Gran Vía. De Madrid, no De Les Corts catalanes. Marc Giró llega a un hotel, de esos con columnas que imitan a mármol de Carrara. Dentro, espera la prensa de televisión. Todos listos para la presentación de Cara al show, su nuevo late show en La Sexta que pretende preservar todo lo que sembró en Late Xou de TVE. Para qué cambiar un formato justo cuando ha encontrado eso que llaman su estado de gracia. Lo mismo dijo Emilio Aragón, María Teresa Campos y Pablo Motos cuando saltaron de Telecinco a Antena 3. Solo uno no se equivocó, el que venía realmente de Cuatro. La tele es así de imprecisa. Y jamás depende solo de ti mismo. Como la propia vida.
Y empieza la convocatoria. Marc podría haber inventado el emoticono. O, directamente, el gif. Su gestualidad no para. Su verborrea, tampoco. Retiene la atención durante horas donde otros solo alcanzan que oigamos un minuto. La clave: su ácido bocachanclismo construye un todopoderoso vínculo con cada uno de los asistentes. Porque no suelta palabras vende-humo. Porque no se toma demasiado en serio. Porque, sobre todo, juega con la inteligencia de los periodistas.
Si le preguntan que si habrá política en su nuevo programa, él responde: “La política no es una nave nodriza que nos sobrevuela”. Todo es política. Hasta cómo pedimos el pan en la panadería es política. Hasta reivindicarse apolítico es posicionarse políticamente. Y, hasta cuando no hace «política», la actitud de Marc brota de aptitudes progresistas. Incluso en el gesto más mínimo.
Cada frase un titular, pero con reflexión. De la idea más mediática “Soy demócrata y socrático, estoy a favor del diálogo constante, por eso soy antifascista, me chifla hablar con gente que no piensa como yo” al comentario que pasa más desapercibido y explica tanto de valores que se han conseguido borrar de los medios de comunicación: “Me han salvado la vida las entrevistas de promoción”. No lo ratifica como interrogador, lo manifiesta como ciudadano: gracias a las entrevistas promocionales se ha enterado de la cultura que está. Y que no vemos si nadie nos la cuenta bien.
En cambio, las entrevistas de promoción padecen de mala prensa. Se entienden que no son exclusivas, «¡EXCLUSIVA!», y se desconsidera a los invitados, «¡van de aquí para allá con el mismo rollo!». Así no siempre se encuentra demasiados lugares para la promoción en condiciones. Se siente algo poco único. Error, pues no hay dos entrevistas iguales. Al menos, si el entrevistador se prepara la charla desde su mirada propia (de tenerla) y la impregna de su curiosidad hecha creatividad.
“El éxito es que vengan las personas y te contesten. Y es fundamental que los ejecutivos crean en el proyecto, que dialoguen contigo y que sea un diálogo sano. Y luego está el equipo. Hay muchísimo presentador que cae porque no confía en el equipo y tú estás sostenido por el equipo”. Es otra de las grandes reflexiones más silenciosas de Giró. Sin la complicidad de los entornos es más difícil prosperar. Hacemos match con la libertad real cuando nos percatamos de que jamás seremos autosuficientes.
De ahí que Giró tenga recorrido y cale entre tanto impacto audiovisual fugaz que nos rodea. Viene baqueteado de redacciones de la radio, la tele y las revistas. Viene de las escuelas de la redacción de Joana Bonet dirigiendo Marie Claire, de TV3, de El Terrat, de RAC 1… Viene de experiencias profesionales que, inevitablemente, te enseñan a relativizar las excitaciones del éxito que es muy impostor y celebrar las oportunidades que se te presentan. Lo que pinta que, en su caso, le permite disfrutar mejor de las gentes interesantes que se cruza en el camino. En las batallas de la tele, no todos son capaces de ello.
Giró lo logra, con el salvavidas de transmitir estar de vuelta del qué dirán de los de siempre. Los que nos animaban al ‘que no se te note’ y al ‘no habléis tanto de vuestras cosas’. Como si nuestras realidades no fueran también parte esencial de la sociedad. En definitiva, los que querían esconder la diversidad tras las persianas. Con la mofa, el desprecio o el alarido que ponía a personas en el centro de las dianas. La justicia social es justo al revés, y Marc Giró lo subraya: “Los demócratas son los que debemos poner a ellos en el punto de mira”. A los intolerantes, claro.
