Donald Trump sustituye a su jefa de gabinete por el más radical de sus asesores tras la debacle de las elecciones

Stephen Miller, el cerebro de la política migratoria y las deportaciones masivas, reemplaza a Susie Wiles, considerada el contrapeso sensato en la Casa Blanca Leer Stephen Miller, el cerebro de la política migratoria y las deportaciones masivas, reemplaza a Susie Wiles, considerada el contrapeso sensato en la Casa Blanca Leer  

Tras la debacle de las elecciones legislativas de mitad de mandato, el presidente Donald Trump ha anunciado hoy la salida de su jefa de gabinete, Susie Wiles, que será reemplazada por Stephen Miller, el más radical de sus asesores y cerebro de la política migratoria y las deportaciones masivas. Si alguien esperaba, en Washington o en el seno del Partido Republicano, algo de autocrítica tras el tsunami que ha barrido a los conservadores, el presidente ha dejado claro que no saldrá de sus labios.

«Me complace anunciar que el señor Stephen Miller, actual Jefe Adjunto de Gabinete de la Administración Trump y uno de mis asesores de mayor confianza, asumirá el cargo de Jefe de Gabinete a partir del lunes 9 de noviembre de 2026. Susie Wiles, quien ha realizado un trabajo excepcional, se incorporará al equipo de Operaciones Políticas de Trump. Quiero agradecerle su servicio como Jefa de Gabinete; ¡ha hecho un trabajo magnífico!», ha escrito el presidente en sus redes sociales.

La decisión no es una sorpresa pero sí una declaración de intención. Wiles, que en marzo anunció que le han diagnosticado cáncer de mama y que en septiembre celebró que lo había superado, llevaba tiempo siendo cuestionada. Ha habido una campaña subterránea muy fuerte para debilitar a quien es el cerrojo del Despacho Oval y el desastre electoral ha sido el detonante. En las últimas 72 horas se habían empezado a ver las grietas más grandes del trumpismo, con ataques cruzados, ajustes de cuentas y muchas voces aireando el malestar en los medios. Se hablaba de ceses y salidas. Éste es el paso más importante.

«A veces en la vida tienes que hacer cambios (…) Stephen ha estado conmigo desde el principio. Lo entiende. Muy bueno políticamente, y es un muy buen administrador. Hará un gran trabajo. Gran administrador», ha dicho Trump poco después a los periodistas.

Wiles presentó su dimisión anoche tras contatar que el presidente había perdido su confianza y la responsabilizaba al menos en parte de lo ocurrido. «Hoy es mi último día como Jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Servir al Presidente Trump en la Casa Blanca ha sido el honor de toda una vida. Estoy tan orgulloso de haber sido parte de lo que hemos logrado juntos, desde asegurar nuestra frontera y reducir impuestos hasta fortalecer nuestra economía y poner a América Primero. Más que nada, estoy agradecida por las personas extraordinarias con las que he tenido el privilegio de trabajar codo a codo. Aunque mi rol pueda estar cambiando, mi compromiso con el Presidente y la misión nunca lo hará», ha señalado ella misma.

Susie Wiles ha sido una de las figuras centrales del trumpismo y la mujer que dirigió, junto a Chris LaCivita, la campaña que devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca en 2024. Estratega republicana de larga trayectoria, llegó al despacho de jefa de gabinete con fama de pragmática, disciplinada y muchos menos ideológica que otros integrantes del círculo presidencial. Se la consideraba una suerte de contrapeso interno, la persona que quizás fuese capaz de ordenar el caos, filtrar las decisiones, imponer cierta disciplina y, sobre todo, moderar los impulsos de Trump. No de controlar a Trump pero quizás aplacar su carácter volcánico.

