La dictadura sandinista responde a la resolución de la OEA con el veto a la embajadora estadounidense

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Fumata blanca en la Organización de Estados Americanos (OEA) contra la dictadura sandinista. Los 34 países miembros del ente panamericano, con muchos de sus cancilleres presentes, han coincidido este viernes en una resolución unánime de cierta dureza que excluye la intervención militar contra el régimen de Daniel Ortega, convertido en el caudillo de una revolución dinástica que busca calcar los procedimientos del dictador norcoreano Kim Jong-un.

La OEA ha apostado por la creación de un Grupo Ministerial de Seguimiento, encargado de presentar un conjunto de acciones diplomáticas a los cancilleres en el plazo de dos meses, tras visitar Managua para negociar con su Gobierno.

Por anticipado, y para dejar clara su postura numantina, Ortega y su mujer Rosario Murillo, favorita para sucederle, comunicaron a EEUU el veto contra Natasha Franceschi, elegida por el Departamento de Estado para su embajada en Managua y confirmada el miércoles por el Senado, quien ya había adelantado que la apuesta de Washington sería la presión diplomática. De momento, no hay placet para Franceschi.

«Cerraron las puertas a nuestra embajadora», desveló Christopher Landau, subsecretario de Estado, durante la cumbre extraordinaria en la OEA.

La resolución final, negociada a última hora con Brasil, que mantenía una postura conciliatoria previa con la dictadura, exige a Managua que libere a sus presos políticos y que permita el regreso de los exiliados políticos. En este grupo numeroso, de varios miles, se encuentran los siete precandidatos presidenciales que fueron encarcelados, dirigentes, políticos, activistas, defensores de derechos humanos, periodistas, líderes religiosos y opositores. La OEA también ha dejado claro que es fundamental que se reponga la nacionalidad a los antiguos presos y desterrados a quienes se despojó ilegalmente de sus nacionalidades. Una buena parte de este grupo obtuvo la nacionalidad española por decisión del Gobierno de Madrid.

«Esto no es el final, es apenas el comienzo», resumió Arturo McFields, antiguo embajador nica ante la OEA, destituido de forma fulminante por la dictadura cuando se enfrentó a ella.

«La dictadura funciona con la lógica de varios pasos hacia adelante para que cuando la hagan retroceder regrese a un punto en el que ya ha ganado mucho terreno. Todo el continente hace una resolución y ellos responden negando el plácet, lo que adelanta el cálculo de Ortega: no habrá presión que le haga pagar un costo político. Si no hay más acciones más duras, ya sean sanciones o la amenaza del uso de la fuerza, una amenaza creíble, difícilmente Ortega se va a mover de sus posiciones. En resumen: esto es necesario pero no suficiente, vamos a ver qué pasos más se pueden dar», resumió para EL MUNDO el sociólogo Douglas Castro.

La revocación de las reformas constitucionales, la recuperación del espacio cívico y la devolución de los bienes confiscados son otros puntos aprobados, junto a una de las grandes conclusiones: la celebración de unas elecciones democráticas y libres, precedidas de la designación del nuevo ente electoral y con observación internacional.

En las elecciones fraudulentas de 2021, Ortega se impuso con el 75,92% de los votos, sin rivales electorales más allá de los candidatos colaboracionistas. Los nicaragüenses sufrieron la asfixia democrática provocada por la persecución de los agentes de la dictadura, un clima que cinco años después persiste en el país centroamericano.

De hecho, la iniciativa de esta reunión extraordinaria en la OEA se produce por iniciativa de EEUU, que ha contado con el apoyo directo de sus aliados en el Escudo de las Américas, tras las amenazas públicas de Ortega de suprimir las elecciones.

«Respaldamos este llamado continental: la dictadura sigue aislada y la lucha por la justicia y la libertad en Nicaragua no se detiene», reaccionó el grupo opositor Unamos.

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