El PP arranca una nueva etapa tras cerrar los pactos autonómicos con la vista puesta en preparar «la madre de todas las batallas»

Al finalizar las elecciones andaluzas, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, activó el cronómetro electoral y se marcó como objetivo tener una agenda cargada de proyectos que ofrecer a los españoles hasta llegar a la cita con las urnas. Sin embargo, esa intención quedó un poco diluida por los acuerdos que debían consumarse tanto en Andalucía como en Castilla y León y por las reacciones diarias a los escándalos de corrupción que rodean al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Pero ahora, tras cerrar el único fleco pendiente en términos autonómicos con la investidura de Juanma Moreno en Andalucía, Génova arranca una nueva etapa con la vista puesta en preparar «la madre de todas las batallas». Ahora sí, está toda la carne puesta en el asador mirando hacia las elecciones generales.

Si bien es cierto que la negociación entre Vox y PP en Andalucía ha distado mucho de las que se produjeron en las otras autonomías para alcanzar un pacto de gobierno, pues las direcciones nacionales no han estado tan implicadas, Génova tenía inevitablemente la atención dividida. Pero ahora, ya puede apartar la mirada de la política autonómica, toda vez que ha logrado mantener a cuatro presidentes más dirigiendo sus respectivos territorios, para centrarse en las elecciones generales. «Acaba el momento en que teníamos que poner un ojo en la política nacional y otro en la autonómica», reconocen.

Los resultados de las últimas elecciones autonómicas celebradas desde diciembre -Extremadura- y hasta el mes de mayo -Andalucía- suponen un acicate para la carrera hacia la Moncloa. En Extremadura, Aragón y Andalucía, el PP saca 11, 8 y 25 escaños, respectivamente, al PSOE. «Salimos con el PP reforzado y el PSOE más débil que nunca«, continúan celebrando, por lo que se ven «mucho más fuertes» para afrontar «la madre de todas las batallas». Además, consideran que durante la campaña electoral el discurso basado en que «Vox da miedo» ya no servirá, pues han gobernado en coalición y no se ha llevado a cabo ninguna decisión política «contra los derechos sociales».

Pasada la página de los pactos autonómicos, los de Feijóo escriben ahora la de la estrategia para lograr la presidencia del Ejecutivo. A partir de ahora, los dos objetivos principales son «debilitar al Gobierno con toda intensidad y fortalecer la alternativa con toda rapidez». Y eso pasa por ser «más exigentes que nunca» en el ámbito de control al equipo de Sánchez y «más propositivos que nunca en la búsqueda de mensajes» para que los ciudadanos decidan escoger la papeleta del PP en la próxima convocatoria electoral.

Las reuniones del presidente del PP con la sociedad civil y las propuestas suelen ser habituales. Esta misma semana, Feijóo recibía a familias con hijos con enfermedades graves y les prometía ampliar las ayudas para ellos. Sin embargo, en la dirección nacional son conscientes de que es complicado «colocar el mensaje propositivo» con la cascada de imputaciones que vive el Ejecutivo y acapara la información de actualidad en los medios de comunicación. Esta misma semana arrancaba con la imputación de la presidenta de la SEPI, Belén Gualda, y otras 24 personas; y continuaba el jueves con la imputación de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y el DAO, Manuel Llamas, todos ellos en el marco del caso Leire Díez.

Sin embargo, a los populares tampoco les incomoda ver «cómo la justicia va dando pasos en la búsqueda de hacer pagar al PSOE por sus delitos«, pues creen que les beneficia de cara a contraponer ambos modelos para atraer a posibles votantes. Además, llegan a la recta final de la legislatura satisfechos de haber mantenido durante tres años «la misma pulsión» aunque conscientes de que tendrán que hacer filigranas hasta que se celebren las elecciones generales. Una de las líneas maestras de su táctica será sacar partido de la «animadversión pública» que «nunca nadie había generado como Pedro Sánchez», porque consideran que penaliza al Partido Socialista en las urnas.

Los sondeos internos que manejan en Génova también invitan al entusiasmo y a esforzarse más que nunca para lograr llegar a La Moncloa. Recuerdan que la izquierda alcanzó su suelo histórico en 2011 con un Alfredo Pérez Rubalcaba, por el PSOE, y un Cayo Lara, por IU, que lograron, en total, un 36,17% de voto; y ahora las cuentas que manejan apuntan a una cifra similar, sumando a las formaciones políticas de izquierda de ámbito nacional. Pero de sus encuestas extraen, sobre todo, que la suma de los partidos de derecha dan más del 50% de voto total. Manejando esas cifras, enfilan las elecciones generales derrochando ilusión y trabajando por conseguir el lema que sigue abrazando su sede: «El cambio está cerca».

