Emma Suárez y las emociones que atraviesan

“La verdad, cuántos personajes he hecho”, exclama Emma Suárez frente a la pantalla gigante del plató de Historia de nuestra cine. Está repasando su trayectoria con la luminosa curiosidad de Elena Sánchez. Celebran los 30 años redondos que han pasado desde que Emma estrenó El Perro del Hortelano y Tu nombre envenena mis sueños, las dos de Pilar Miró. Las recuerdan. Y, entonces, irrumpen en mi cabeza aquellas entrevistas de Emma en Lo + Plus. Desde su inmaculado plató de Madrid, a los pies de Torre Picasso, y desde el festival de cine de San Sebastián. Allí me percaté de que no era una estrella, era una actriz: su espontaneidad convirtió la promoción en un emocionante ejercicio de complicidad con el espectador.

Honestidad que mantiene en este entrevista de La 2, que se ha viralizado por su naturalidad a la hora de explicar su experiencia cuando trabajó con Pedro Almodóvar. “Empecé a trabajar muchísimo. Porque yo sé lo que significa trabajar con Pedro Almodóvar. En las películas de Pedro todo está perfectamente programado, preparado. Es un director con el que yo empece sintiéndome con ilusión, qué bien trabajar con Pedro. Pero, en un momento dado, sentí que Pedro ponía cierta distancia y aquello me costó trabajo de asimilar. Porque yo echaba de menos cierta cercanía. Yo echo de menos tomar un café con el director, hablar, quedar.,… Hola, qué tal, buenos días. Y eso no lo tuve. Aún así me siento muy agradecida haber trabajado con Pedro”.

Hay profesionales que necesitan marcar el terreno cuando están en su oficina. Y ponen rictus de porteros de discoteca a las seis de la mañana. Otros, en cambio, eligen el guiño de ojo compartido. Porque saben que la comprensión de un aliado siempre hace más fácil hasta lo más complicado. Ahí me percato de por qué siempre nos conquistó Emma Suárez. Su primer plano nunca ha dejado de ser aliado.

Ella misma se lo explica a Elena hablando de su implicación con los personajes: “Es inevitable que haya una implicación emocional. Aquello deja un poso, se queda dentro de ti como algo vivido. Es una profesión de mucho riesgo. Riesgo emocional. Lo que tienes que transmitir lo está viviendo. Pasa por ti”, explica a la vez que recuerda tantas películas de tantos directores que no entran en estas líneas pero que sí entran en el recuerdo de la generación de nacidos en los setenta, ochenta y noventa.

Porque en una sociedad que nos decía todo el rato cómo debíamos ser, los personajes de Emma Suárez nos han servido de refugio sentimental. Todos, puestos en fila, nos han ayudado a descifrar mejor nuestras emociones. Incluso a empatizar mejor. Su interpretación siempre es un viaje hacia la autenticidad. Su cine es la sociedad de la que venimos, la sociedad que aspiramos y la sociedad que nos ayudó a imaginar. Porque el reflejo de la mirada de Emma, interprete a quien interpreta, siempre nos interpela. Siempre nos habla a nosotros con la habilidad del oficio de la actriz que acoge hasta en los escalofríos de las cosas del vivir. La actuación que encuentra, entiende y enciende los matices de la vida.

 «Es una profesión de mucho riesgo. Riesgo emocional. Lo que tienes que transmitir lo está viviendo. Pasa por ti».  

“La verdad, cuántos personajes he hecho”, exclama Emma Suárez frente a la pantalla gigante del plató de Historia de nuestra cine. Está repasando su trayectoria con la luminosa curiosidad de Elena Sánchez. Celebran los 30 años redondos que han pasado desde que Emma estrenó El Perro del Hortelano y Tu nombre envenena mis sueños, las dos de Pilar Miró. Las recuerdan. Y, entonces, irrumpen en mi cabeza aquellas entrevistas de Emma en Lo + Plus. Desde su inmaculado plató de Madrid, a los pies de Torre Picasso, y desde el festival de cine de San Sebastián. Allí me percaté de que no era una estrella, era una actriz: su espontaneidad convirtió la promoción en un emocionante ejercicio de complicidad con el espectador.

Honestidad que mantiene en este entrevista de La 2, que se ha viralizado por su naturalidad a la hora de explicar su experiencia cuando trabajó con Pedro Almodóvar. “Empecé a trabajar muchísimo. Porque yo sé lo que significa trabajar con Pedro Almodóvar. En las películas de Pedro todo está perfectamente programado, preparado. Es un director con el que yo empece sintiéndome con ilusión, qué bien trabajar con Pedro. Pero, en un momento dado, sentí que Pedro ponía cierta distancia y aquello me costó trabajo de asimilar. Porque yo echaba de menos cierta cercanía. Yo echo de menos tomar un café con el director, hablar, quedar.,… Hola, qué tal, buenos días. Y eso no lo tuve. Aún así me siento muy agradecida haber trabajado con Pedro”.

Hay profesionales que necesitan marcar el terreno cuando están en su oficina. Y ponen rictus de porteros de discoteca a las seis de la mañana. Otros, en cambio, eligen el guiño de ojo compartido. Porque saben que la comprensión de un aliado siempre hace más fácil hasta lo más complicado. Ahí me percato de por qué siempre nos conquistó Emma Suárez. Su primer plano nunca ha dejado de ser aliado.

Ella misma se lo explica a Elena hablando de su implicación con los personajes: “Es inevitable que haya una implicación emocional. Aquello deja un poso, se queda dentro de ti como algo vivido. Es una profesión de mucho riesgo. Riesgo emocional. Lo que tienes que transmitir lo está viviendo. Pasa por ti”, explica a la vez que recuerda tantas películas de tantos directores que no entran en estas líneas pero que sí entran en el recuerdo de la generación de nacidos en los setenta, ochenta y noventa.

Porque en una sociedad que nos decía todo el rato cómo debíamos ser, los personajes de Emma Suárez nos han servido de refugio sentimental. Todos, puestos en fila, nos han ayudado a descifrar mejor nuestras emociones. Incluso a empatizar mejor. Su interpretación siempre es un viaje hacia la autenticidad. Su cine es la sociedad de la que venimos, la sociedad que aspiramos y la sociedad que nos ayudó a imaginar. Porque el reflejo de la mirada de Emma, interprete a quien interpreta, siempre nos interpela. Siempre nos habla a nosotros con la habilidad del oficio de la actriz que acoge hasta en los escalofríos de las cosas del vivir. La actuación que encuentra, entiende y enciende los matices de la vida.

 20MINUTOS.ES – Televisión

Te Puede Interesar