El balcón de Federico García Lorca en Madrid donde fue sorprendido por un disparo

“Federico García Lorca vivió aquí”. El Teatro Español del Ayuntamiento de Madrid colocó, en 1984, una robusta placa de piedra en el edificio de la calle de Alcalá 96 que fue hogar del poeta entre 1933 y 1936.

Aunque sus ventanas de la séptima planta asomaban a la calle de atrás, que para Federico era la de enfrente: la calle Narváez.

Allí empezó a sentir la tensión de la Guerra Civil que se avecinaba tras el alzamiento nacional. “Sabes, anoche me han podido matar”, explicó Federico a su amigo el pintor José Caballero en una mañana que estaba de visita en este piso.

Federico le llevó al cuarto de al lado y le acercó al balcón. “Me enseñó un tiro que había entrado al techo desde la calle Narváez”, relató el propio Caballero en el año 1980 en La Clave de José Luis Balbín.

“Entonces yo le pregunté: ‘Pero, ¿tú estabas asomado al balcón?’. Y me dijo: ‘No, pero podía haberlo estado’. La intuición, el miedo a todo lo que podía ocurrir. El presentimiento era ya enorme en esos días”, reflexionaba Caballero en conversación con otros amigos de Lorca que asentían, como el poeta Luis Rosales y el escenógrafo Santiago Ontañón.

Hoy aquella emisión de tres horas de La Clave, en 1980, es una documentación esencial que representa el servicio público de la televisión pública. Porque inmortaliza la vida cotidiana de Lorca a través de sus amigos que estuvieron hasta el último día, como Luis Rosales, que le refugió en su casa de Granada porque parecía un lugar más seguro. El motivo: su familia era falangista. Dio igual, de allí se lo llevaron para acabar mantándole el 18 de agosto.

Aquel balcón del piso en el que Federico García Lorca escribió La casa de Bernarda Alba continúa divisando la calle Narváez. Desde su vista, ahora se puede observar coches sin tregua, gentes corriendo a El Corte Inglés de Goya e incluso fans saliendo del metro para bailar a su artista soñado en el Madrid Arena que un día fue Palacio de Deportes. El tumulto sigue pasando por debajo de un ventanal que siempre será el mirador donde Lorca vio la vida y, también, el terror de un país en involución por los que prenden el odio hasta conseguir que la vida no valga nada y el terror valga todo. La vida y el terror que, tras magnicidio a Calvo Sotelo, le animó a irse a las raíces de su Granada, donde su emoción empezó y donde su emoción fue asesinada. Que no borrada. Eso es y será imposible.

 Historia de un balcón que sigue mirando Madrid.  

“Federico García Lorca vivió aquí”. El Teatro Español del Ayuntamiento de Madrid colocó, en 1984, una robusta placa de piedra en el edificio de la calle de Alcalá 96 que fue hogar del poeta entre 1933 y 1936.

Aunque sus ventanas de la séptima planta asomaban a la calle de atrás, que para Federico era la de enfrente: la calle Narváez.

Allí empezó a sentir la tensión de la Guerra Civil que se avecinaba tras el alzamiento nacional.“Sabes, anoche me han podido matar”, explicó Federico a su amigo el pintor José Caballero en una mañana que estaba de visita en este piso.

Federico le llevó al cuarto de al lado y le acercó al balcón. “Me enseñó un tiro que había entrado al techo desde la calle Narváez”, relató el propio Caballero en el año 1980 en La Clave de José Luis Balbín.

“Entonces yo le pregunté: ‘Pero, ¿tú estabas asomado al balcón?’. Y me dijo: ‘No, pero podía haberlo estado’. La intuición, el miedo a todo lo que podía ocurrir. El presentimiento era ya enorme en esos días”, reflexionaba Caballero en conversación con otros amigos de Lorca que asentían, como el poeta Luis Rosales y el escenógrafo Santiago Ontañón.

Hoy aquella emisión de tres horas de La Clave, en 1980, es una documentación esencial que representa el servicio público de la televisión pública. Porque inmortaliza la vida cotidiana de Lorca a través de sus amigos que estuvieron hasta el último día, como Luis Rosales, que le refugió en su casa de Granada porque parecía un lugar más seguro. El motivo: su familia era falangista. Dio igual, de allí se lo llevaron para acabar mantándole el 18 de agosto.

Aquel balcón del piso en el que Federico García Lorca escribió La casa de Bernarda Alba continúa divisando la calle Narváez. Desde su vista, ahora se puede observar coches sin tregua, gentes corriendo a El Corte Inglés de Goya e incluso fans saliendo del metro para bailar a su artista soñado en el Madrid Arena que un día fue Palacio de Deportes. El tumulto sigue pasando por debajo de un ventanal que siempre será el mirador donde Lorca vio la vida y, también, el terror de un país en involución por los que prenden el odio hasta conseguir que la vida no valga nada y el terror valga todo. La vida y el terror que, tras magnicidio a Calvo Sotelo, le animó a irse a las raíces de su Granada, donde su emoción empezó y donde su emoción fue asesinada. Que no borrada. Eso es y será imposible.

 20MINUTOS.ES – Televisión

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