La buena voluntad

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Al principio, me dio un poco de pena. Luego me reí y después me volvió a dar pena. Mi asesora técnica me confirmó lo que yo recordaba: en un avión llevaban a una niña que tenía problemas respiratorios y que estaba conectada por unos tubos a una máquina. Una buena amiga suya tocaba una canción con una guitarra para animarle. Pero cada vez que giraba la guitarra movía los tubos y desconectaba la máquina con lo que la niña estaba a punto de asfixiarse.

Hace mucho hicieron un atentado terrible en la vivienda de una familia y destrozaron al padre y a la madre. Una vecina, señora de gran delicadeza, al oír la explosión fue a ver qué había pasado, encontró a un niño llorando en la escalera, y pensó que eso no se podía permitir. Se puso un delantal y unos guantes de goma, cogió un cubo de agua y fregó cuidadosamente los restos del atentado. Cuando llegó la policía no pudo encontrar ningún rastro que les permitiera detener a los criminales.

La situación en Ceuta es angustiosa. Se van descubriendo pruebas de la intervención de Marruecos, y, peor aún, quedan todavía invasores que hacen imposible la vida a las personas que vivían antes pacíficamente allí. En este sentido me ha parecido de gran finura el detalle de nuestros Reyes, yendo al cementerio donde están los cuerpos de los invasores que se ahogaron en la invasión. Esta fue la realidad: unas personas, bastantes, enviadas por Marruecos, se ahogaron en el camino. Una pena.

Pero muchos llegaron y se quedaron y a todos les estamos dando de comer para que no pasen hambre, les hemos hecho unos albergues para que no pasen frío y se quejan porque los albergues no son suficientes para todos ellos. A la vez, muchos chavales jóvenes escondiéndose para que no les pille la policía.

Todos sabemos que esta ha sido la segunda invasión de Marruecos desde 1975, pero mientras tanto, vamos discutiendo y discutiendo y discutiendo y cada ministro dice lo que le mandan porque parece que la verdad no se puede decir.

Los ceutíes vivían en una ciudad muy agradable y no pueden salir a la calle y algunos piensan que nunca volverá la normalidad.

Simultáneamente, veo personas buenas, llenas de buena voluntad, que están yendo a Ceuta para ayudar a los invasores. Con ello hacen que los invasores se queden en nuestro país y exijan sus derechos mientras los ceutíes pierden los suyos, que se concretan en uno: seguir viviendo en una ciudad agradable donde se podía pasear tranquilamente y se podía ir a rezar a la Virgen de África, cosa que cuando la hice, me emocionó profundamente.

Esas personas, repito, llenas de buena voluntad, me recuerdan a la niña que tocaba la guitarra y casi asfixia a su amiga y a la señora que al fregar cuidadosa y amorosamente los restos del atentado, perjudicó la labor de la policía.

Solo la buena voluntad no sirve. En este caso, además, creo que solo la buena voluntad hace daño, evitando que los invasores sean puestos en su país, donde vivirán exactamente igual que vivían hace dos meses.

Por supuesto a estas personas que invadieron España, hay que tratarles bien mientras estén aquí, pero para ponerles con firmeza en la frontera, seguramente habrá que utilizar a nuestro ejército, que para algo está.

Y si Marruecos se enfada que se enfade, porque tiene que recordar que somos una nación soberana y que no estamos para juegos de este tipo.

 Actualidad Económica // elmundo

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