La ola de odio hacia el concursante de ‘Saber y Ganar’ que disfruta jugando en la tele

¿Qué se espera de un concursante de televisión? Que no hable con monosílabos, que sea competitivo y que juegue con gracia. Martín Escolar, la última revelación de Saber y Ganar, es tan extrovertido que ensancha estas tres virtudes clásicas del audiovisual, pues cuenta con otro valor en pantalla: comunica desde la sonrisa más que desde la tensión. Y eso es complicado en la larga dinámica de grabación del emblemático programa de La 2 que presenta Jordi Hurtado y creó Sergi Schaaff.

Encima, Martin Escolar es guapo. Y lo sabe. Lo que le otorga una seguridad extra bajo los focos. Ni siquiera duda en cantar como si fuera un artista de musical cuando la prueba va de dar el cante. De hecho, el creativo programa ideó la travesura de colocar a Martin Escolar a versionar a otro Martin, Ricky Martin. Él lo hizo con el movimiento de cadera que merecía tal momento. Sin vergüenza. Ya que te pones, te pones.

Sin embargo, desde su llegada a Saber y Ganar, su magnífica actitud de “hemos venido a jugar” ha despertado una corriente de odio en redes sociales que el propio equipo del formato ha tenido que denunciar para intentar frenar una ola que se va haciendo cada vez más grande.

“Aunque debería ser evidente, recordamos que todo tipo de opiniones están permitidas, pero no los insultos y faltas de respeto. Desde Saber y Ganar apoyamos la cultura, el entretenimiento y la educación. Por eso no podemos permitir mensajes agresivos y ataques personales. Quien no respete esta forma de actuar, será bloqueado de la cuenta”, han escrito los perfiles virales del concurso.

Hasta los programas culturales, que siempre eran un punto de encuentro de cordialidad, se van contagiando de la deshumanización de habitar tras las pantallas. El tirón de un concurso siempre ha ido unido a tomar partido por los participantes. Empatizando para bien. O para fatal. Pero aquí se ha roto la deportividad para ir al terreno personal.

La expresividad de Martin ha sido cebo fácil. Su albedrío en plató demuestra una libertad que da mucha rabia a los que no son capaces de quitarse los corsés de las jaulas del «qué dirán». Aunque, también, esta irritación colectiva evidencia como el odio tapa lo positivo. Porque Martin ha enamorado bastante más que ha desnortado. Qué agotador es, a veces, el carisma vibrante: no hay punto medio. O lo amas, o lo odias. La espontaneidad de Martin no crea indiferencia. Lo que se traduce en un disfrute para la tele que, esta vez, esconde otro más difícil todavía: él mismo también transmite disfrutar a lo grande su propio paso por la tele. Porque en la tele no «hay que darlo todo», hay que disfrutarlo mucho. Que es diferente. Y es mejor.

 Martín Escolar ha sido una revelación de ‘Saber y Ganar’, pero ha movilizado una ola de hate.  

¿Qué se espera de un concursante de televisión? Que no hable con monosílabos, que sea competitivo y que juegue con gracia. Martín Escolar, la última revelación de Saber y Ganar, es tan extrovertido que ensancha estas tres virtudes clásicas del audiovisual, pues cuenta con otro valor en pantalla: comunica desde la sonrisa más que desde la tensión. Y eso es complicado en la larga dinámica de grabación del emblemático programa de La 2 que presenta Jordi Hurtado y creó Sergi Schaaff.

Encima, Martin Escolar es guapo. Y lo sabe. Lo que le otorga una seguridad extra bajo los focos. Ni siquiera duda en cantar como si fuera un artista de musical cuando la prueba va de dar el cante. De hecho, el creativo programa ideó la travesura de colocar a Martin Escolar a versionar a otro Martin, Ricky Martin. Él lo hizo con el movimiento de cadera que merecía tal momento. Sin vergüenza. Ya que te pones, te pones.

Sin embargo, desde su llegada a Saber y Ganar, su magnífica actitud de “hemos venido a jugar” ha despertado una corriente de odio en redes sociales que el propio equipo del formato ha tenido que denunciar para intentar frenar una ola que se va haciendo cada vez más grande.

“Aunque debería ser evidente, recordamos que todo tipo de opiniones están permitidas, pero no los insultos y faltas de respeto. Desde Saber y Ganar apoyamos la cultura, el entretenimiento y la educación. Por eso no podemos permitir mensajes agresivos y ataques personales. Quien no respete esta forma de actuar, será bloqueado de la cuenta”, han escrito los perfiles virales del concurso.

Hasta los programas culturales, que siempre eran un punto de encuentro de cordialidad, se van contagiando de la deshumanización de habitar tras las pantallas. El tirón de un concurso siempre ha ido unido a tomar partido por los participantes. Empatizando para bien. O para fatal. Pero aquí se ha roto la deportividad para ir al terreno personal.

La expresividad de Martin ha sido cebo fácil. Su albedrío en plató demuestra una libertad que da mucha rabia a los que no son capaces de quitarse los corsés de las jaulas del «qué dirán». Aunque, también, esta irritación colectiva evidencia como el odio tapa lo positivo. Porque Martin ha enamorado bastante más que ha desnortado. Qué agotador es, a veces, el carisma vibrante: no hay punto medio. O lo amas, o lo odias. La espontaneidad de Martin no crea indiferencia. Lo que se traduce en un disfrute para la tele que, esta vez, esconde otro más difícil todavía: él mismo también transmite disfrutar a lo grande su propio paso por la tele. Porque en la tele no «hay que darlo todo», hay que disfrutarlo mucho. Que es diferente. Y es mejor.

 20MINUTOS.ES – Televisión

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