El triunfo interminable de ‘Luar’: por qué los niños de hoy quieren ser el Gayoso de mañana

“-¿Carlos, a qué te quieres dedicar tú? -Yo quiero ser presentador de Luar. No presentador a secas, quiere ser el presentador de Luar. El público sonríe. Carlos solo tiene doce años y la pregunta se la acaba de realizar Julia Otero. El chaval está de público en una edición especial de Julia en la Onda, en Onda Cero, en el claustro del monasterio de Santa María de Ferreira de Pantón, en la Ribeira Sacra.

Luar comenzó a emitir en 1992. El programa de variedades más longevo de nuestra televisión que, desde entonces, presenta y dirige Xosé Ramón Gayoso. “No es que quiera ser periodista, quiere presentar el show estrella de la Televisión de Galicia”. Julia, subraya la particularidad. Y Carlos le responde a la galega: con pocas palabras, aunque decisivas. Porque el chico habla poco, pero atina en el matiz que describe todo sin necesidad de adjetivar nada.

Que un recién llegado a la adolescencia no quiera ser influencer, no pretenda ser streamer y saque pecho, públicamente, de que a él sueña con ser el sustituto de Gayoso retrata qué debe ser una televisión de proximidad. Y Xosé Ramón y el realizador Teo Manuel Abas lo consiguieron cuando crearon Luar. Con perseverancia, comprendieron las tradiciones autóctonas y las mezclaron con los artistas más queridos. Una varíete de siempre pero que se convertía en la verbena accesible, en la que entran todos y nadie se queda fuera. Literalmente, pues el programa está a mano de la gente. Primero se emitía desde unas discotecas, Dona Dana, en Touro, y LP45 de Órdenes. Después desde un estudio con nombre propio Plató 1000.

34 años después de su estreno, la televisión ha cambiado mucho. Nosotros, también. Ni siquiera la consumimos igual. Pero el secreto de Luar está en que mantiene la congregación que es la vida. Y la realización lo muestra con maestría: un programa que, como los grandes concursos de Chicho Ibáñez Serrador, hila su relato con los planos de reacción del público que lo vive a pies de escenario. Incluso encima del escenario.

Así, por la tele, se contagia el intercambio generacional. Los jóvenes bailan las canciones. Las abuelas, también. Los jóvenes ríen los chistes. Las señoras, también. Y Gayoso ahí está recordando lo que fue y aprendiendo de lo que viene. Lo mismo presenta a la drag Nacha La Macha que recuerda a Bonnie Tayer, que por supuesto también estuvo en Luar. Y varias veces.

Porque Luar es el programa de proximidad que siempre pensó en grande. La celebración de la cultura del buen anfitrión que acoge a sus invitados desde el orgullo de querer enseñar tu cultura, mientras tú aprendes de la suya. Como consecuencia, ha ido dejando de ser un mero programa de «variedades» para convertirse en memoria colectiva, pues abandera la televisión que documenta la sociedad desde el primer plano costumbrista que nace de la alegría de la fiesta compartida. La tele de cercanía que te hace sentir reconocido con los sentimientos universales de las canciones de nuestra vida. Normal que Carlos, a sus 12 años, mire con esa emoción Luar. Hay cientos de influencers replicando bailes en TikTok. Luar, en cambio, solo se parece a Luar. En 1992, en 2003 y en 2026.

 Historia del chaval de 12 años que dijo querer ser Gayoso en la radio.  

“-¿Carlos, a qué te quieres dedicar tú? -Yo quiero ser presentador de Luar. No presentador a secas, quiere ser el presentador de Luar. El público sonríe. Carlos solo tiene doce años y la pregunta se la acaba de realizar Julia Otero. El chaval está de público en una edición especial de Julia en la Onda, en Onda Cero, en el claustro del monasterio de Santa María de Ferreira de Pantón, en la Ribeira Sacra.

Luar comenzó a emitir en 1992. El programa de variedades más longevo de nuestra televisión que, desde entonces, presenta y dirige Xosé Ramón Gayoso. “No es que quiera ser periodista, quiere presentar el show estrella de la Televisión de Galicia”. Julia, subraya la particularidad. Y Carlos le responde a la galega: con pocas palabras, aunque decisivas. Porque el chico habla poco, pero atina en el matiz que describe todo sin necesidad de adjetivar nada.

Que un recién llegado a la adolescencia no quiera ser influencer, no pretenda ser streamer y saque pecho, públicamente, de que a él sueña con ser el sustituto de Gayoso retrata qué debe ser una televisión de proximidad. Y Xosé Ramón y el realizador Teo Manuel Abas lo consiguieron cuando crearon Luar. Con perseverancia, comprendieron las tradiciones autóctonas y las mezclaron con los artistas más queridos. Una varíete de siempre pero que se convertía en la verbena accesible, en la que entran todos y nadie se queda fuera. Literalmente, pues el programa está a mano de la gente. Primero se emitía desde unas discotecas, Dona Dana, en Touro, y LP45 de Órdenes. Después desde un estudio con nombre propio Plató 1000.

34 años después de su estreno, la televisión ha cambiado mucho. Nosotros, también. Ni siquiera la consumimos igual. Pero el secreto de Luar está en que mantiene la congregación que es la vida. Y la realización lo muestra con maestría: un programa que, como los grandes concursos de Chicho Ibáñez Serrador, hila su relato con los planos de reacción del público que lo vive a pies de escenario. Incluso encima del escenario.

Así, por la tele, se contagia el intercambio generacional. Los jóvenes bailan las canciones. Las abuelas, también. Los jóvenes ríen los chistes. Las señoras, también. Y Gayoso ahí está recordando lo que fue y aprendiendo de lo que viene. Lo mismo presenta a la drag Nacha La Macha que recuerda a Bonnie Tayer, que por supuesto también estuvo en Luar. Y varias veces.

Porque Luar es el programa de proximidad que siempre pensó en grande. La celebración de la cultura del buen anfitrión que acoge a sus invitados desde el orgullo de querer enseñar tu cultura, mientras tú aprendes de la suya. Como consecuencia, ha ido dejando de ser un mero programa de «variedades» para convertirse en memoria colectiva, pues abandera la televisión que documenta la sociedad desde el primer plano costumbrista que nace de la alegría de la fiesta compartida. La tele de cercanía que te hace sentir reconocido con los sentimientos universales de las canciones de nuestra vida. Normal que Carlos, a sus 12 años, mire con esa emoción Luar. Hay cientos de influencers replicando bailes en TikTok. Luar, en cambio, solo se parece a Luar. En 1992, en 2003 y en 2026.

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