Cuenta Marta Platel (Barcelona, 1962), que cuando fallaron el premio Fernando Lara de Novela y el jurado pronunció su nombre, poca gente aplaudió. «Cómo iban a hacerlo si nadie me conocía…», dice divertida dos meses después, con su libro ganador, El baile de las criadas, brillando lustroso entre las manos. Platel, periodista y actualmente jefa de compras de la revista Lecturas, había escrito en 2023 una primera novela, El último vuelo de la abeja reina, con la que obtuvo el éxito que le permitió imaginar algo más que un flirteo con la literatura.
El baile de las criadas (Planeta) se sitúa en 1941, en una Barcelona con una colonia nazi instalada entre las clases altas de la ciudad. La protagonista, Melisa, es una joven que llega de provincias para ganarse la vida como criada y asistir los jueves, en su día de asueto, a un baile con otras chicas de su condición. Allí descrubrirá el amor y comenzará su particular cruzada en favor de los derechos de las mujeres, en medio de uniformes inquietantes y esvásticas amenazadoras.
Al escribir la novela pensé en esas chicas que llegaron del pueblo en la posguerra huyendo de la miseria
«A mí me gusta definirla como una ficción histórica que tiene suspense, intriga y amor. Es una fusión de géneros con mucha, mucha documentación. Pero tampoco he pretendido avasallar al lector con muchos datos, no son bloques densos», matiza la autora durante la conversación que mantiene con 20minutos.
Sirvientas, señores, arriba, abajo, abusos… Imposible no pensar en libros como Criadas y señoras, de Kathryn Stockett, que evidenció esa gran diferencia social de clases en el Misisipi de los 60. «Leí ese libro, por supuesto, pero no es lo que me inspiró para mi novela. Más bien pensaba en esas chicas que llegaron del pueblo en la posguerra, huyendo de la miseria, y se pusieron a servir en las ciudades. Eran jóvenes que venían sin más expectativas que escapar de la pobreza y se encontraron con casas donde no tenían ningún derecho e, incluso, estaban sometidas a los señores, eran como esclavas, en ocasiones, sexuales».
La presencia nazi en esa Barcelona medio aburguesada de principios de los 40 es otro elemento sobresaliente y poco conocido del libro. Ni siquiera Platel era consciente de aquella presencia en su propia ciudad. «Desconocía totalmente este dato porque en el colegio no era algo que a mí me explicasen. Hay que tener en cuenta que a Franco le ayudaron los nazis y los fascistas a ganar la guerra y de alguna manera ese apoyo tenía que devolverse. Yo me centré en Barcelona en un año en que el dominio de Alemania sobre el escenario bélico era brutal. Aunque era una comunidad muy cerrada, sí que celebraban todo lo que eran sus fiestas, la de la cosecha, el cumpleaños de Hitler, que yo retrato en la novela….».
Ese pasaje de la historia es fascinante, porque somos incapaces de creer que algo así, el nazismo, pudiera haber sucedido
Así, lugares de la geografía barcelonesa, como el Palau de la Música, la Universidad, el antiguo Parlamento… quedaban ensuciados por esos símbolos de la supremacía nazi que colgaban impunes. «Me impactó descubrir hasta qué punto mi ciudad era una Barcelona nazificada con la connivencia de los franquistas», recuerda la escritora. «Es un pasaje de la historia fascinante, quizás porque somos incapaces de creer que algo así pudiera haber sucedido, que personajes así hubiesen podido existir».
Marta Platel desgrana en la charla una serie de nombres esenciales: nazis convencidos, otros que adoptaron la ideología para sobrevivir, quienes lucharon silenciosamente contra ellos… Apellidos que de algún modo están en sus páginas y certifican la ingente labor de archivo realizada para dar forma y vida a El baile de las criadas. Hay personas que existieron en la vida real y aparecen con sus mismos ropajes, aunque Platel se cuida de no identificarlos para evitar consecuencias, incluso, con sus descendientes. «Quizá son muy reconocibles, pero los nombres los he cambiado para evitar, eso, que sus nietos sientan lo que hizo su abuelo, que siempre será su abuelo. Tampoco hace falta llegar a eso».
Ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Todos en una situación extrema somos capaces de todo
En paralelo a esta descripción de los hechos que sacudían esa Barcelona de los 40, la autora pugna en su libro por retratar la diferencia abismal entre ricos y pobres. «Yo he intentado huir de ese cliché de pobres y ricos, aunque los hay, y de vencedores y vencidos. La protagonista vive en una sociedad marcada por la vigilancia, el miedo y las desigualdades sociales. Se ve que todos, de alguna manera, son perdedores y todos son ganadores, pero conforme la novela avanza, se aleja de los clichés. Ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Todo el mundo en una situación extrema es capaz de todo. Todos nos movemos en esta escala de grises».
La propia Marta, siendo una niña, conoció a mujeres serviles que elogiaban a sus contratadores, también si estos les pagaban casi nada y no les daban ni días libres. «Recuerdo ver en el parque a una mujer que trabajaba desde que tenía 14 años. Llevaba uniforme, superaba los 70 años, no se cogía vacaciones. Era madre soltera y yo me preguntaba, ¿y cuándo ve esta mujer a su hija, si siempre está trabajando? Tenía un sueldo irrisorio, pero cuando mi madre y otras personas le decían que reclamara, ella sacaba las uñas como una leona por sus señores. A veces recibían, hasta palizas, y así y con todo, seguían siendo fieles. Yo tenía 10 o 12 años, no hace tanto de aquello».
Vamos ahora con la dicotomía ficción-prensa del corazón, una curiosidad que Marta Platel no esconde, es más, en sus agradecimientos, cita al director de su revista, Luis Pliego, y a sus compañeros. «Yo he ido donde había trabajo y además creo que de todos los ámbitos se puede aprender. También coordiné durante tres años la revista Sports Illustrated, en su edición española que se hizo en Barcelona. Y todo han sido experiencias muy interesantes».
Descubrí que escribiendo, la vida es mucho más divertida
«A mí me ha gustado siempre escribir. Escribía artículos, hacía entrevistas… Al entrar en Lecturas, en el puesto de jefe de compras, mi labor era un poco más administrativa, de gestión. Echaba en falta esa vocación literaria. Así empecé con esto, yo creo que la creación es curativa», afirma Platel
«En momentos muy difíciles de mi vida, como fue la enfermedad de mi madre, escribir me ayudó. Yo siempre digo que me ahorró muchas horas de siquiatra ponerme a narrar y trasladar mis problemas y mis inquietudes a los personajes. Y descubrí que me lo pasaba muy bien haciéndolo y que la vida era mucho más divertida».
De la prensa del corazón me llama la atención Georgina Rodríguez, que se puede ganar la vida ya sin Ronaldo
Y ¿cómo resulta de inspiradora la prensa del corazón para hacer narrativa? «Esa sería otra tipo de novela de la que a mí me gusta hacer. Yo me muevo muy bien en la ficción histórica, con personajes reales y personajes inventados. Pero sí, podría hacerse. A mí hay personajes que me llaman mucho la atención, como Georgina Rodríguez, que es una famosa que tiene 73 millones de seguidores».
«Me parece fascinante, de hecho, ella hoy por hoy no necesita a Cristiano Ronaldo, porque ya es un personaje por sí mismo. Esto me parece tremendo. Es verdad que el tema de las redes sociales lo ha cambiado todo. Y hay personajes bastantes interesantes en ese mundo. Otros, no. Pero bueno, también es un abanico lo bastante amplio para que cada seguidor decida a quién sigue».
Marta Platel presentó ‘en sociedad’ su novela el pasado jueves 2 de julio, con una madrina que para ella fue antes una maestra, Paloma Sánchez-Garnica, premio Planeta 2024. Ambas novelistas conversaron en un hotel de Madrid sobre el método narrativo, la fuerza de las mujeres como protagonistas de la ficción y sobre la inmersión en la historia como fuente de creación, un ‘modus operandi’ que ambas comparten.
La periodista y escritora barcelonesa ha conquistado el galardón con su segunda novela, una historia de nazismo, amor y secretos en los años 40.