La contracrónica de la presentación de ‘Cara al show’, que prepara su estreno en La Sexta. (aún sin fecha)
Gran Vía. De Madrid, no De Les Corts catalanes. Marc Giró llega a un hotel, de esos con columnas que imitan a mármol de Carrara. Dentro, espera la prensa de televisión. Todos listos para la presentación de Cara al show, su nuevo late show en La Sexta que pretende preservar todo lo que sembró en Late Xou de TVE. Para qué cambiar un formato justo cuando ha encontrado eso que llaman su estado de gracia. Lo mismo dijo Emilio Aragón, María Teresa Campos y Pablo Motos cuando saltaron de Telecinco a Antena 3. Solo uno no se equivocó, el que venía realmente de Cuatro. La tele es así de imprecisa. Y jamás depende solo de ti mismo. Como la propia vida.
Y empieza la convocatoria. Marc podría haber inventado el emoticono. O, directamente, el gif. Su gestualidad no para. Su verborrea, tampoco. Retiene la atención durante horas donde otros solo alcanzan que oigamos un minuto. La clave: su ácido bocachanclismo construye un todopoderoso vínculo con cada uno de los asistentes. Porque no suelta palabras vende-humo. Porque no se toma demasiado en serio. Porque, sobre todo, juega con la inteligencia de los periodistas.
Si le preguntan que si habrá política en su nuevo programa, él responde: “La política no es una nave nodriza que nos sobrevuela”. Todo es política. Hasta cómo pedimos el pan en la panadería es política. Hasta reivindicarse apolítico es posicionarse políticamente. Y, hasta cuando no parece hacer política, la actitud de Marc delata los valores progresistas. Incluso en el gesto más mínimo.
Cada frase un titular, pero con reflexión. De la idea más mediática “Soy demócrata y socrático, estoy a favor del diálogo constante, por eso soy antifascista, me chifla hablar con gente que no piensa como yo” al comentario que pasa más desapercibido y explica tanto de valores que se han conseguido borrar de los medios de comunicación: “Me han salvado la vida las entrevistas de promoción”. No lo ratifica como interrogador, lo manifiesta como ciudadano: gracias a las entrevistas promocionales se ha enterado de la cultura que está. Y que no vemos si nadie nos la cuenta bien.
En cambio, las entrevistas de promoción padecen de mala prensa. Se entienden que no son exclusivas «¡EXCLUSIVA!» y se desconsidera a los invitados. «¡van de aquí para allá con el mismo rollo!». Así no siempre se encuentra demasiados lugares para la promoción en condiciones. Se siente algo poco único. Error, pues no hay dos entrevistas iguales. Al menos, si el entrevistador se prepara la charla desde su mirada propia (de tenerla) y la impregna de su curiosidad hecha creatividad.
“El éxito es que vengan las personas y te contesten. Y es fundamental que los ejecutivos crean en el proyecto, que dialoguen contigo y que sea un diálogo sano. Y luego está el equipo. Hay muchísimo presentador que cae porque no confía en el equipo y tú estás sostenido por el equipo”. Es otra de las grandes reflexiones más silenciosas de Giró. Sin la complicidad de los entornos es más difícil prosperar. Hacemos match con la libertad real cuando nos percatamos de que jamás seremos autosuficientes.
De ahí que Giró tenga recorrido y cale entre tanto impacto audiovisual fugaz que nos rodea. Viene baqueteado de redacciones de radio, la tele y las revistas. Viene de las escuelas de la redacción de Joana Bonet dirigiendo Marie Claire, de TV3, de El Terrat, de RAC 1… Viene de experiencias profesionales que, inevitablemente, te enseñan a relativizar las excitaciones del éxito que es muy impostor y celebrar las oportunidades que se te presentan. Lo que pinta que, en su caso, le permite disfrutar mejor de las personas interesantes que se cruza en el camino. En las batallas de la tele, no todos son capaces de ello.
Giró lo logra, con el salvavidas de transmitir estar de vuelta del qué dirán de los de siempre. Los que nos animaban al ‘que no se te note’ y al ‘no habléis tantos de vuestras cosas’. Como si nuestras realidades no fueran también parte esencial de la sociedad. En definitiva, los que querían esconder la diversidad tras las persianas. Con la mofa, el desprecio o el alarido que ponía a las personas en la diana opresión. Es justo al revés, y Marc Giró lo subraya: “Los demócratas son los que debemos poner a ellos en el punto de mira”. A los intolerantes, claro.
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