar. En 2013 sacó en Amazon El asesinato de Pitágoras y ahí su suerte cambió. 

En 2016 quedó finalista en el premio Planeta con El asesinato de Sócrates, una saga que ha continuado explorando, dedicado ya por entero a la narrativa. Tanto, que en las últimas dos ediciones de la Feria del Libro de Madrid ha estado todos los días firmando sus libros en una caseta, se ha convertido en paisaje de El Retiro por amor a los lectores.

Chicot es el caso de alguien que perseveró con éxito, aunque entre los escritores aficionados esto no es siempre un objetivo en sí mismo. Hay quienes escriben y se autopublican por gusto, sin más, y quienes reciben premios después de hacerlo. Y quienes defienden mensajes que a través de la lectura pueden resultar más eficaces. 

El narrador espontáneo

El gaditano Jesús Castellano acaba de publicar El profesor, una novela de intriga protagonizada por una jueza cuando aparece un cadáver en el paseo marítimo de Rota y cuya portada ha salido también de sus manos. «Siempre me interesó aprender cosas por mi cuenta, hice cursos de masajistas, osteopatía, de tocar el piano…». 

Redactar, cuenta, le gusta porque le gusta leer. «Soy un lector de libros fáciles, no busco ni disfruto libros profundos», explica. «Me gusta escribir, siempre me gustó. Nunca lo materialicé hasta ahora y me aporta felicidad. Estoy escribiendo el segundo de la serie, también de asesinatos, y también en mi pueblo, Rota», avanza contento con la experiencia. 

'El profesor', de Jesús Castellano.
‘El profesor’, de Jesús Castellano.CEDIDA

Castellano dice haber vendido unos cien ejemplares entre amigos y conocidos. «La historia se desarrolla en mi pueblo. Me han dicho varias veces gente que trabaja en el ayuntamiento que lo presente, pero me da una pereza infinita ponerme delante de todos».

Pensé en contactar con una editorial, pero no sabía ni por dónde empezar. Lo mío era más un divertimento y la necesidad de verlo publicado» (Jesús Castellano)

Jesús no piensa, en cualquier caso, abandonar su trabajo de informático para dedicarse a la literatura. «Con la autoedición lo hago cuando me lo pide el cuerpo y no tengo que depender de nadie externo», señala quien, además, dice desconocer cómo funciona el mundo editorial.  «Pensé en contactar con alguna, pero no sabía ni por dónde empezar. Lo mío era más un divertimento y la necesidad de terminar una historia y verla publicada».

Según lo que a Castellano le ha costado, el ISBN (el dni o registro que deben llevar obligatoriamente todos los libros editados en el mundo, un código de 13 dígitos) supone unos 40 euros en formato digital y otros tantos en formato rústica, es decir, en papel. Una cantidad más que asumible que no garantiza el Nobel, desde luego, pero sí que el público conozca a autores que por no conocidos no tienen que pasar sin pena ni gloria.

La vocacional y premiada

Beatriz Martínez Manzanares tenía más claro que Jesús que su sitio estaba en la literatura. Se jubiló hace tiempo de su trabajo en un hospital, por una lesión importante de espalda. No ha vivido de ello, pero desde que comenzó a publicar, primero poniendo ella su dinero, hasta ahora, ha ganado diversos premios literarios. En su caso, el reconocimiento ha sido una manera de pago y un impulso. 

«Mi novela Tiempo muerto fue finalista de un premio de ediciones Oblicúas y me propusieron coeditar el libro. Me costó unos 880 euros. El siguiente, Males de mujeres y cojera de perros, lo editaron ellos sin coste, porque fue otro premio, pero la distribución sí corrió por mi cuenta».

Ediciones Oblicuas
Ediciones OblicuasCEDIDA

El último libro publicado por Beatriz, una selección de diez cuentos, también con galardón, le supuso de ‘salario’ un lote de diez libros y un ejemplar del suyo, recuerda. Y cero gasto para su bolsillo.

«El libro Bíblicas, de los primeros que escribí lo coeditamos entre tres autoras», recuerda esta autora que apuesta por relatos cortos, donde las relaciones personales y el campo son paisajes esenciales de su prosa.

La migrante escritora

La escritora ucraniana EraNova se llama en realidad Gala Nanivska. Su libro, Camino de una inmigrante, ha sido editado por Círculo Rojo, la empresa líder en España en el sector de la autoedición o autopublicación de libros. Por esta gestión, el autor paga desde luego.  Gala invirtió 500 euros y recibió además 50 ejemplares con los que puede hacer lo que considere, básicamente, venderlos. Este título se encuentra en Amazon y en La Casa del Libro, por ejemplo, cerca de novedades de postín.

'Camino de una migrante'.
‘Camino de una migrante’.CEDIDA

EraNova cuenta en su libro cómo llegó de Ucrania a España en busca de una vida mejor. El arranque para escribirlo, dice ella, fue un incendio que acabó con la casa familiar en su país. La protagonista es su reflejo, pero no es ella, le ha dado otra identidad y otra familia. Están de fondo los malos tratos y un objetivo: pensar en las mujeres que pasan por ese calvario, miles y miles, apunta la autora.

El enfermero agradecido

David Góngora Soria es el autor de tres novelas de fantasía autopublicadas: Hijos de la Oscuridad, Hijos de la Luz e Hijos de la Tierra. Enfermero de profesión y nacido en Huéscar (Granada), decidió en 2019 compaginar su profesión con la escritura de libros, algo que ha logrado gracias a la autopublicación en Amazon y que él describe como «un soplo de aire fresco en el mundo literario» . Dice que de este modo se ahorra las «esperas interminables» de las grandes editoriales. Así lo contó en una entrevista a 20minutos firmada por Julio Plaza.

Trilogía 'El linaje del odio'.
Trilogía ‘El linaje del odio’.DAVID GÓNGORA SORIA

Gógora alaba que, gracias a la autopublicación, ha podido ver cumplido su sueño como autor y resalta que esta técnica le permite tener «una recompensa en regalías (derechos de autor) mayor». Aun así, reconoce que el hecho de que la plataforma permita publicar cualquier cosa a cualquier persona puede hacer que la calidad del contenido en general no siempre sea la mejor.

A pesar de ello, él está «muy satisfecho con la autopublicación y lo que ha causado» en su vida, «no solo por la buena acogida del público», sino porque le permite «un control total y atemporal» de sus libros y le ofrece la posibilidad de modificar el texto en cualquier momento e «imprimir bajo demanda».

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