Josep Cusí, el fiel amigo de Juan Carlos I, ha fallecido este miércoles en Barcelona a los 92 años. Discreto empresario, fue el armador de los bribones, los barcos de regatas del rey emérito, pero sobre todo uno de sus confidentes más discretos después de conocerle a principios de los años sesenta durante una cacería organizada por el dictador Francisco Franco, de quien fue instructor de tiro y compañero de caza. Cusí padeció a finales de 2021 un ictus que, tras dejarle un mes en estado de coma, le causó problemas de movilidad y deterioró de forma ostensible su estado de salud, complicada todavía más estos últimos días.
El armador de los barcos de regata ‘Bribón’ fallece en Barcelona a los 92 años
Josep Cusí, el fiel amigo de Juan Carlos I, ha fallecido este miércoles en Barcelona a los 92 años. Discreto empresario, fue el armador de los bribones, los barcos de regatas del rey emérito, pero sobre todo uno de sus confidentes más discretos después de conocerle a principios de los años sesenta durante una cacería organizada por el dictador Francisco Franco, de quien fue instructor de tiro y compañero de caza. Cusí padeció a finales de 2021 un ictus que, tras dejarle un mes en estado de coma, le causó problemas de movilidad y deterioró de forma ostensible su estado de salud, complicada todavía más estos últimos días.
El empresario tenía un variado currículum. Ingeniero electrónico de formación, empresario, y nadador y waterpolista de competición, si bien acudió a los Juegos Olímpicos de México en 1968 para participar en la competición de tiro. Y era uno de esos discretos miembros de viejo cuño que acostumbran a integrar la burguesía catalana, asociado del Real Club Náutico de Barcelona o del Círculo del Liceo. Estaba casado en terceras nupcias con Inés Muiños, hija de un prestigioso oftalmólogo de la clínica especializada barcelonesa Barraquer, y tenía seis hijos.
Él se consideraba un aventurero. A los 18 años se embarcó durante tres meses en el barco Calypso del oceanógrafo Jacques Costeau e incluso participó en el documental El mar del silencio. Aquella singladura le permitió obtener la medalla de Legión de Honor de manos del presidente francés Jacques de Gaulle. Entre otros reconocimientos figuran la medalla al mérito deportivo y la Gran Cruz del Mérito Naval.
Aunque es conocida de sobras su relación con Juan Carlos I, Josep Cusí, que ha salido fotografiado en múltiples ocasiones junto al monarca, el diario The Telegraph desveló hace seis años que Cusí había sido el encargado de compartir a medias con el rey emérito el viaje nupcial de los actuales reyes de España, Felipe VI y Letizia, que se acercó al medio millón de dólares. Fruto de esa buena relación, Cusí rompió en 2018 su discreción habitual para, en un acto de la Fundación Elena Barraquer, defender la buena relación que mantenía la actual reina con su predecesora en el cargo y suegra, Sofía. En todo caso, con quien él ha mantenido hasta el último momento una cerrada relación ha sido con Juan Carlos I.
Pese a conocer de antes, su relación se intensifica cuando el monarca visita Barcelona para preparar los Juegos Olímpicos de 1972. Cusí fue uno de los ayudantes del equipo español y un año antes de la cita olímpica empezaba a surcar las aguas el primer Bribón, barco que era entonces de Cusí, mientras que Juan Carlos de borbón lo hace con un barco similar denominado Shere-Kan. Sería la última vez que competirían por separado. En 1972 se unirían en el Bribón II, cada uno con papeles muy definidos: el futuro rey tomaría el mando como patrón; Cusí la intendencia —incluida la selección de veteranos y discretos tripulantes— como armador. Esos barcos de regatas han ganado diversas competiciones en sus cuatro décadas de navegación. En 2007 se estrenó la última unidad de los bribones (hasta 2011 duró), aunque no el último barco que financiaria el empresario catalán al monarca. ¿Por qué ese nombre? “Porque para competir es necesario ser sagaz, agresivo y también un poco pillo”. Bribón también se llama el perro que ha acompañado los últimos años de su vida a Cusí, un regalo del rey.
La periodista Pilar Urbano, en su libro Genio y figura, relató que la buena relación entre ambos amigos había pasado por “algún bajón cuando don Juan Carlos pretendía acudir a alguna de las reuniones acompañado de Corina Sayn-Wittgenstein”. Cusí explicó en un artículo publicado en La Vanguardia en 2012 que compartía con la confesión de Juan Carlos I que la decisión de acudir a un safari de caza en Botsuana, por el que tuvo que ser evacuado tras romperse la cadera, “no fue una decisión acertada”. Entonces señaló que “que hay que evitar los tropiezos, en las escaleras de un bungalow y en la vida pública”, extremo que intentó llevar al extremo siempre que su temperamento se lo permitiera. En todo caso, en 1983 dijo sobre su relación con el rey: “Yo no me considero su patrón, sino su servidor, en el mar y en la tierra, dentro y fuera del Bribón”.
La carrera empresarial de Cusí es la más desconocida. Con 16 años, explica Efe, entró en el negocio familiar de componentes electrónicos y participó en la iluminación de varios lugares emblemáticos de Barcelona, como la Font Màgica de Montjuïc o las iglesias del Tibidabo y de Santa Maria del Mar. A sus 65 años, decidió vender la empresa.
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