Las Islas Feroe no quieren a Dinamarca de niñera

El territorio autónomo mantiene aparcado el deseo de independencia pese a su boyante economía, pero insiste en dirigir su propia política exterior sin la tutela constante del Gobierno danés Leer El territorio autónomo mantiene aparcado el deseo de independencia pese a su boyante economía, pero insiste en dirigir su propia política exterior sin la tutela constante del Gobierno danés Leer  

El deseo de declarar la independencia permanece aparcado, pero las Islas Feroe insisten en que no necesitan que el Gobierno danés siga actuando como si fuese su niñera. Entre toda la tormenta anexionista desatada en torno a Groenlandia por Donald Trump, el otro territorio autónomo del Reino de Dinamarca, menos apetitoso desde una perspectiva geoestratégica, ha quedado en un segundo plano, aunque es allí donde una emancipación real parece más viable a medio plazo.

Actualmente, las Feroe (55.000 habitantes) cuentan con una economía boyante en la que la subvención estatal anual danesa sólo representa el 2% del PIB. El contraste con Groenlandia, donde supone casi el 50%, resulta brutal. Básicamente, significa que los groenlandeses no podrían subsistir sin ella, mientras que los feroeses, con su vital industria pesquera en pleno auge gracias al aumento de sus exportaciones de salmón a Estados Unidos y China, apenas la necesitan.

La aspiración de convertirse en un Estado independiente ha existido desde hace mucho tiempo en este archipiélago noratlántico situado entre Islandia, Noruega y Escocia. En el Løgting, el Parlamento feroés, hay un amplio consenso entre cinco de los seis partidos representados para trabajar en este sentido, pero no hay prisa por llegar al objetivo.

Tras las elecciones autonómicas del pasado marzo, el nuevo primer ministro feroés es el liberal-conservador Beinir Johannessen, que aboga por una mayor independencia sin renunciar a que esta se lleve a cabo dentro del marco de la Comunidad del Reino, la configuración que forman Dinamarca, las Feroe y Groenlandia. «El problema es que, hoy en día, la Comunidad no consta de tres socios iguales porque uno de ellos está por encima de los otros dos», apuntó Johannessen en junio.

«Se trata de que podamos salir al mundo y representar nuestros propios intereses sin ir siempre de la mano de un ministro danés que lo haga en nuestro lugar», explicó. «Eso no significaría necesariamente una disolución de la Comunidad, pero es obvio que tiene que haber cambios».

El politólogo Heini í Skorini, investigador en la Universidad de las Islas Feroe, estima que siempre habrá una estrecha relación con Dinamarca: «La independencia no equivale a decir adiós a la Comunidad del Reino. Se trataría de establecer un Estado independiente y entablar alguna forma de colaboración con Dinamarca, por ejemplo mediante un acuerdo de libre asociación».

Sjúrður Skaale, diputado socialdemócrata por la cuota feroesa en el Folketing, el Parlamento danés, asegura que las Islas quieren preservar la Comunidad «como una unión entre países independientes y en igualdad de condiciones», pero también obtener mayor margen de acción en su política exterior: «Queremos basar nuestro bienestar en nuestra propia producción. No debe ocurrir como una revolución, sino como una evolución. Necesitamos más herramientas en nuestras manos para poder actuar más libremente en la escena internacional».

«La idea de la independencia gira en gran medida en torno a consideraciones pragmáticas y económicas», explica el politólogo Skorini. «El argumento principal es que facilitaría la obtención de más acuerdos de libre comercio y un mejor acceso a los mercados mundiales, sobre todo en lo que respecta a la industria pesquera, que es el motor de nuestra economía».

Una pareja pasea por el puerto de Tórshavn, la capital de las Islas Feroe.
Una pareja pasea por el puerto de Tórshavn, la capital de las Islas Feroe.AP

Más simbólica es la cuestión de que las Islas Feroe puedan participar en unos Juegos Olímpicos bajo bandera propia, al igual que lo hacen en competición oficial con sus selecciones de fútbol y balonmano. Aquí, el apoyo de Dinamarca es absoluto y el propio Parlamento danés solicitó el pasado 30 de junio al COI (Comité Olímpico Internacional) que lo permita. Tanto para las Feroe como para Groenlandia. La rápida respuesta del COI, sin embargo, ha sido negativa. No pueden participar con equipos propios porque no tienen comités olímpicos nacionales propios.

El único partido que rechaza la independencia son los conservadores. «Somos más fuertes juntos, por eso apostamos por desarrollar la Comunidad y no por desmantelarla», afirma su líder, Anna Falkenberg. «La crisis de Groenlandia ha confirmado que, si nos quedamos solos, seríamos demasiado vulnerables. Cuando surge un vacío de poder, las grandes potencias intentan llenarlo para su propio beneficio».

En este sentido, precisamente, Dinamarca y las Feroe acaban de acordar incrementar de forma gradual la presencia militar danesa en el archipiélago. «Deseamos enviar de forma conjunta una señal clara de que el Reino se toma en serio la responsabilidad de nuestra seguridad colectiva», ha manifestado el ministro de Defensa danés, el socialdemócrata Jeppe Bruus. «En vista de la situación de seguridad, para las Islas Feroe es una prioridad clara fortalecer la cooperación en defensa y seguridad con Dinamarca y con nuestros aliados», ha afirmado, por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores y Pesca feroés, el conservador Bárður á Steig Nielsen.

Existen también razones históricas que justifican la prudencia de los feroeses. Varios episodios en los que Dinamarca les pasó por encima han dejado huella. En 1946, las Feroe celebraron un referéndum sobre la secesión. El 48,7% de la población votó a favor y el 47,2%, en contra. Pese a la mínima diferencia y al desacuerdo sobre cómo contabilizar los votos en blanco, el Parlamento feroés declaró la independencia. El Gobierno danés, sin embargo, rechazó la validez del resultado y disolvió la cámara. La solución de compromiso fue una ley de autonomía adoptada en 1948.

En los años 80, la riqueza derivada de la pesca fue tal que las Feroe disponían de uno de los niveles de vida más altos del mundo. En la década siguiente, las corrientes marinas cambiaron, los peces desaparecieron y la economía se hundió. Dinamarca tuvo que acudir al rescate para evitar un descalabro aún mayor. La cura de humildad puso los sueños de independencia en pausa.

Reaparecieron a principios de este siglo. En plena recuperación, el Gobierno feroés entabló un nuevo diálogo con Dinamarca y, en marzo de 2000, se reunió con el Ejecutivo danés, dirigido entonces por el socialdemócrata Poul Nyrup Rasmussen, que no estaba muy por la labor.

El hoy diputado Skaale viajó a Copenhague como secretario de la delegación feroesa. «Fuimos muy ingenuos», recordó recientemente. «La negociación en sí acabó en el primer cuarto de hora. Nyrup dijo que la independencia política implicaba responsabilidad económica, por lo que, de llevarse a cabo, el subsidio anual danés acabaría en cuatro años y no en 15 como creíamos nosotros. Nos dejó sin habla. Fue como cuando se mata a una oveja: rápido para que no sufra».

 Internacional // elmundo

Te Puede Interesar