El primer mandato de Trump fue caótico, lleno de dimisiones, cesas, giros de timón. En este segundo, Willes logró mantener el control de esa parte durante el primer año, pero este 2026 y tras la guerra de Irán, y el desastre del ICE, empezaron los ceses y dimisiones, la concatenación de escándalos e improvisaciones, como en la portavocía. No es que la jefa de gabinete, el puesto más importante en toda la administración, sea exactamente una moderada, pero sí representaba un estilo más institucional, menos doctrinario que el de algunos de los ideólogos del movimiento. Como Miller.

Ese equilibrio acaba de romperse. Trump ha decidido que el principal arquitecto de su política migratoria restrictiva, el más agresivo e ideológico de sus asesores, esté al frente. Miller representa el ala más dura e ideológica del trumpismo: defensor de una política de deportaciones masivas, de una concepción expansiva del poder presidencial y de una agenda nacionalista de confrontación. Si de verdad el presidente quiera trabajar con la nueva mayoría demócrata en el Congreso, tal y como dijo la noche electoral, ha escogido la peor opción posible.

«Stephen Miller es un xenófobo peligroso y un extremista imprudente que tiene sangre estadounidense en sus manos. Su presencia en el gobierno debería ser erradicada como un tumor maligno», ha reaccionado a su nombramiento Hakeem Jefrries, el que probablemente sea el próximo speaker de la Cámara Baja y por tanto enlace de las negociaciones con la Casa Blanca.

El recién nombrado es uno de los grandes defensores de Israel, de los más críticos con Europa, con Canadá o con la OTAN y más dispuesto a tender la mano a Rusia o China. En política exterior ha llegado a defender incluso la necesidad anexionar Groenlandia o Panamá, invocando la fuerza y la condición de superpotencia estadounidense por encima de las convenciones internacionales.

No es sólo además que haya diseñado la política migratoria, incluyendo en los dos mandatos de Trump las medidas más drásticas, desde la separación de familias en la frontera hasta la prohibición de entrada a ciudadanos de países mayoritariamente musulmanes. Miller, nacionalista cerrado, defiende una concepción de Estados Unidos basada en la homogeneidad y disfruta con el énfasis en guerras culturales, siendo un adversario declarado del multiculturalismo, las políticas de diversidad, el movimiento trans y lo que denomina cultura woke.

A partir de la semana que viene pasará a ocuparse de la operación política de Trump cuando entra además en su fase más delicada, la que se conoce en EEUU como de ‘pato cojo’. Sin poder repetir mandato (salvo que quiera violar la Constitución), con un Congreso en contra y el voto del país mostrando hartazgo. Con su designación Trump muestra que busca pelea, que no tiene intención de rebajar el tono, sino todo lo contrario. Y que lejos de hacer autocrítica, redobla su apuesta más ideológica.

Los problemas de Wiles se han agravado desde el verano por las actividades de su entorno más próximo, en particular las de su hija, Katie Wiles, socia de una firma de lobby que representa al Gobierno de la República Srpska, en Bosnia. La aparición de ella en una visita a ese territorio, coincidiendo con trabajos de consultoría política realizados allí por dos colaboradores de Wiles, el mencionado LaCivita y James Blair, alimentó las sospechas sobre posibles conflictos de intereses. Nada que no haga todo el entorno del presidente. Pero había gente interesada en su caída.

El episodio más delicado llegó tras la derrota republicana el martes. Según algunas crónicas. Wiles habría tratado de desviar las responsabilidades hacia Marco Rubio y Pete Hegseth y de alimentar la rivalidad entre ambos, dos figuras con aspiraciones presidenciales para 2028. La historia, complicada, apunta más bien a los ajustes de cuentas internos que buscan señalarla. Hace unas semanas, los medios informaron por ejemplo de que la principal asistente del presidente. Natalie Harp, que maneja sus redes sociales e incluso contesta las llamadas de su teléfono móvil personal, habría mostrado deliberadamente al presidente las noticias negativas sobre Wiles y su familia en un intento de acabar con ella, ya que la jefa de gabinete no estaba nada cómoda con el protagonismo de Harp, la más ferviente devota del presidente en su equipo. Junto a Miller.

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