La imagen para la historia de Maricarmen: el reportaje de ‘El Intermedio’ que traspasará el tiempo

En otro tiempo, no hubiera ninguna duda: el reportaje de El Intermedio dentro de la casa de Maricarmen en pleno desahucio sería un documento histórico. Entre tanta opinión que caduca al minuto, este trabajo de LaSexta representa el poder periodístico de la imagen que retrata. Nos retrata hoy, y lo hará todavía mejor mañana: aportando la perspectiva de la grabación limpia.

El silencio, el ruido del radial rompiendo la cerradura, la soledad en la compañía. La puerta abriéndose entre una trinchera de muebles. La emoción contenida de la reportera Andrea Ropero. La educación de la policía con la víctima, también. Porque Maricarmen es una víctima. Y el reportaje muestra su vulnerabilidad. Pero su vulnerabilidad inteligente, pues razona ante cada pregunta con un compromiso que demuestra la dignidad que no podemos perder: la que solicita a las instituciones que protejan los derechos que son el cimiento de la convivencia de la sociedad que sostiene a los gobiernos.

Así Maricarmen se ha transformado en un símbolo. No solo porque no haya querido perder la vivienda de su vida en los últimos años de su vida, sino porque además con su actitud ha defendido la cultura de barrio. Con la red de cuidados que se va tejiendo con los años y que crea la comunidad que somos. Porque solo alcanzamos la libertad cuando nos percatamos de que nunca seremos autosuficientes. No es lo mismo habitar en la cotidianidad donde echaste raíces a empezar de cero en una habitación en un lugar extraño, lejano, relegado. Sin embargo, estamos en la era donde el ciudadano se va transformando en un individuo que solo es consumidor. O es productivo. O no es. “No tengo esperanza porque no han hecho ni caso al documento de la ONU”, dice Maricarmen a Andrea Ropero y a un cámara que también escucha, va dejando respirar el plano para grabar cada expresividad de la inquilina. Con todos los vértigos por el abismo hacia un futuro incierto sin el techo que te hacía sentir más a salvo. “En este país, en estos momentos, nos movemos por el dinero”, añade Maricarmen después, mientras fuera de su casa cientos de personas intentan arroparla: “Que continúen con su lucha para intentar arreglar esta desagradable situación que tenemos en España todas las personas que no tenemos millones para comprarnos un piso. Y la constitución lo que dice es que tienes derecho a una vivienda. Es que no se leen ese párrafo, se lo saltan. Pero esta gente que está en la calle está luchando por algo digno”, continúa reflexionando. Junto minutos antes de ser desalojada.

De hecho, la lucha persistente de Maricarmen ha terminado siendo más por los demás que por ella misma. Se nota que es una mujer comprometida con los ideales de un país solidario. Porque la libertad es convivencia. Maricarmen la ejerce. Podía haber desistido para evitar más tensión personal, pero se ha quedado en su hogar y ha permitido que lo viéramos. Ahí está el punto de inflexión social que ha propiciado la derrota y victoria de esta vecina de un barrio, a la sombra del Pirulí, que representa un Madrid de siempre en peligro de extinción. Su imagen nos ha hecho contemplar de frente la deshumanización. Su imagen sintetiza el fin de la diversidad de los barrios populares y la dificultad de un acceso digno a la vivienda. La imagen del desahucio es histórica porque enfoca con claridad dónde estamos. Y dónde no nos podemos permitir ir. Otra cosa es que la olvidemos pasado mañana, entre tantos impactos que recibimos por el móvil, que nos aturden, nos despistan e incluso nos impiden distinguir esencial y prejuicio. Maricarmen ya es esencial: representa la empatía que deja en evidencia a los que colonizan la mente hasta reducir todo a un individualismo que termina por dejarte seco de sensibilidad.

 Una imagen que traspasará el tiempo en un tiempo en el que todo caduca rápido.  

En otro tiempo, no hubiera ninguna duda: el reportaje de El Intermedio dentro de la casa de Maricarmen en pleno desahucio sería un documento histórico. Entre tanta opinión que caduca al minuto, este trabajo de LaSexta representa el poder periodístico de la imagen que retrata. Nos retrata hoy, y lo hará todavía mejor mañana: aportando la perspectiva de la grabación limpia. 

El silencio, el ruido del radial rompiendo la cerradura, la soledad en la compañía. La puerta abriéndose entre una trinchera de muebles. La emoción contenida de la reportera Andrea Ropero. La educación de la policía con la víctima, también. Porque Maricarmen es una víctima. Y el reportaje muestra su vulnerabilidad. Pero su vulnerabilidad inteligente, pues razona ante cada pregunta con un compromiso que demuestra la dignidad que no podemos perder: la que solicita a las instituciones que protejan los derechos que son el cimiento de la convivencia de la sociedad que sostiene a los gobiernos.

Así Maricarmen se ha transformado en un símbolo. No solo porque no haya querido perder la vivienda de su vida en los últimos años de su vida, sino porque además con su actitud ha defendido la cultura de barrio. Con la red de cuidados que se va tejiendo con los años y que crea la comunidad que somos. Porque solo alcanzamos la libertad cuando nos percatamos de que nunca seremos autosuficientes. No es lo mismo habitar en la cotidianidad donde echaste raíces a empezar de cero en una habitación en un lugar extraño, lejano, relegado. Sin embargo, estamos en la era donde el ciudadano se va transformando en un individuo que solo es consumidor. O es productivo. O no es. “No tengo esperanza porque no han hecho ni caso al documento de la ONU”, dice Maricarmen a Andrea Ropero y a un cámara que también escucha, va dejando respirar el plano para grabar cada expresividad de la inquilina. Con todos los vértigos por el abismo hacia un futuro incierto sin el techo que te hacía sentir más a salvo. “En este país, en estos momentos, nos movemos por el dinero”, añade Maricarmen después, mientras fuera de su casa cientos de personas intentan arroparla: “Que continúen con su lucha para intentar arreglar esta desagradable situación que tenemos en España todas las personas que no tenemos millones para comprarnos un piso. Y la constitución lo que dice es que tienes derecho a una vivienda. Es que no se leen ese párrafo, se lo saltan. Pero esta gente que está en la calle está luchando por algo digno”, continúa reflexionando. Junto minutos antes de ser desalojada.

De hecho, la lucha persistente de Maricarmen ha terminado siendo más por los demás que por ella misma. Se nota que es una mujer comprometida con los ideales de un país solidario. Porque la libertad es convivencia. Maricarmen la ejerce. Podía haber desistido para evitar más tensión personal, pero se ha quedado en su hogar y ha permitido que lo viéramos. Ahí está el punto de inflexión social que ha propiciado la derrota y victoria de esta vecina de un barrio, a la sombra del Pirulí, que representa un Madrid de siempre en peligro de extinción. Su imagen nos ha hecho contemplar de frente la deshumanización. Su imagen sintetiza el fin de la diversidad de los barrios populares y la dificultad de un acceso digno a la vivienda. La imagen del desahucio es histórica porque enfoca con claridad dónde estamos. Y dónde no nos podemos permitir ir. Otra cosa es que la olvidemos pasado mañana, entre tantos impactos que recibimos por el móvil, que nos aturden, nos despistan e incluso nos impiden distinguir esencial y prejuicio. Maricarmen ya es esencial: representa la empatía que deja en evidencia a los que colonizan la mente hasta reducir todo a un individualismo que termina por dejarte seco de sensibilidad. 

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