Cuenta Marta Platel (Barcelona, 1962), que cuando fallaron el premio Fernando Lara de Novela y el jurado pronunció su nombre, poca gente aplaudió. «Cómo iban a hacerlo si nadie me conocía…», dice divertida dos meses después, con su libro ganador, El baile de las criadas, brillando lustroso entre las manos. Platel, periodista y actualmente jefa de compras de la revista Lecturas, había escrito en 2023 una primera novela, El último vuelo de la abeja reina, con la que obtuvo el éxito que le permitió imaginar algo más que un flirteo con la literatura.
El baile de las criadas (Planeta) se sitúa en 1941, en una Barcelona con una colonia nazi instalada entre las clases altas de la ciudad. La protagonista, Melisa, es una joven que llega de provincias para ganarse la vida como criada y asistir los jueves, en su día de asueto, a un baile con otras chicas de su condición. Allí descrubrirá el amor y comenzará su particular cruzada en favor de los derechos de las mujeres, en medio de uniformes inquietantes y esvásticas amenazadoras.
Al escribir la novela pensé en esas chicas que llegaron del pueblo en la posguerra huyendo de la miseria
«A mí me gusta definirla como una ficción histórica que tiene suspense, intriga y amor. Es una fusión de géneros con mucha, mucha documentación. Pero tampoco he pretendido avasallar al lector con muchos datos, no son bloques densos», matiza la autora durante la conversación que mantiene con 20minutos.

Sirvientas, señores, arriba, abajo, abusos… Imposible no pensar en libros como Criadas y señoras, de Kathryn Stockett, que evidenció esa gran diferencia social de clases en el Misisipi de los 60. «Leí ese libro, por supuesto, pero no es lo que me inspiró para mi novela. Más bien pensaba en esas chicas que llegaron del pueblo en la posguerra, huyendo de la miseria, y se pusieron a servir en las ciudades. Eran jóvenes que venían sin más expectativas que escapar de la pobreza y se encontraron con casas donde no tenían ningún derecho e, incluso, estaban sometidas a los señores, eran como esclavas, en ocasiones, sexuales».
La presencia nazi en esa Barcelona medio aburguesada de principios de los 40 es otro elemento sobresaliente y poco conocido del libro. Ni siquiera Platel era consciente de aquella presencia en su propia ciudad. «Desconocía totalmente este dato porque en el colegio no era algo que a mí me explicasen. Hay que tener en cuenta que a Franco le ayudaron los nazis y los fascistas a ganar la guerra y de alguna manera ese apoyo tenía que devolverse. Yo me centré en Barcelona en un año en que el dominio de Alemania sobre el escenario bélico era brutal. Aunque era una comunidad muy cerrada, sí que celebraban todo lo que eran sus fiestas, la de la cosecha, el cumpleaños de Hitler, que yo retrato en la novela….».
Ese pasaje de la historia es fascinante, porque somos incapaces de creer que algo así, el nazismo, pudiera haber sucedido
Así, lugares de la geografía barcelonesa, como el Palau de la Música, la Universidad, el antiguo Parlamento… quedaban ensuciados por esos símbolos de la supremacía nazi que colgaban impunes. «Me impactó descubrir hasta qué punto mi ciudad era una Barcelona nazificada con la connivencia de los franquistas», recuerda la escritora. «Es un pasaje de la historia fascinante, quizás porque somos incapaces de creer que algo así pudiera haber sucedido, que personajes así hubiesen podido existir».

Marta Platel desgrana en la charla una serie de nombres esenciales: nazis convencidos, otros que adoptaron la ideología para sobrevivir, quienes lucharon silenciosamente contra ellos… Apellidos que de algún modo están en sus páginas y certifican la ingente labor de archivo realizada para dar forma y vida a El baile de las criadas. Hay personas que existieron en la vida real y aparecen con sus mismos ropajes, aunque Platel se cuida de no identificarlos para evitar consecuencias, incluso, con sus descendientes. «Quizá son muy reconocibles, pero los nombres los he cambiado para evitar, eso, que sus nietos sientan lo que hizo su abuelo, que siempre será su abuelo. Tampoco hace falta llegar a eso».
Ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Todos en una situación extrema somos capaces de todo
En paralelo a esta descripción de los hechos que sacudían esa Barcelona de los 40, la autora pugna en su libro por retratar la diferencia abismal entre ricos y pobres. «Yo he intentado huir de ese cliché de pobres y ricos, aunque los hay, y de vencedores y vencidos. La protagonista vive en una sociedad marcada por la vigilancia, el miedo y las desigualdades sociales. Se ve que todos, de alguna manera, son perdedores y todos son ganadores, pero conforme la novela avanza, se aleja de los clichés. Ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Todo el mundo en una situación extrema es capaz de todo. Todos nos movemos en esta escala de grises».
La propia Marta, siendo una niña, conoció a mujeres serviles que elogiaban a sus contratadores, también si estos les pagaban casi nada y no les daban ni días libres. «Recuerdo ver en el parque a una mujer que trabajaba desde que tenía 14 años. Llevaba uniforme, superaba los 70 años, no se cogía vacaciones. Era madre soltera y yo me preguntaba, ¿y cuándo ve esta mujer a su hija, si siempre está trabajando? Tenía un sueldo irrisorio, pero cuando mi madre y otras personas le decían que reclamara, ella sacaba las uñas como una leona por sus señores. A veces recibían, hasta palizas, y así y con todo, seguían siendo fieles. Yo tenía 10 o 12 años, no hace tanto de aquello».

Vamos ahora con la dicotomía ficción-prensa del corazón, una curiosidad que Marta Platel no esconde, es más, en sus agradecimientos, cita al director de su revista, Luis Pliego, y a sus compañeros. «Yo he ido donde había trabajo y además creo que de todos los ámbitos se puede aprender. También coordiné durante tres años la revista Sports Illustrated, en su edición española que se hizo en Barcelona. Y todo han sido experiencias muy interesantes».
Descubrí que escribiendo, la vida es mucho más divertida
«A mí me ha gustado siempre escribir. Escribía artículos, hacía entrevistas… Al entrar en Lecturas, en el puesto de jefe de compras, mi labor era un poco más administrativa, de gestión. Echaba en falta esa vocación literaria. Así empecé con esto, yo creo que la creación es curativa», afirma Platel
«En momentos muy difíciles de mi vida, como fue la enfermedad de mi madre, escribir me ayudó. Yo siempre digo que me ahorró muchas horas de siquiatra ponerme a narrar y trasladar mis problemas y mis inquietudes a los personajes. Y descubrí que me lo pasaba muy bien haciéndolo y que la vida era mucho más divertida».
De la prensa del corazón me llama la atención Georgina Rodríguez, que se puede ganar la vida ya sin Ronaldo
Y ¿cómo resulta de inspiradora la prensa del corazón para hacer narrativa? «Esa sería otra tipo de novela de la que a mí me gusta hacer. Yo me muevo muy bien en la ficción histórica, con personajes reales y personajes inventados. Pero sí, podría hacerse. A mí hay personajes que me llaman mucho la atención, como Georgina Rodríguez, que es una famosa que tiene 73 millones de seguidores».

«Me parece fascinante, de hecho, ella hoy por hoy no necesita a Cristiano Ronaldo, porque ya es un personaje por sí mismo. Esto me parece tremendo. Es verdad que el tema de las redes sociales lo ha cambiado todo. Y hay personajes bastantes interesantes en ese mundo. Otros, no. Pero bueno, también es un abanico lo bastante amplio para que cada seguidor decida a quién sigue».
Marta Platel presentó ‘en sociedad’ su novela el pasado jueves 2 de julio, con una madrina que para ella fue antes una maestra, Paloma Sánchez-Garnica, premio Planeta 2024. Ambas novelistas conversaron en un hotel de Madrid sobre el método narrativo, la fuerza de las mujeres como protagonistas de la ficción y sobre la inmersión en la historia como fuente de creación, un ‘modus operandi’ que ambas comparten.
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