La actriz Emily Watson revela que creció en “una especie de secta religiosa muy estricta”

Emily Watson (Londres, 59 años) por poco no se convierte en la premiada actriz que es hoy. La intérprete, conocida por La teoría del todo, Chernobyl o, más recientemente, Hamnet, ha recordado su agridulce infancia al crecer en la Escuela de Filosofía y Ciencias Económicas de Londres, una organización religiosa conservadora que defiende roles de género tradicionales y estrictos. “Algunas partes fueron muy felices, y otras muy extrañas”, ha dicho durante su discurso en el Festival de Cine de Sarajevo, donde ha recibido el premio honorífico Corazón de Sarajevo. “Creo que muchos artistas tienen temas de su infancia que deben superar. Nací en una familia muy cariñosa, pero crecí en una especie de secta religiosa muy estricta”, ha asegurado.

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 La intérprete ha contado que el rodaje de la película de 1996 ‘Rompiendo las olas’, en la que interpretó a una joven que vive en una comunidad religiosa extrema, fue “el momento de ruptura” en el que se dio cuenta de lo que había vivido  

Emily Watson (Londres, 59 años) por poco no se convierte en la premiada actriz que es hoy. La intérprete, conocida por La teoría del todo, Chernobyl o, más recientemente,Hamnet, ha recordado su agridulce infancia al crecer en la Escuela de Filosofía y Ciencias Económicas de Londres, una organización religiosa conservadora que defiende roles de género tradicionales y estrictos. “Algunas partes fueron muy felices, y otras muy extrañas”, ha dicho durante su discurso en el Festival de Cine de Sarajevo, donde ha recibido el premio honorífico Corazón de Sarajevo. “Creo que muchos artistas tienen temas de su infancia que deben superar. Nací en una familia muy cariñosa, pero crecí en una especie de secta religiosa muy estricta”, ha asegurado.

Crecer en esa escuela en Londres, que ella y antiguos miembros califican de “culto”, dificultó en un principio que persiguiera su carrera como actriz. “De joven era una persona muy devota. Sentía mucho esa fe. Por eso me costó un tiempo encontrar mi camino”, continuó detallando sobre su experiencia. Pero fue la actuación la que “la salvó”, comenzando su carrera en el teatro y después en el cine con la película Rompiendo las olas (1996). En este drama interpretó al personaje de Bess McNeil, una joven que vive en una comunidad religiosa extrema y muy represiva, pero que se revela contra las normas morales de su pueblo al enamorarse de un petrolero danés, interpretado por Stellan Skarsgård.

La cinta, que le valió su primera nominación al Oscar a mejor actriz, fue “un momento de ruptura” en el que se dio cuenta de lo que había vivido, ya que le tomó “una vida” procesar su infancia. “Sabía que tenía cierta afinidad con este personaje”, dijo durante su discurso en el festival. “Hay un detalle interesante en esta historia: cuando les dije a los de la Facultad de Ciencias Económicas que iba a hacer una película y me preguntaron de qué se trataba, me llamaron y me dijeron sin rodeos que no debía hacerlo. Me dijeron que me fuera con mi falta de dignidad a otra parte”, ha recordado.

Ese momento le resultó confuso porque conservaba buenos recuerdos de su colegio. “Aquí es donde me crié, donde estaban mis amigos, y lo dejé todo atrás. Estaba profundamente desconsolada, pero también sentía que el corazón se me desbordaba de libertad. Una libertad increíble. Supe en ese instante que debía confiar en esa sensación, porque mi verdadero ser me guiaba por el camino correcto. Pero esa sensación de ruptura, de cuando hay una especie de explosión nuclear y quedas expuesta a la luz y a la energía… Todo eso está en la película. Por eso funciona, en parte porque me sentía como un cable que acababan de desenchufar”, ha explicado.

Sus padres, que aún pertenecían al grupo religioso, la acompañaron a ver la película, algo que, dice, fue “incómodo”: “Por un lado, me apoyaban y eran muy amables. Mi padre, al salir de la proyección, estaba blanco. Cualquier padre que viera esa película habría reaccionado igual. Pero, al mismo tiempo, no intercedieron por mí en la organización, así que fue una situación muy compleja. Pero maduramos, nos comunicamos y todo salió bien”.

En ese entonces no le había contado a nadie de su pasado en el culto, pero en 2016, cuando grabó la serie Chernobyl, se sinceró con su compañero de reparto Stellan Skarsgård, con quien volvió a trabajar. “Literalmente escupió lo que estaba bebiendo del asombro”, recordó ella. “Se sintió como algo tan íntimo… Ni yo misma entendía lo que me estaba pasando”, contó sobre ese momento.

A partir de entonces, Watson se empezó a sentir más cómoda al hablar de su historia; además de que considera que los tiempos han cambiado y hay más “comprensión social sobre lo saludable que es explorar los traumas de la infancia”. “A principios de los noventa, eso no era algo habitual como lo es ahora. Me ha llevado toda una vida desentrañarlo todo. Jamás habría sido capaz de articular nada de esto [en 1996]. Estaba muy a la defensiva”, recordó de cuando grabó la película. En ese entonces lo único que quería era “parecer la persona más normal y aburrida del mundo”, contó. “Dejar que alguien se acerque, dejar que alguien sepa algo sobre mí, no es seguro”, pensaba.

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