 El Gobierno de Andalucía era el último fleco pendiente pero ahora Génova aparta la mirada de la política autonómica para centrarse en las elecciones generales con dos objetivos: «Debilitar al Gobierno y fortalecer la alternativa».  

Al finalizar las elecciones andaluzas, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, activó el cronómetro electoral y se marcó como objetivo tener una agenda cargada de proyectos que ofrecer a los españoles hasta llegar a la cita con las urnas. Sin embargo, esa intención quedó un poco diluida por los acuerdos que debían consumarse tanto en Andalucía como en Castilla y León y por las reacciones diarias a los escándalos de corrupción que rodean al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Pero ahora, tras cerrar el único fleco pendiente en términos autonómicos con la investidura de Juanma Moreno en Andalucía, Génova arranca una nueva etapa con la vista puesta en preparar «la madre de todas las batallas». Ahora sí, está toda la carne puesta en el asador mirando hacia las elecciones generales

Si bien es cierto que la negociación entre Vox y PP en Andalucía ha distado mucho de las que se produjeron en las otras autonomías para alcanzar un pacto de gobierno, pues las direcciones nacionales no han estado tan implicadas, Génova tenía inevitablemente la atención dividida. Pero ahora, ya puede apartar la mirada de la política autonómica, toda vez que ha logrado mantener a cuatro presidentes más dirigiendo sus respectivos territorios, para centrarse en las elecciones generales. «Acaba el momento en que teníamos que poner un ojo en la política nacional y otro en la autonómica», reconocen. 

Los resultados de las últimas elecciones autonómicas celebradas desde diciembre -Extremadura- y hasta el mes de mayo -Andalucía- suponen un acicate para la carrera hacia la Moncloa. En Extremadura, Aragón y Andalucía, el PP saca 11, 8 y 25 escaños, respectivamente, al PSOE. «Salimos con el PP reforzado y el PSOE más débil que nunca«, continúan celebrando, por lo que se ven «mucho más fuertes» para afrontar «la madre de todas las batallas». Además, consideran que durante la campaña electoral el discurso basado en que «Vox da miedo» ya no servirá, pues han gobernado en coalición y no se ha llevado a cabo ninguna decisión política «contra los derechos sociales». 

Pasada la página de los pactos autonómicos, los de Feijóo escriben ahora la de la estrategia para lograr la presidencia del Ejecutivo. A partir de ahora, los dos objetivos principales son «debilitar al Gobierno con toda intensidad y fortalecer la alternativa con toda rapidez». Y eso pasa por ser «más exigentes que nunca» en el ámbito de control al equipo de Sánchez y «más propositivos que nunca en la búsqueda de mensajes» para que los ciudadanos decidan escoger la papeleta del PP en la próxima convocatoria electoral. 

Las reuniones del presidente del PP con la sociedad civil y las propuestas suelen ser habituales. Esta misma semana, Feijóo recibía a familias con hijos con enfermedades graves y les prometía ampliar las ayudas para ellos. Sin embargo, en la dirección nacional son conscientes de que es complicado «colocar el mensaje propositivo» con la cascada de imputaciones que vive el Ejecutivo y acapara la información de actualidad en los medios de comunicación. Esta misma semana arrancaba con la imputación de la presidenta de la SEPI, Belén Gualda, y otras 24 personas; y continuaba el jueves con la imputación de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y el DAO, Manuel Llamas, todos ellos en el marco del caso Leire Díez. 

Sin embargo, a los populares tampoco les incomoda ver «cómo la justicia va dando pasos en la búsqueda de hacer pagar al PSOE por sus delitos«, pues creen que les beneficia de cara a contraponer ambos modelos para atraer a posibles votantes. Además, llegan a la recta final de la legislatura satisfechos de haber mantenido durante tres años «la misma pulsión» aunque conscientes de que tendrán que hacer filigranas hasta que se celebren las elecciones generales. Una de las líneas maestras de su táctica será sacar partido de la «animadversión pública» que «nunca nadie había generado como Pedro Sánchez», porque consideran que penaliza al Partido Socialista en las urnas. 

Los sondeos internos que manejan en Génova también invitan al entusiasmo y a esforzarse más que nunca para lograr llegar a La Moncloa. Recuerdan que la izquierda alcanzó su suelo histórico en 2011 con un Alfredo Pérez Rubalcaba, por el PSOE, y un Cayo Lara, por IU, que lograron, en total, un 36,17% de voto; y ahora las cuentas que manejan apuntan a una cifra similar, sumando a las formaciones políticas de izquierda de ámbito nacional. Pero de sus encuestas extraen, sobre todo, que la suma de los partidos de derecha dan más del 50% de voto total. Manejando esas cifras, enfilan las elecciones generales derrochando ilusión y trabajando por conseguir el lema que sigue abrazando su sede: «El cambio está cerca».

 20MINUTOS.ES – Nacional

Te Puede Interesar