Durante una investigación policial existe un trabajo imprescindible que muchas veces pasa desapercibido. Consiste en analizar grabaciones de audio con el fin de encontrar pistas que ayuden a resolver el caso o sean determinantes para averiguar la identidad del culpable. Estoy refiriéndome a la acústica forense, mediante la cual un grupo de expertos estudia minuciosamente cualquier sonido obtenido.
Las grabaciones también dejan huellas capaces de delatar al responsable. No se trata únicamente de escuchar un archivo, sino de llevar a cabo un estudio exhaustivo que abarca diversos aspectos fundamentales.
Análisis de la voz para determinar sus características particulares.
Verificación de la pureza para saber si el audio es claro o ha sufrido alteraciones.
Detección de manipulaciones buscando posibles cortes o montajes.
Estudio del entorno para averiguar si la conversación transcurre en un espacio exterior o interior.
Identificación de ruidos y sonidos de fondo que resulten relevantes.
Se trata de una herramienta clave en delitos de extorsión y corrupción, así como en interceptaciones de individuos organizando algún complot o atentado. Sobre todo, cobra una enorme importancia en las investigaciones de secuestros, donde los captores suelen realizar llamadas para exigir el pago de un rescate.
Llegados a este punto entran en juego dos términos fundamentales dentro del análisis de un archivo sonoro. Por un lado tenemos la «voz dubitada», referida a un audio cuya autoría no está confirmada en absoluto. Por otro lado existe la «voz indubitada», que pertenece a una persona ya identificada previamente gracias a otro caso o registro policial. El perito compara los rasgos del habla de ambas muestras junto con las propiedades del sonido para aportar una valoración técnica definitiva a la investigación.
Durante una investigación policial existe un trabajo imprescindible que muchas veces pasa desapercibido. Consiste en analizar grabaciones de audio con el fin de encontrar pistas que ayuden a resolver el caso o sean determinantes para averiguar la identidad del culpable.
Durante una investigación policial existe un trabajo imprescindible que muchas veces pasa desapercibido. Consiste en analizar grabaciones de audio con el fin de encontrar pistas que ayuden a resolver el caso o sean determinantes para averiguar la identidad del culpable. Estoy refiriéndome a la acústica forense, mediante la cual un grupo de expertos estudia minuciosamente cualquier sonido obtenido.
Las grabaciones también dejan huellas capaces de delatar al responsable. No se trata únicamente de escuchar un archivo, sino de llevar a cabo un estudio exhaustivo que abarca diversos aspectos fundamentales.
Análisis de la voz para determinar sus características particulares.
Verificación de la pureza para saber si el audio es claro o ha sufrido alteraciones.
Detección de manipulaciones buscando posibles cortes o montajes.
Estudio del entorno para averiguar si la conversación transcurre en un espacio exterior o interior.
Identificación de ruidos y sonidos de fondo que resulten relevantes.
Se trata de una herramienta clave en delitos de extorsión y corrupción, así como en interceptaciones de individuos organizando algún complot o atentado. Sobre todo, cobra una enorme importancia en las investigaciones de secuestros, donde los captores suelen realizar llamadas para exigir el pago de un rescate.
Llegados a este punto entran en juego dos términos fundamentales dentro del análisis de un archivo sonoro. Por un lado tenemos la «voz dubitada», referida a un audio cuya autoría no está confirmada en absoluto. Por otro lado existe la «voz indubitada», que pertenece a una persona ya identificada previamente gracias a otro caso o registro policial. El perito compara los rasgos del habla de ambas muestras junto con las propiedades del sonido para aportar una valoración técnica definitiva a la investigación.
20MINUTOS.ES – Cultura
