Desafío en Brasil: un ajuste para equilibrar las cuentas

A la política económica expansiva de Lula en los últimos cuatro años se le suman sus ‘regalos’ de campaña, una acumulación de subsidios, obsequios y desgravaciones fiscales que rondan los 52.000 millones de euros Leer A la política económica expansiva de Lula en los últimos cuatro años se le suman sus ‘regalos’ de campaña, una acumulación de subsidios, obsequios y desgravaciones fiscales que rondan los 52.000 millones de euros Leer  

Las enormidades y exageraciones que salen habitualmente de los labios de Javier Milei, unidas al tono desaforado e insultante que utiliza siempre el presidente argentino, podrían hacer pensar que con Brasil también se equivoca sobre sus comentarios económicos. Pero no, Milei tiene razón cuando marca que, más temprano que tarde, la que es la mayor economía de América Latina tendrá que resolver el problema que implica el enorme déficit fiscal del 8,1%, con que Luiz Inácio Lula da Silva termina este mandato.

Y con el mandatario argentino coincide el periódico O Globo, uno de los principales medios del país: «Es evidente que, en el próximo Gobierno, el país tendrá que pasar por un ajuste fiscal para equilibrar las cuentas. Pero esto tampoco se debatió seriamente», publicaba este fin de semana este diario centenario.

A la política económica expansiva de Lula en los últimos cuatro años se le sumaron sus regalos de campaña, una acumulación de subsidios, obsequios y desgravaciones fiscales que rondan los 300.000 millones de reales (unos 52.000 millones de euros al cambio), aunque Flávio Bolsonaro, su rival, eleva la cifra a 400.000 millones.

Sea una u otra la cantidad, esa cuenta hay que pagarla, ya sea con un importante recorte de gastos, una subida de impuestos o una combinación de ambas medidas, pero Brasil debe seguir funcionando además. Hay una estructura que no se puede desmontar, cuenta a EL MUNDO Marco Antonio Carvalho Teixeira, profesor del Departamento de Gestión Pública de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

«No se puede desmontar el programa Bolsa Familia», detalla Carvalho Teixeira en referencia al principal programa social del Gobierno de Lula, que transfiere renta a familias en situación de pobreza o pobreza extrema, que alcanza a un 26,6% de la población, unos 56,3 millones de personas, cifra que supera la población de España. Brasil tiene un total de 214,2 millones de habitantes.

«Tampoco se puede terminar con el acceso a la universidad pública, o el programa Farmacia popular, que ofrece medicinas baratas a la población. Son programas que tienen un alcance gigantesco, y otro programa que creció es el Pé-de-meia, con incentivos financieros para que los niños no abandonen su escolarización», señala el mismo experto. Según Carvalho Teixeira, Brasil tiene otro gran desafío, que es el de sacar adelante una flexibilización laboral razonable «en un país en el que tanta gente no tiene ninguna preparación».

Brasil es históricamente un país de contrastes, una nación de profundas desigualdades. Si la pobreza alcanza a casi la mitad de la población en el nordeste, en el sur del país la tasa no supera el 12%. Si cualquier imagen aérea exhibe interminables extensiones de favelas (casas de chabolas), eso se da en el mismo país que es el noveno PIB mundial y que cuenta con una potente y competitiva industria aeroespacial, con su núcleo en Embraer, uno de los mayores fabricantes de aviones del mundo.

O Globo enumeró recientemente los desafíos que esperan al país, donde «los mismos problemas afectan a todos». «La pésima calidad de los servicios públicos, especialmente la sanidad y la educación; la violencia en las calles y el alarmante avance del crimen organizado sobre los territorios, la economía y las instituciones; la vida caótica en las grandes ciudades, con carencias en materia de vivienda, transporte y saneamiento; el desequilibrio crónico de las cuentas públicas, en un Estado secuestrado y carcomido por intereses corporativos y provincianos, incapaz de financiar, incluso con una carga fiscal exorbitante, todo lo que promete la Constitución». Los candidatos, crítica este diario, «prometieron el oro y el moro sin decir de dónde sacarían los recursos para pagarlo».

Al déficit fiscal del 8,1% que exhibe Brasil se le suma una ralentización de su crecimiento, rebajado recientemente por el Fondo Monetario Internacional (FMI) al 2,1% para 2026. Y el peligro de que los mercados financieros internacionales le pierdan la confianza, destaca el FMI: «La tensión en los mercados podría provocar una ‘huida hacia la seguridad’ (cuando, en momentos de crisis, los inversores globales buscan activos más seguros) y afectar especialmente a las economías emergentes a través de unos diferenciales soberanos (la diferencia entre los tipos de interés de los títulos de deuda) más amplios, presiones cambiarias y condiciones financieras nacionales más restrictivas».

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