Se prepara otro canal de emoción política. Se llamará La Séptima. Se buscan presentadores con ímpetu autoral. Los canales nuevos tienen que focalizar muy bien su contenido para atrapar la atención ciudadana en un momento de sobreinformación y sobreimágenes.
Parece misión imposible lanzar un canal nuevo en la época dorada de la conexión con plataformas bajo demanda y, también, con aplicaciones virales. Estamos hiperconectados, pero la tele clásica sigue manteniendo el poder del zapping. No tener que buscar, encontrarte la oferta a tono con el estado de ánimo de la jornada. Ahí siempre la tele atesorará una de sus fortalezas. Incluso los Netflix querrán emitir en directo para estar al día.
Entre tanto, el trajín político, que inevitablemente nos une, se ha convertido en la gran materia prima del espectáculo televisivo. Aunque, ojo, la política no solo está en la teatralización de la política instantánea del día. Hay vida televisiva más allá de los debates retransmitidos que, en realidad, son una tertulia de radio. Pero sin la magia del silencio, sin las reflexiones de las canciones, sin la intimidad del transistor… Y, con estas carencias, tampoco existe la radio. Cada medio de comunicación debe proteger aquello que le hace especial o todo parecerá un ‘reel’ hacia ninguna parte. También los canales tematizados deben ser más atrevidos para definirse frente a la ola y plantear su creatividad rompiendo con la manida mesa con contertulios o el refrito de la serie de los 2.000 que nos regala una ensoñación de aquello que fuimos. Ay, la nostalgia.
Toca crear los recuerdos del futuro con la responsabilidad que piensa en grande en el presente. Lo harán los que atesoran la osadía que se atreve a la mirada diferente, entendiendo que el trepidante directo crece con las historias que trascienden la inmediatez: las series, los documentales, la imaginación. Así que quizá en España, donde las mejores confidencias se guisaban entre fogones, falta una cadena gastronómica nonstop en el abierto, donde ya cada día triunfa Karlos Arguiñano desde hace casi cuarenta años.
La fórmula existe en el pago, Canal Cocina, pero un canal de pucheros, como excusa para hablar de nuestra vida, sería una poderosa marca, que permitiría coger aire al público de la feroz actualidad aprendiendo de la cultura que somos. Los documentales sobre nuestros pueblos, los docushows de tramas aspiracionales, los reportajes de tendencias, tradiciones y costumbrismo… Programas con historias completas que congregan más que aquello que devoramos desde la susceptibilidad del sometimiento ideológico sin tregua.
Los nuevos canales del futuro serán los que hablen del estado de ánimo de hoy desde los matices de la cotidianidad que trascienden. No es nada nuevo, pero requiere más ideas que quedarnos atrapados en la polémica efímera. La audiencia lo agradecerá. De hecho, a la sociedad se la implica ensanchando su cultura popular desde el entusiasmo de la curiosidad que despierta el arte de la tele: con su luz, con su fotografía, con su fantasía, con su carisma, con su autenticidad en primer plano. Con su capacidad de filmar, interpretar y emocionar. La tele en la que no basta solo con hablar. La tele, sobre todo, es la creatividad que sabe mirar.
La tele es un retrato social de cada momento. Ahora menos creativo y más de inmediatez irritada.
Se prepara otro canal de emoción política. Se llamará La Séptima. Se buscan presentadores con ímpetu autoral. Los canales nuevos tienen que focalizar muy bien su contenido para atrapar la atención ciudadana en un momento de sobreinformación y sobreimágenes.
Parece misión imposible lanzar un canal nuevo en la época dorada de la conexión con plataformas bajo demanda y, también, con aplicaciones virales. Estamos hiperconectados, pero la tele clásica sigue manteniendo el poder del zapping. No tener que buscar, encontrarte la oferta a tono con el estado de ánimo de la jornada. Ahí siempre la tele atesorará una de sus fortalezas. Incluso los Netflix querrán emitir en directo para estar al día.
Entre tanto, el trajín político, que inevitablemente nos une, se ha convertido en la gran materia prima del espectáculo televisivo. Aunque, ojo, la política no solo está en la teatralización de la política instantánea del día. Hay vida televisiva más allá de los debates retransmitidos que, en realidad, son una tertulia de radio. Pero sin la magia del silencio, sin las reflexiones de las canciones, sin la intimidad del transistor… Y, con estas carencias, tampoco existe la radio. Cada medio de comunicación debe proteger aquello que le hace especial o todo parecerá un ‘reel’ hacia ninguna parte. También los canales tematizados deben ser más atrevidos para definirse frente a la ola y plantear su creatividad rompiendo con la manida mesa con contertulios o el refrito de la serie de los 2.000 que nos regala una ensoñación de aquello que fuimos. Ay, la nostalgia.
Toca crear los recuerdos del futuro con la responsabilidad que piensa en grande en el presente. Lo harán los que atesoran la osadía que se atreve a la mirada diferente, entendiendo que el trepidante directo crece con las historias que trascienden la inmediatez: las series, los documentales, la imaginación. Así que quizá en España, donde las mejores confidencias se guisaban entre fogones, falta una cadena gastronómica nonstop en el abierto, donde ya cada día triunfa Karlos Arguiñano desde hace casi cuarenta años.
La fórmula existe en el pago, Canal Cocina, pero un canal de pucheros, como excusa para hablar de nuestra vida, sería una poderosa marca, que permitiría coger aire al público de la feroz actualidad aprendiendo de la cultura que somos. Los documentales sobre nuestros pueblos, los docushows de tramas aspiracionales, los reportajes de tendencias, cultura, tradiciones y costumbrismo… Programas con historias completas que congregan más que aquello que devoramos desde la susceptibilidad del sometimiento ideológico sin tregua.
Los nuevos canales del futuro serán los que hablen del estado de ánimo de hoy desde los matices de la cotidianidad que trascienden. No es nada nuevo, pero requiere más ideas que quedarnos atrapados en la polémica efímera. La audiencia lo agradecerá. De hecho, a la sociedad se la implica ensanchando su cultura popular desde el entusiasmo de la curiosidad que despierta el arte de la tele, siempre capaz de abrirnos los ojos: con su luz, con su fotografía,con su fantasía, con su carisma, con su autenticidad en primer plano. Con su capacidad de filmar, interpretar.y emocionar. La tele en la que no basta solo con hablar. La tele, sobre todo, es la creatividad que sabe mirar.
20MINUTOS.ES – Televisión
